Carmen R. Tenorio [email protected]
Aprovechando el nacimiento de este nuevo año, quisiera reflejar en este escrito algunas de mis consideraciones respecto a la maternidad. Mucho se menciona sobre el valor de una madre, sobre lo que significa serlo, sobre la importante misión que representa, pero también mucho se juzga y se señala a una madre si se comete un error, y se le delega toda la responsabilidad y la culpa. ¿Y el padre?, ¿qué?, bien… ¡gracias! Inclusive la peor ofensa que se puede hacer a una persona es citar a su madre, por muy abnegada y buena que ésta haya sido.
No cabe duda que para muchos el hecho de haber nacido con el sexo masculino es una especie de ventaja, dependiendo de los escasos o abundantes valores morales o de familia que se le hayan inculcado, porque significa que pueden andar por ahí, coqueteando con el mundo y dejando cuantos hijos regados se les antoje, por el hecho de ser ‘hombres’, pues de todos modos el mundo a quien se encarga de tachar de irresponsable es a la mujer, y si víctima de estos coqueteos una madre soltera abandona a su hijo, entonces pasa a llamarse madre desnaturalizada, aunque ella y el hijo de ambos hayan sido abandonados antes por el engendrador, de otra manera no podría llamársele.
A veces me repele escuchar a muchos hombres decir la frase ‘me tienen un hijo’, como rehuyendo de forma subconsciente la responsabilidad, en lugar de decir con orgullo ‘tenemos un hijo’, o aunque sea ‘tengo un hijo’, pues así como para una mujer el ser madre es la bendición más grande, también lo es para un padre.
Me enorgullezco de los padres que tengo y del ejemplo que me han dado y aún me dan, igual me enorgullezco de todas las madres y padres responsables que conozco y desconozco, pues ellos son la esperanza para que mejoremos este mundo.
Es momento de que todos empecemos a cambiar nuestra perspectiva de ver la maternidad como una cuestión de género, la maternidad es de dos, es de la pareja, los hijos son de ambos, no son hijos sólo de la mujer ni sólo del hombre. Mujeres, dejemos de suplicar que los hombres nos ‘ayuden’ con los hijos, pues lo que debemos hacer es reclamar que cumplan con su obligación, sobre todo, empecemos por cambiar nuestra propia mentalidad y eduquemos a nuestros hijas e hijos para que aunque sea en diez o veinte años podamos ver un cambio de actitud.
Somos también producto de nuestros valores, no sólo de nuestro entorno. Un ser humano honrado lo será siempre, aunque nadie lo esté viendo ni juzgando, igualmente un ser humano responsable lo será siempre, aunque nadie se lo obligue. Seamos responsables, eduquemos a nuestros hijos con el ejemplo, seamos fuente de luz en todos los aspectos, en nuestro trabajo, en nuestro hogar, en la calle, con conocidos y desconocidos. No permitamos más paternidad irresponsable. Qué triste es darse cuenta que el primer bebé nacido en este año no tenga padre, pero también es motivo de alegría saber que aunque es una situación que se repite continuamente, también hay muchos niños que nacen con padre y madre y que cada uno de nosotros puede hacer la diferencia.
La autora es Ingeniera en Computación