Clarinada de atención

Carlos Chamorro Coronel He leído con mucha fruición los artículos y cartas de Sergio Ramírez Mercado sobre lo que puedo llamar “el affaire” Guadalajara, que en este momento cobra, en mi opinión, especial relevancia. En cierto sentido su denuncia en la columna de una diario local de la algarada, que en realidad fue sólo eso, […]

Carlos Chamorro Coronel

He leído con mucha fruición los artículos y cartas de Sergio Ramírez Mercado sobre lo que puedo llamar “el affaire” Guadalajara, que en este momento cobra, en mi opinión, especial relevancia. En cierto sentido su denuncia en la columna de una diario local de la algarada, que en realidad fue sólo eso, en el sentido literal de la palabra de origen árabe, por parte de lo que él llama “claque”, es una clarinada de atención.

Lo que me preocupa y hasta me angustia, realmente, sin embargo, es saber si en esa claque estaban intelectuales y escritores de la talla de Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar y Miguel Barnet, entre otros, que él menciona, integrando la delegación oficial cubana porque de ser así, sería sumamente grave para las letras cubanas. Que escritores, poetas y artistas —como Alicia Alonso— e historiadores de tanto prestigio internacional se presten, a estas alturas del juego, a este bochornoso acto, en el ocaso de una época, la fidelista, que fuera en estos tiempos de modernidad y globalización, una especie de siniestro doctor Francia paraguayo, que mantuvo aherrojado e impenetrablemente aislado a su país, sería realmente vergonzoso amén de perverso e infamante. Lo siento, sobre todo por ellos, porque en este caso la historia, la nuestra latinoamericana, que incluye también —y como no— pese a todos los esfuerzos en contrario de los sicarios, a disidentes como Cabrera Infante, en mi opinión, la más vibrante y vital pluma de nuestra lengua, al menos como ensayista, y tantos otros dentro y fuera de la isla como si la isla fuera sólo eso, un accidente geográfico en forma de lagarto azotado por huracanes a 90 millas marinas de Cayo Hueso, y no la Ínsula barataria de los sueños de libertad de sus mejores hijos.

Su denuncia es una clarinada que ha sonado en todo el continente como las trompetas de Jericó en el Antiguo Testamento que derribaron los muros de la ciudad. O como la trompeta del Ángel que anuncia el Juicio Final para un régimen que ha prolongado excesivamente su penosísima existencia.  

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