- La postura dura de Sharon y los atentados de extremistas palestinos alejaron posibilidades de arreglo este año
Carmen Postigo
Jerusalén/EFE.-Tierra Santa despide el año con los peores augurios para 2003, con los territorios palestinos ocupados por el Ejército de Israel muy en armonía con el adiós a los acuerdos de paz de Oslo de 1993, sepultados verbal y prácticamente por el primer ministro israelí, Ariel Sharon.
La muy probable reelección del ultraderechista primer ministro israelí en el próximo mes de enero, renovará en sus puestos a los protagonistas del año que acaba.
Un Sharon fortalecido por el apoyo incondicional de Washington y la derrota política de Yaser Arafat, marginado y confinado aunque impasible ante la exigencia de Israel y EE.UU. a que renuncie a la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
Una serie de atentados suicidas palestinos, que causaron la muerte de decenas de israelíes, llevaron a Sharon a mantener a Arafat recluido en sus oficinas de Ramala durante todo el 2002.
Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y la lucha de EE.UU. contra el llamado “eje del mal” brindaron a Sharon la oportunidad de criminalizar a su enemigo acérrimo Arafat, emprender la destrucción sistemática de la ANP y ocupar y fragmentar los territorios palestinos de forma que la creación del Estado Palestino quede —según los analistas— en pura quimera.
Durante el primer trimestre se barajó la posibilidad de un plan de paz saudí que exigía la retirada de Israel a las fronteras de 1967, el desmantelamiento de los asentamientos judíos y la creación de un Estado Palestino, con capital en Jerusalén Este, a cambio de un reconocimiento del mundo árabe del Estado judío.
Un plan que Sharon nunca consideró a pesar de que la izquierda israelí le acusó de abortar todo esfuerzo internacional para reanudar los contactos con la ANP y volver a las negociaciones de paz.
Por su parte, las facciones armadas palestinas, como Hamas y la Yihad Islámica, intensificaron en una escalada sin precedentes los letales atentados mediante bombas humanas contra objetivos civiles israelíes.
Y fue el perpetrado en un hotel de Netanya, el 27 de marzo, con una treintena de muertos israelíes, el que decidió a Sharon a lanzar una durísima y decisiva campaña militar contra Cisjordania.
Operación “Muro” fin del estado palestino
La denominada por Israel operación “Muro de Defensa”, que comenzó el 29 de marzo y se prolongó hasta bien adentrado el mes de mayo, significó el fin del embrión del Estado Palestino tras la destrucción física de la mayoría de las infraestructuras de la ANP. Hasta los registros de propiedad de la tierra y los expedientes universitarios fueron expoliados.
Las ciudades palestinas de Ramala, Tulkarem, Belén, Jenín, Kalkilia y Naplusa fueron ocupadas militarmente y su población severamente castigada con toques de queda, registros, derribos de viviendas, detenciones masivas y ataques indiscriminados contra civiles, que causaron más de 300 muertos y miles de heridos sólo en el mes abril.
Queda por aclarar la actuación del Ejército en el campo de refugiados de Jenín, con más de 50 muertos palestinos y 23 soldados israelíes y la voladura de unas 250 viviendas por la que Amnistía Internacional ha culpado al actual ministro de Defensa, Shaúl Mofaz, de crímenes de guerra.
Las imágenes televisadas de los 39 días de asedio israelí a la Basílica de la Natividad de Belén, en la que 200 palestinos se refugiaron ante el avance de los tanques israelíes, obligaron a intervenir a la comunidad internacional.
Si Israel consiguió que Naciones Unidas diera marcha atrás en su intención de investigar lo acaecido en Jenín, en Belén tuvo que avenirse a retirase de la Natividad tras arduas negociaciones, en especial, del enviado de la UE a Oriente Medio, el español Miguel Angel Moratinos, tras acordar el traslado de 13 palestinos a diferentes puntos de Europa y de otros 26 a la Franja de Gaza.
El año 2002 se despide con una renovada ocupación de los territorios palestinos de Cisjordania y con constantes incursiones del Ejército en la Franja de Gaza, circunstancias que parecen haber reforzado la determinación de las facciones armadas palestinas de continuar los ataques no sólo contra los asentamientos judíos, sino también en el interior de Israel.
Por ello, Israel continúa la construcción de un “muro de seguridad” de 360 kilómetros que le separe físicamente de Cisjordania.
Con unos 440 muertos israelíes y más de 1,200 palestinos en el año que termina, 2003 no se presenta más halagüeño ante la posibilidad de que EE.UU. bombardee Irak, momento en que Israel podrá actuar “con mayor firmeza ante el terrorismo” tal y como se lo ha prometido a Sharón el presidente George W. Bush.