- Los Dodgers, perdieron a Clemente
Edgard Tijerino [email protected]
Hay equivocaciones que en un principio parecen intrascendentes, pero finalmente resultan catastróficas. Por ejemplo vender un terreno, justo una semana antes que descubran que hay petróleo en él. O comprar acciones en la antesala del estallido de una crisis en la bolsa de valores.
Al Campanis y los Dodgers conocen ese tipo de frustración. Ellos perdieron a Roberto Clemente antes de que conectara el primero de sus 3 mil hits y se proyectara hasta convertirse en un súper-estrella.
Lo más dramático del caso es que tanto Campanis como los Dodgers sabían que “ese pozo” contenía suficiente petróleo y ensayaron sus mejores esfuerzos tratando de mantenerlo oculto.
Sin embargo, el astuto scout Clyde Sukeforth se les metió por la puerta trasera y sacó a Clemente del closet para entregárselo a los Piratas de Pittsburgh el 22 de noviembre de 1954.
NO HABÍA SITIO
“¿Dónde diablos íbamos a colocar a Clemente en un outfield integrado por Jackie Robinson, Duke Sinder y Carl Furillo? Por supuesto que conocíamos su potencial, pero en nuestra pujante organización, abundante en prospectos de envergadura, no era el momento de Clemente”, dijo más adelante Campanis frente a dedos acusadores y miradas inquisidoras.
Los Dodgers firmaron a Clemente en 1953 por una bonificación de 10 mil dólares, cifra espectacular en aquellos tiempos, y se vieron afectados por una cláusula no previsible como mortífera: cualquier equipo que firmara a un jugador por más de 4 mil dólares, está obligado a mantenerlo en su roster de Ligas Mayores o arriesgarse a perderlo en los drafts, es decir la escogencia de prospectos de Ligas Menores.
Con los Reales de Montreal en Triple A, ese equipo que era una especie de flamante vitrina del futuro de los Dodgers, Clemente comenzó a mostrar su potencial a los 18 años mientras quebraba los esquemas sobre el adecuado parado en el cajón de bateo enloqueciendo a los adiestradores.
MISIÓN IMPOSIBLE
El manager de Montreal, Max Macon, recibió una orden de la gerencia de los Dodgers, hay que mantener oculto el talento de Clemente. El problema era… ¿Cómo lograrlo frente al asedio de los vigilantes de otros equipos? La proyección de la brillantez de Clemente era algo fácilmente perceptible, aún para scouts no tan sagaces.
El timonel Macon, espoleado por la desesperación, recurrió a ciertas ridiculeces que funcionaron como boomerang en perjuicio de las intenciones de los Dodgers. Enviar un emergente por Clemente con las bases llenas, fue algo tan absurdo que la capacidad de Macon quedó en entredicho durante uno de los juegos en que los Reales defendían su permanencia en los primeros lugares. Peor todavía fue borrarlo del line up en otro partido después de haber conectado doble y triple, además de un impresionante escopetazo desde los bosques para fulminar a un corredor en tercera. El colmo fue declarar afectado en su condición física para poder sentarlo en los últimos 25 juegos de Montreal.
El joven pelotero boricua quedó desconcertado y exigió —con esa rebeldía natural que siempre lo caracterizó— una explicación consistente.
Bill Christine en su famoso libro sobre Roberto, relata que el pelotero le dijo a Campanis: “Quiero irme a casa. Sé que puedo jugar mejor que mucho de los que están en el line up y no me incluyen… ¿ por qué no me usan?
¿Confías en mí?, le preguntó Campanis. Clemente le respondió afirmativamente y el hombre clave en la administración de los Dodgers para las Ligas Menores, le aseguró: “Créeme, todo estará bien”.
ASTUCIA Y PERSEVERANCIA
Pero el scout de los Piratas, Clyde Sukeforth, astuto y perseverante, plenamente convencido de lo que significaba atrapar a un futuro estrella dentro del cascarón, nunca lo perdió de vista, y mientras los de Pittsburgh perdían hasta el parche del ojo en aquella terrible campaña de 1954 terminaron sepultados en el último lugar con balance de 53-101, Sukerforth advirtió con claridad: “Nuestra primera escogencia será Roberto Clemente”.
El 22 de noviembre de ese año, durante las reuniones efectuadas en Nueva York, esa opción y 4 mil dólares, trajeron a Clemente a los Piratas de Pittsburgh.
No fue una noticia de gran persecución. Un murmullo apenas en la lista de adquisiciones, pero 18 años después, la equivocación de los Dodgers pertenece al grupo de decisiones catastróficas en el béisbol de las mayores.
Encontrarle sitio a Clemente en un outfield por el que desfilaron 13 hombres durante la temporada regular del 54 y en el cual los más confiables eran Dick May, Frank Thomas —nada que ver con el actual— y Jerry Lynch, fue fácil para el manager Fred Haney.
AL SUAVE
La presentación de credenciales que hizo Clemente en un equipo que no pudo salir del hoyo durante 1955, estuvo muy distante de ser calificada de impactante. Su primer hit fue dentro del cuadro contra el zurdo de los Dodgers, Jonny Podres y 118 juegos más tarde terminó registrando 255 puntos con 5 jonrones y 47 empujadas y sólo 18 bases por bolas conseguidas mientras se ponchaba 60 veces.
Bill Virdon de los Cardenales de San Luis fue nombrado por unanimidad como el Novato del Año en la Liga Nacional, mientras el espectacular zurdo Herb Score, lograba la distinción en la Liga Americana. Clemente no pudo meter las narices. Su despegue como big leaguer fue tan suave como vuelo de paloma. El gavilán ruidoso aparecería más tarde.
En 1956, justo el año en que se inicio el béisbol profesional en Nicaragua, Clemente dio su primer salto hacia el estrellato con .311 puntos y 60 remolques. Los Piratas aprovecharon para salir del último lugar.