Rusia rechaza despliegue de escudo antimisil de EE.UU.

El Kremlin teme que el paraguas nuclear sea contra Rusia Juan Antonio Sanz Moscú/EFE.-Moscú lamentó ayer la decisión de Estados Unidos de desplegar a partir del 2004 su sistema nacional antimisiles y manifestó sus sospechas de que el escudo nuclear pueda estar dirigido contra Rusia, pese a sus nuevos lazos con Washington. Aunque era esperada, […]

  • El Kremlin teme que el paraguas nuclear sea contra Rusia

Juan Antonio Sanz

Moscú/EFE.-Moscú lamentó ayer la decisión de Estados Unidos de desplegar a partir del 2004 su sistema nacional antimisiles y manifestó sus sospechas de que el escudo nuclear pueda estar dirigido contra Rusia, pese a sus nuevos lazos con Washington.

Aunque era esperada, la orden del presidente de EE.UU., George Bush, de comenzar la instalación de misiles capaces de derribar cohetes nucleares de gran alcance, ha causado malestar en Rusia, incapaz de emprender medidas similares por falta de medios.

El Ministerio de Exteriores ruso lamentó que se hayan olvidado “los principios del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM)”, firmado en 1972 por Moscú y Washington y que prohibía iniciativas como la de Bush.

Bush indicó que el despliegue de los diez primeros misiles interceptores se instalará en el 2004 en Alaska y otra decena entrará en operatividad entre el 2005 y el 2006.

Este anuncio se produjo un año después de que EE.UU. abandonara el ABM, calificado como “piedra angular” del desarme mundial por Rusia, pero “un instrumento obsoleto” de la Guerra Fría por Washington.

Entonces, las protestas rusas se vieron acalladas por las promesas de EE.UU. de un nuevo tratado de desarme nuclear (que permitiría a Moscú librarse de misiles obsoletos y muy caros de mantener) y por los efectos de los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Tres meses después, cuando EE.UU. renunció al ABM, Moscú ya había cerrado filas junto a Washington en la lucha antiterrorista y la creación del escudo nuclear norteamericano había pasado a segundo plano.

En mayo del 2002, Rusia y EE.UU. firmaban el tratado de Moscú, que reducía a un tercio ambos arsenales atómicos; y abría una nueva era de relaciones.

Pero aunque las declaraciones de amistad se sucedieron desde entonces, no han sido suficientes para apagar los recelos rusos ante el paraguas nuclear norteamericano y, tras el anuncio de Bush, las dudas volvieron a aflorar.

El ministro de Exteriores ruso, Igor Ivanov, exigió en Tokio que el escudo nuclear “no dañe los intereses de la seguridad de Rusia y otros Estados, ni dé el pistoletazo a una carrera de armamentos”.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí