Israel vive a pesar del terrorismo

Miguel Chamorro [email protected]

Antes de mi estadía en Israel con la Fundación para la Defensa de la Democracia, me imaginaba la sociedad israelita y al pueblo judío asidos a un fervor religioso que convertían en amor patrio; un pueblo cuya democracia gira alrededor de la seguridad nacional y nada más. Pero en vez de ver por doquier a las personas vestidas de verde olivo o judíos con trajes ortodoxos, miré gente normal. Claro que Tel Aviv, ciudad costanera no muy diferente a Miami, es más liberal que Jerusalén. Pero, si no fuese por la lengua hebrea, pensaría que estoy a un año luz del país azotado por el terrorismo.

Pasearse por Tel Aviv es placentero. Minutos al sur está la antigua ciudad pesquera de Jaffa, donde fui a cenar al aire libre. El dueño dio un buen descuento porque se trata de un grupo. Igual fue el tratamiento en un restaurante italiano en Jerusalén. Y cuando pasaba por el mercado era como si estuviese en el “Huembes”. Los vendedores, al ver extranjeros “cheles” (blancos, rubios) hacían un show. Sin un guía local hubieran engañado a los miembros del grupo; pero congratulaban a quienes les compraban, por llegar a Israel.

Me fue también fácil notar lo bellas que son las mujeres. Como el retorno de la Diáspora trajo a Israel gente de todos lados del mundo, hay israelitas para todos los gustos. Lo curioso es que pocas eran de mi edad (20); y la razón es que las israelitas, al igual que los hombres, entran al ejército justo al graduarse de secundaria y sirven por un año y nueve meses; mientras que los hombres lo hacen durante tres años. Quizás por esto es que no tuve “suerte”… Las que miraba eran muy jóvenes o mayores, o estrictamente religiosas, lo que las permite ser excluidas por ley del servicio militar.

Muchos aspectos de Israel asombran al extranjero; mas no sólo israelitas viven allá. Tuve la gran fortuna —¡quién se hubiera imaginado!— de reunirme con un nicaragüense, don Edgar Vargas, quien vive a pocos minutos de Tel Aviv, en Herzliya. Y es que, a pesar del terrorismo, Israel sigue siendo un país de oportunidades. Tampoco muere la esperanza de la paz. Si en algo funciona el terrorismo, es en distraer al público de otras realidades más placenteras que no se ven en televisión. Cerca del Líbano está la pintoresca ciudad drusa de P’kin, donde cristianos, rusos, judíos y musulmanes siguen siendo vecinos como lo han sido desde hace siglos…

El autor es estudiante nicaragüense de ciencias políticas en la Universidad de Vi0llanova, en Pensilvania.  

Editorial
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