Angie Sandoval
Hace unos años le dije a mi mejor amigo, nicaragüense, que ser de su país era un trabajo a tiempo completo. Él se rió y me preguntó por qué. Mi respuesta fue que el nicaragüense debe luchar no sólo para salir adelante como cualquier otro ser humano, sino que también debe hacerle frente a desastres naturales de gran magnitud y adicionalmente debe lidiar con el flagelo de sus gobernantes.
Mi trabajo de corresponsal de prensa en Nicaragua desde la década de los ochenta me ha permitido ser testigo de esta realidad, que no se limita a los nicaragüenses sino que se extiende a los extranjeros que nos enfrentamos a un “trabajo a tiempo completo” para tratar de ayudar a Nicaragua.
No es porque sea difícil encontrar a quienes necesitan ayuda… en Nicaragua tristemente la necesidad y la miseria te pegan en la cara apenas sales del aeropuerto. En cada barrio, en cada semáforo uno se topa con oportunidades de ayudar. El problema es que la burocracia y la indiferencia gubernamentales hacen del querer ayudar, una misión tan difícil como “cruzar el Niágara en bicicleta”,como dice la canción de Juan Luis Guerra.
El año pasado, el Comité de Ayuda a Nicaragua de la Iglesia Episcopal Saint Philips, en Miami, inauguró después de mucho sacrificio una escuela de cuatro aulas en Wana (una comunidad rural ubicada a unos 30 minutos de Quilalí). La obra se logró con donaciones privadas de estadounidenses y con la asistencia de la Cooperativa Conor-380. La escuela está equipada con pizarras, pupitres de primera y fue construida al lado de la comunidad, y puede servir de colegio para niños y adultos. Sin embargo, aunque no lo crean, la escuela no está funcionando… y su futuro es incierto.
El presidente de la Cooperativa, licenciado Salvador Talavera, ha tratado de que el Ministerio de Educación envíe maestros a esa escuela , y por mi parte, desde Miami llevo meses haciendo lo mismo.
Mi desesperación y mi incansable optimismo me han llevado hasta a hablar con el presidente Enrique Bolaños y con su asistente, Avil Ramírez, durante su última visita a Miami. El primer mandatario escuchó atentamente mi petición, me respondió que estaba agradecido y haría lo imposible por ayudarme. Cabe destacar que era ayudar a su país y a su gente.
El señor Avil Ramírez fue cortés y me prometió que gestionaría con el ministro de Educación, Lic. Silvio de Franco, y me dijo que lo diera “por hecho”.
Con una sonrisa en los labios y en el alma me retiré de la fiesta… las caritas de mis 150 niños de Wana pasaban por mi mente como una película. Había logrado mi objetivo y el de ellos también. Sin embargo, varios meses han pasado desde esa promesa y el “dalo por hecho” cada día me suena más a “promesa de político”, esas que desgraciadamente los nicaragüenses conocen muy bien.
Muchos dirán que el Presidente y su Gabinete están muy ocupados por la difícil situación actual. Pero será que soy ingenua, que las historias que he cubierto no me han podido cambiar, pero no entiendo… un país con tanta necesidad ¿Cómo puede darle la espalda a personas que quieren ayudar sin esperar nada a cambio?… Me pregunto ¿será quizás que el gobierno no está acostumbrado a gente como yo?
Con todo respeto le digo al señor Presidente que soy una persona común y corriente como millones en su país… mis sueños son los mismos que los de su mujer de servicio, que si le pregunta quisiera poder educar a sus hijos y darles una mejor vida de la que ella tiene… mis sueños son iguales que de cualquier mujer campesina de Quilalí, que aunque no sepa leer ni escribir sabe que la educación es la única manera de evitar el hambre y la miseria de espíritu.
Desafortunadamente, el Presidente y el Ministro de Educación están destruyendo el sueño de cientos de familias en el Norte del país. Lo más triste es que al hacerlo, se están traicionando a ellos mismos y las promesas que hicieron cuando asumieron sus cargos. Su desinterés en ocuparse de que cuatro maestros trabajen en la escuela San Felipe de Wana, es un error que todos pagan.
Aún espero que lo sucedido, que la falta de acción, sea un acto inconsciente y que servirle a su pueblo… a quienes los eligieron, se convierta en su prioridad.
La autora es periodista estadounidense,
miembro del Comité de Acción Social
Iglesia Episcopal Saint Philips,
Coral Gables, Florida