León Núñez
Dicen que el Incae puso tan de moda la palabra “escenario” que se ha convertido en la palabra más utilizada en nuestro lenguaje político. Cuando en Nicaragua se habla de política no hay quien no presente con un aire de figureo intelectual uno o varios “escenarios”.
En este país las opiniones imaginativamente escénicas son las manifestaciones más frecuentes del espíritu decorativo de los políticos nicaragüenses. Se trata de un proceso político de teatralización de las “opiniones”, proceso que podría culminar con la sustitución de la libertad de pensar —de opinar— por la libertad de “escenificar”.
Este fenómeno “escenográfico” lo podemos observar fácilmente en las conversaciones políticas, inclusive en las disertaciones académicamente “serias”, en las cuales se suelen escuchar expresiones tales como: “veamos este escenario”, “pongamos otro escenario”, “ese escenario es interesante”, “yo creo que ese escenario es el correcto”, “no creo que sea posible ese escenario”, “yo no estoy de acuerdo con ese escenario”, “hay que buscar otros escenarios”, etc.
En una entrevista televisada de un analista político, conté que el entrevistado había empleado cuarentidós veces la palabra “escenario”, lo cual es explicable porque en Nicaragua la dialéctica del escenario forma parte del ornamento lingüístico del político que se esfuerza por dar la apariencia de ser una persona inteligente, brillante; de ser una verdadera lumbrera política.
Sobre el tema de la lucha contra la corrupción —el tema del que más se ha hablado en este país— yo escuché a algunos políticos planteando hasta cinco “escenarios”, en los que intervenía siempre —en el reparto teatral— don Arnoldo, como uno de los actores principales, junto con algunos actores secundarios.
En un primer “escenario” vimos a don Arnoldo de embajador en Lisboa; en un segundo “escenario” lo vimos bañándose en las playas dominicanas; en un tercer “escenario” lo vimos residiendo en Guatemala dedicado a sus labores de diputado del Parlacen; en un cuarto “escenario” lo vimos “un poco retiradón” de la Asamblea Nacional, realizando con “perfil bajo” actividades políticas por todo el territorio nacional en aras de su candidatura presidencial para las elecciones del año dos mil seis y no fue sino hasta en el quinto “escenario” cuando lo vimos desaforado y en la cárcel, “escenario” que para muchos era el que tenía menos posibilidades de concretarse.
Lo importante de la teoría de los “escenarios” es que no da lugar a equivocación porque si uno plantea varios “escenarios”, es difícil equivocarse, porque con cualquiera de ellos la “pega”. Frases como la de que “yo ya había previsto ese escenario” se suelen escuchar con frecuencia en reuniones políticas.
Ahora que supuestamente el doctor Alemán fue echado del “escenario” político nacional, se empieza a hablar de otros “escenarios”, pero todos relacionados con la sucesión del liderazgo político de don Arnoldo, sucesión que cobra actualmente gran importancia escénica porque será la que va a determinar la próxima candidatura presidencial del PLC, es decir, la que va a determinar quién va a ser el candidato liberal que se va a enfrentar a don Daniel en el “escenario” de las próximas elecciones presidenciales.
A manera de paréntesis es importante señalar que en Nicaragua el único “escenario” que no cambia es el “escenario” en donde siempre aparece don Daniel de candidato presidencial del Frente Sandinista, “escenario” ahora reforzado con el slogan de que “si Lula ganó, Daniel ganará”.
¿Con quién don Daniel va a disputar la Presidencia de la República en las próximas elecciones? Sea cual fuere su contrincante, la ventaja de don Daniel es considerable porque en el teatro político del año dos mil dos no sólo fue el mejor actor —superior a Sir Lawrence Olivier interpretando obras políticas de Shakespeare— sino que también fue el mejor director.
Para enfrentarse a don Daniel ya empiezan a proyectarse varios “escenarios”. Podría decirse que dentro del liberalismo ya existe una inflación política de “escenarios”. Eduardo Montealegre, José Antonio Alvarado, José Rizo y Wilfredo Navarro tienen, cada uno, su correspondiente “escenario”.
Sin embargo, no faltan quienes consideren que el mejor “escenario” para el liberalismo de cara a la próxima contienda electoral es aquel “escenario” en el que aparece de candidato a la Presidencia de la República don Pedro Joaquín Ríos y de candidato a la Vicepresidencia el doctor Luis Benavides. Los que defienden este “escenario” estiman que esta fórmula es la única capaz de derrotar a don Daniel.
Yo no conozco a don Pedro Joaquín pero los que lo conocen me han dicho que tiene un extraordinario dominio escénico; que tiene un carisma popularmente electrizante y que cuando habla a las multitudes lo hace con ese acento, con ese tono de voz, con ese deje churchiliano con el que Sir Winston Churchill conmovió a los británicos durante la Segunda Guerra Mundial. De todas maneras el tiempo va a ser el que nos va a decir el “escenario” que prevalecerá.
Tal como están las cosas, todo parece indicar que los “escenarios” seguirán de moda en nuestro lenguaje político, y yo creo que seguirán de moda mientras no se descubra la medicina que cure este síndrome incaísta de figureo intelectual que desde hace tiempo viene padeciendo la clase política nicaragüense.
El autor es abogado, escritor y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.