- El mandatario venezolano insiste en no convocar a elecciones anticipadas y que se debe esperar a la mitad de su período en agosto de 2003,para un referendo revocatorio, tal como señala la Constitución. Pero admite que su “retórica incendiaria ayudó a potenciar una fuerza opositora”, y afirma, contradictoriamente, que “no soy un jefe de Estado, sólo cumplo las funciones de uno”
LA PRENSA GRÁFICA
CARACAS.- El presidente venezolano recibió el domingo por la noche a cuatro periodistas en el sector residencial del Palacio de Miraflores, en Caracas. En la conversación, que se extendió por casi tres horas, además de LA PRENSA GRÁFICA, de El Salvador, estuvieron presentes una periodista del diario francés “Le Monde”; un colega del semanario “Nouvel Observateur”, también francés, y un español de “La Voz de Galicia”.
Sereno, y tomándose su tiempo para cada respuesta, entre tazas y tazas de café y cigarrillos, Chávez habló de su pasado, su presente y su futuro; de la oposición y las marchas callejeras, y de las opciones para salir de la crisis que atraviesa su país. El mandatario no rehuyó a temas espinosos como su discurso incendiario, sus errores, o las últimas declaraciones emanadas de Washington. Ésta fue nuestra conversación.
¿Cómo ve su papel en la historia de Venezuela?
Yo prefiero despersonalizar el rol histórico. Yo creo que los individuos no tenemos un rol histórico. Lincoln fue Lincoln por el contexto que lo rodeó, por la época, por la masa, por el colectivo. Bolívar fue “El Libertador” por el contexto, por el pueblo y el ejército que lo siguió. Los individuos no hacemos la historia, sino los pueblos. Bolívar lo dijo en su discurso de angostura: “Apenas soy una débil paja arrastrada por un huracán revolucionario”. Chávez es producto de su época, de sus circunstancias. Claro, a mí me corresponde en estos años, hasta que Dios quiera, asumir un rol de liderazgo, pero no soy el único. No soy el líder, soy un líder. Hemos conformado una masa crítica, un liderazgo, una idea que va avanzando.
Pero usted habla mucho de individuos, de Bolívar y Zaratustra. ¿No será que es usted quien está incendiando el llano?
Sí, aquello de Zaratustra, de prender el llano. Cristo prendió el llano. Pero lo prendió porque había condiciones para prenderlo. Zaratustra también; igual Bolívar, igual este humilde soldado. ¿Qué iba a pensar yo que iba a ser presidente? Yo tenía tres sueños. Primero quise ser pintor. Después quise ser beisbolista de grandes ligas, y luché por ese sueño, y todavía juego, hasta ponché a Fidel (ríe), mi mayor logro, ponchar a Fidel a los 75 años. Me hice militar por seguir en la búsqueda de ese sueño.
Mi plan era pasar un año de cadete, conocer Caracas, pedir mi baja militar y quedarme jugando béisbol. Pero me gustó ser soldado. Y ése fue mi tercer sueño, y me conseguí a Bolívar, y a Mao, aquello de que el pueblo es al ejército como el agua al pez. Pero incluso cuando hicimos la rebelión de 1992 jamás pensé en ser presidente. Mi rol ha sido sólo generar un proceso que estaba contenido, reprimido.
¿Usted se ve como un prócer de Venezuela?
No, jamás. Algunos me ven como un diablo. Otros me pudieran ver como un prócer. A mí me espantaba el mito Chávez. En prisión empecé a ver el mito, ahí me llegó un billete, en el que alguien colocó mi rostro al lado de Bolívar, y no me pareció correcto. En otra ocasión alguien escribió: “Chávez nuestro que estás en la cárcel, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu pueblo”, y a mí me preocupaba mucho eso pero era el pueblo clamando, y se comenzó a formar el mito. Aristóteles dice que todo mito tiene un núcleo de verdad, y yo dije no voy a destruir el mito, pero voy a ayudar a transformarlo en fuerza completa. Vamos a construir, pero no me siento ni me sentiría jamás un prócer.
¿De qué se arrepiente Chávez?
De haber confiado en exceso en algunos individuos, de haberles delegado funciones clave y estratégicas y no fui capaz de apreciar la verdadera naturaleza de sus intenciones. Se aprovecharon durante uno o dos años.
Por ejemplo en el Tribunal Supremo de Justicia, adonde llegaron magistrados que tomaron decisiones contrarias al derecho como exculpar a los golpistas. Esos magistrados fueron manipulados por antiguos compañeros míos de gobierno. Este señor (Carlos) Ortega (líder sindical) debería estar preso, este señor (Carlos) Fernández (líder de la empresarial Fedecámaras) debería estar preso, y no hubiera ocurrido lo que está ocurriendo.
¿Por qué lograron reagruparse tan rápido para dar el zarpazo nuevamente? Por la impunidad en este país. Y por supuesto que toda la vida me arrepentiré de haber cometido esos errores. El caso de Luis Miquilena, por ejemplo, que yo siempre lo vi como a mi padre y hoy lo vemos en las filas de la oposición.
Algunos dicen que lo dejaron porque se volvió sectario, por su retórica que iba más allá del proyecto bolivariano.
Sí, hay quienes dicen eso. Esta lucha no es nueva para mí. Ya los medios se habían volcado todos contra mí cuando salí de la cárcel. Me inventaban de todo. Entonces Chávez tuvo que armarse de coraje y enfrentarse contra viento y marea. Pero yo creo que en promedio mi discurso se compagina con mi acción, si no no estaría aquí, que sigo aquí por la decisión de un pueblo, una vez, dos y tres veces. Si fuese sólo retórica mis adversarios no me harían caso. Dirían sólo: “Dejen ese loco que hable”, pero tiene impacto en la realidad. No sería atacado por todo este golpismo. A veces he sido muy duro, y he tenido que pedir perdón, pero generalmente freno este impulso vital, este fuego. Antes era más incendiario, ahora el tono es conciliatorio. Cuando regresé dije que he venido dispuesto a rectificar, pero muchos debemos rectificar.
Tal vez ese discurso incendiario fue alimentando la creación de una masa opositora…
Sí, creo que sí. Yo he estado viendo videos de hace año y medio, y creo que ese discurso ayudó a potenciar una fuerza opositora. Claro que ese discurso lo hacía en campaña electoral, en el año 2000, discurso para llevar adelante la Constitución, que hoy cumple tres años. Muchas veces los discursos fuertes eran respuesta necesaria para potenciar también las fuerzas.
¿Le corresponde a un jefe de Estado hacer llamados a manifestaciones callejeras?
Lo que pasa es que en el más estricto sentido del término yo no soy un jefe de Estado, sólo estoy cumpliendo las funciones de un jefe de Estado. Ahora, yo sí soy un líder. Y una de mis responsabilidades es alimentar a mis seguidores, sobre todo cuando hay en el aire tanta desinformación que puede confundir a mucha gente. De cuando en cuando me corresponde lanzar líneas orientadoras de una estrategia, en este caso de movilización popular. Ellos normalmente están preguntando qué dice Chávez, cuál es las estrategia para esta semana.
Y nunca pensó que esas líneas estratégicas podían estar enviando también mensajes de intolerancia.
Mi discurso sólo puede ser calificado de incendiario en un mínimo porcentaje. Si le aplicas un promedio, estoy seguro que encontrarás un fuerte componente de llamados a la paz, al entendimiento, a la reconciliación, a asumir una constitución. Yo no soy el que todos los días arenga a las masas para salir a las calles, sólo en situaciones extraordinarias como ésta, en la que yo no puedo quedarme de brazos cruzados.
¿No cree que hay intolerancia en las calles?
Sí, por supuesto que hay intolerancia. Pero no podemos decir que soy yo el generador.
¿Y quién?
Bueno, yo creo que hay intolerancia pero también creo que hay altos grados de tolerancia. Si no creo que ya estaríamos en guerra. Yo mismo he dado ejemplos de tolerancia. Un presidente en la historia venezolana que haya sido denigrado, al que le hayan faltado tanto al respeto públicamente, que haya sido acusado, apuñalado, atropellado con mentiras, yo creo que no hay otro en la historia. Incluso hay gente que me acusa de ser demasiado tolerante. Yo creo que hoy en día los grados de intolerancia no están en el pueblo pobre, en las clases más privilegiadas. Algunos no me toleran porque no me parezco a ellos, dicen que soy el mono, que soy negro, que soy feo, que soy un campesino, que no hablo inglés, intolerancia a la Constitución, a las leyes. Alientan el racismo, alientan la violencia.
Usted es el presidente, y dijo que gobernaría para todos. ¿Cómo piensa satisfacer las demandas de esa parte de la población que marcha en su contra?.
Mira, para esa gente estamos gobernando. Eso es garantizar los servicios públicos, la paz, la alimentación, a pesar de que los dirigentes de esas personas están tratando de quitarle los servicios públicos a ellos mismos, de causar problemas en el suministro eléctrico, de combustible. Nosotros estamos gobernando para garantizarles a ellos también la educación de sus hijos, una Navidad en paz y en calma. Ahora, en cuanto a sus requerimientos políticos, si ellos dicen: “Chávez, vete ya”, yo les digo no, yo no me voy ya. Porque por otro lado hay millones que dicen: “Chávez, no te vayas”, y en una democracia la mayoría es la que elige.
Y ¿qué escenarios hay para salir de esto? ¿Una guerra civil? ¿Elecciones?
Yo creo que no habrá aquí una guerra civil, aquí ha habido marchas simultáneas y se han cruzado, cientos de miles por un lado y cientos de miles por el otro, y no ha habido violencia. Yo sí creo que hay un factor potencial que pudiera generar una guerra civil, y se trata de mí mismo, de que si por alguna razón se hiciese realidad la tesis del magnicidio eso sí podría detonar una guerra civil, entonces me cuido mucho. Lo demás, lo que ustedes han visto, no tiene la fuerza para generar una guerra civil.
Entonces, ¿habrá referéndum revocatorio en agosto de 2003?
¿Referéndum para el 2003? Yo creo que sí, es lo que yo les recomiendo a ellos, lo que establece la Constitución. Yo estaría recolectando firmas, pero firmas de verdad, no clonadas. Fortaleciendo la alianza política opositora, planteando sobre todo un proyecto alternativo, porque la gente está consciente de que éste es un proyecto. El pueblo defiende el proyecto. El pueblo salió el 13 de abril con esta Constitución en alto. Yo creo que así vamos, y es el camino ideal porque es el que establece la Constitución. ¿Está usted de acuerdo con que Chávez siga siendo presidente? Y que la gente conteste.
¿Por qué no aceptar ya elecciones anticipadas para salir de la crisis?
En primer lugar, porque no está previsto en la Constitución. Unas elecciones ya sería romper con la Constitución.
Pero se puede enmendar, ¿no? Dicen que a grandes males grandes remedios.
La Constitución puede ser reformada, pero plantear en Venezuela elecciones sólo pudiera hacerse con un golpe de Estado como lo intentaron antes. Pero reformar la Constitución para anticipar elecciones implica primero ir a la Asamblea Nacional, y ahí tiene que haber un debate que seguramente se abrirá a un debate público, y no se sabe cuántos meses puede durar. Luego viene una votación en la Asamblea, y se puede reformar, o enmendar que es más fácil. Entonces eso tiene que ir a un referéndum, lo cual implica una campaña electoral por el sí o por el no, y el pueblo es el único que puede aprobarlo. Supongamos que el pueblo diga sí, pues ya estamos en septiembre.
Y si es tan clara la situación para el Gobierno y para la oposición, ¿para qué sirve una mesa de negociación? Usted no mencionó esa mesa en seis horas de programa.
Eso no implica que no le dé importancia, yo he asignado al vicepresidente y al canciller a esa mesa, y ahí hay un esfuerzo gigantesco, ahí hay tres temas muy importantes: el tema electoral, el tema del desarme de la población civil y el tema de la Comisión de la Verdad para que investigue a fondo qué pasó. Nosotros hemos propuesto que los debates que ahí se dan sean transmitidos en vivo, pero los medios y la oposición no han querido. También ahí están el embajador en la OEA, la ministra del Trabajo, el ministro de Educación, y ellos designaron unos señores que no son los que toman decisiones.
Y ¿qué negocian del tema electoral?
La puesta en marcha de la nueva Ley Electoral aprobada hace apenas un mes, que obliga a cambiar el Consejo Nacional Electoral y cambiar su estructura para tener un árbitro en el que todos confiemos. Alguien dijo que con ese consejo no se puede ni siquiera elegir a Miss Venezuela, de verdad, es que nadie confía en ellos, violan la ley, nadie puede confiar en ese árbitro.
¿Por qué no ha decretado un estado de excepción cuando está en huelga la petrolera del país?
La Constitución indica que mientras se pueda enfrentar una situación con las leyes se debe agotar hasta lo último. Ni siquiera cuando el golpe decretamos el estado de excepción, aunque claro, se dio todo muy rápido. La situación petrolera no está totalmente controlada, pero la evolución es sumamente positiva si hay que importar combustible, pues no hace falta un estado de excepción.
Si hay que remover gerentes de PDVSA hay que aplicar la ley del trabajo, para reestructurar Petróleos de Venezuela internamente, hay que modificar sus estatutos, si hace falta que la Fuerza Armada asuma el control de instalaciones petrolera, está previsto en la ley de seguridad y defensa, no hace falta un estado de excepción.
Tiene usted al menos tres gobernadores en contra, el de Carabobo, el de Zulia y el de Miranda. Además de alcaldes y una población digna de ser considerada. ¿No está perdiendo gobernabilidad?
Todas esas acciones de gobernadores tratando de contrarrestar la acción del Gobierno Central afectan la gobernabilidad de esos lugares, nada más, pero el Gobierno tiene potestad de restablecerla. Se puede, por ejemplo, dictar el estado de excepción en algunos estados nada más. Pero los pueblos son un gran factor de gobernabilidad. Hasta ahora yo no siento amenazada la gobernabilidad del país, estamos gobernando, tomando decisiones a pesar de los obstáculos mediáticos y de algunos sindicatos.
¿No tiene temores del lado del Ejército?
Fíjate cuál fue la respuesta de los militares, creo que se equivocaron de plano quienes trataron a través de un golpe de derrocar al Gobierno, porque la respuesta de la gran mayoría de los militares fue institucional y constitucional. Hay preocupación por lo que ha pasado, pero que eso conforme hoy un cuadro de alta preocupación sobre la lealtad de la Fuerza Armada, pues no. Sí estamos muy pendientes en términos de liderazgo, porque esta campaña mediática también va dirigida a los soldados. Si bien pudiera surgir desde ahí una sorpresa, estamos preparados para contrarrestarla.
¿Qué opina de las últimas declaraciones de Washington?
Yo creo que todavía hay un grado de confusión en Washington. Cuando ellos emiten un comunicado, diciendo que la única salida viable para Venezuela son las elecciones anticipadas, eso refleja que continúa habiendo un grado de confusión, porque hay una Constitución. Después del golpe y hemos sentido una actitud de recapacitación de algunos funcionarios y esperamos que eso continúe. No quiero creer que en Washington vayan a apoyar una ruptura constitucional en Venezuela, y en ese sentido hemos estado trabajando con funcionarios y empresarios estadounidenses. Por una parte han empezado a reconocer la realidad, pero estas últimas declaraciones demuestran que todavía existe cierto grado de confusión.