José Antonio Poveda Salvatierra*
Los países centroamericanos han adoptado nuevas estrategias de desarrollo, orientadas a una mayor inserción en el correo internacional. Para ello se impulsan programas de estabilización y ajuste económico, buscando el reordenamiento y modernización de las economías. Sin embargo, cabe destacar que los procesos de ajuste económicos, por sí mismos, no han demostrado hasta ahora ser el instrumento idóneo capaz de lograr una reasignación y redistribución de los beneficios del desarrollo económico.
En este nuevo resurgimiento integracionista, no sólo los anteriores fenómenos inciden en un replanteamiento del proceso centroamericano. Los cambios que el mundo experimenta, con la formación de nuevos bloques económicos, presionan para agilizar las decisiones gubernamentales. Si Centroamérica no se integra, podría desaparecer arrastrada por esa “corriente universal”, o apenas sobrevivir ante los nuevos mega-bloques económicos que están prácticamente creando un nuevo orden económico internacional.
Lo importante es reconocer la necesidad de cambiar el enfoque, desde un concepto de integración de oferta, propiciando la conformación de sistemas productivos complementarios. Reconvertir el sistema productivo también significa obtener recursos financieros y concesiones de otra naturaleza, a fin de fortalecer nuestro sistema financiero y permitir el mejoramiento de la agricultura e infraestructura en carreteras, energía, telecomunicaciones, etc. además, son importantes los recursos de capacitación de personal, a fin de generar la capacidad de absorber tecnologías modernas que también ayuden a los sectores menos favorecidos y afectados con el ajuste económico. No sólo se debe restringir la demanda, sino que debemos aumentar la oferta. A la par, el bienestar y desarrollo del ser humano debe ser el principal objetivo del cualquier modelo.
Se callaron las armas, aunque los estómagos continúan vacíos. Sin embargo, el costo ha sido muy elevado para el istmo centroamericano. Ha habido derramamiento de sangre, con guerras que afortunadamente ya son parte del pasado histórico. El panorama luce más esperanzador, pero el camino por recorrer aún requiere del esfuerzo conjunto de todos los sectores de la sociedad. No obstante, las condiciones se están dando para que las futuras generaciones puedan heredar un mundo mejor.
Es indudable que, además de las realidades existentes en en istmo centroamericano, los cambios ocurridos en el entorno internacional que inducen a la conformación de gigantes bloques económicos, llevan a la conclusión sobre la urgencia rediseñar los alcances y características del nuevo proceso de integración económica.
Las principales propuestas se orientan a ejecutar un programa mínimo prioritario de reactivación, para lograr por lo menos lo siguiente:
1. Corrección de desequilibrio macroeconómico derivados de diferentes programas de ajuste. 2) Restablecimiento del libre comercio. 3) Transformación y modernización de las estructuras productivas. 4) Fortalecimiento de la interdependencia económica y reordenamiento de las relaciones económicas internacionales de la región. 5) Movilización de recursos para financiar el desarrollo. 6) Desarrollo de los recursos humanos. 7) Modernización del sector público. 8) Fortalecimiento y Modernización del Poder Judicial. 9) Desarrollo sostenido y el medio ambiente. 10) Unión Económica, Unión Aduanera, libre circulación de personas y bienes, y otros aspectos a considerar.
Al igual que en otras partes del mundo, la recesión mundial afectó dramáticamente a Centroamérica, originando desbalances en cuentas fiscales, incrementando inflación, entre otros factores adversos. Como resultado, se erosionó la inversión, propició fuga de capitales y se elevó la deuda externa a niveles trópicos. Como agravante, simultáneamente se libraban guerras civiles en algunos países.
La concepción de la soberanía ha variado drásticamente en el Derecho Internacional contemporáneo. La soberanía entendida como un absoluto jurídico es incompatible con los fenómenos de integración. La soberanía no es en nuestros días un concepto abstracto o formal, y solamente es ensalzada, hasta el proximismo fanático que genera el nacionalismo, entre los Estados de reciente independencia del Tercer Mundo y los grupos políticos y sociales de ideología racista o xenófoba en Europa.
La soberanía y la independencia no son un lastre para forjar nuevas estructuras asociativas; al contrario, es la soberanía e independencia de los Estados miembros la que le permite gozar del estatuto de miembro de una organización internacional tal como la Comunidad Europea. La atribución del ejercicio de algunos derechos soberanos a favor de la Comunidad Europea no menoscaba sus rasgos esenciales de Estados ni difuminan su pertenencia a la Comunidad Internacional. Y el respeto a esa soberanía e independencia es también la base de las relaciones entre los Estados miembros de las Comunidades Europeas y de éstas con sus Estados miembros.
Así pues, las comunidades europeas no han sustituido o expulsado las viejas reglas del Derecho Internacional clásico entre sus miembros ni pretenden sustituir o prescindir de sus estados miembros.
El proceso de integración europea implica la pervivencia de los Estados. Aunque nada se puede profetizar en materia de relaciones internacionales, nada hace pensar que los Estados miembros pueden llegar a desaparecer algún día y e su lugar la Unión Europea se erija como un Estado Federal. Los Estados miembros han consentido que, primeramente, las Comunidades Europeas y, a partir de 1993, la Unión Europea absorban una parte importante de las funciones del poder estatal, pero sin que puedan poner en peligro la propia pervivencia de los Estados Miembros.
El hecho de que las Comunidades Europeas/ Unión Europea no se transformen en Estado Federal, no significa que no participen en la concepción de algunos elementos de su estructura institucional, de su Derecho y de sus funciones, de la inspiración y técnicas jurídicas federalistas y sin que ello conlleve admitir analogías con una estructura estatal, ni tan siquiera federal o confederal.
El tratado de la Unión Europea, Tratados Constitutivos de las Comunidades Europeas y otros actos básicos de Derecho Comunitario, representan un ejemplo claro del esfuerzo que hacen todos los países, para hacerle frente a las nuevas circunstancias de la globalización y estos ejemplos pueden servirnos de inspiración, para que Centroamérica delegue soberanía en un Tribunal supra nacional, que, ningún país centroamericano, quiere delegar esa soberanía para resolver los problemas de la integración.
*El autor es Vice Decano Facultad de Derecho, UNAN-León.