Las críticas del doctor Rizo al presidente

Ernesto J. Marín*

Casi no pasa tiempo cuando leemos en los periódicos olímpicas declaraciones del Dr. Rizo, contradiciendo, llevando un criterio contrario o poniendo en duda las declaraciones políticas del Presidente de la República. Su incompetencia salta a la vista ante los continuos atrevimientos públicos que ponen en duda la autoridad de su jefe. Resulta incongruente e increíble cómo ese señor vive practicando desde su alta envestidura una posición de “independencia” que nunca ejerció en los tiempos de su presidente y cercano amigo el Dr. Alemán, cuando fue titular de uno de los más sensibles ministerios de la era arnoldista.

Hace poco vertió la gota que rebasó el vaso, cuando le recomienda al ingeniero Bolaños que renuncie a la pensión de vicepresidente o al salario de jefe de Estado. Sin don José cree gozar de su confianza, ¿por qué con delicada discreción no le comunica sus puntos de vista? Nunca hemos leído que Al Gore, vice de Bill Clinton, criticara su política, y mucho menos Dick Cheney vicepresidente norteamericano y segundo de Bush, haga uso de semejante manera para exhibir y poner en ridículo la cordura de su Ejecutivo.

El vicepresidente debe permanecer prudentemente callado cuando el jefe de gobierno externa sus opiniones aunque no comulgue con ellas, que no crea que su posición es independiente y autónoma. Los criterios políticos del Presidente de la República no pueden ser objeto de comentarios jocosos por el principal miembro de su equipo. El gabinete no es un club social que está sujeto a los humores o comentarios según el clima que prive en el espíritu del señor Rizo.

El discreto encanto del poder se debe representar con mucho cuidado y silencio sin ruidos, sin ostentaciones de vanas importancias que chocan con el espíritu humilde del pueblo nicaragüense. Hay que recordar que la prudencia y elegancia es hacer con encanto las cosas que no lo son, no recuerda el maestro Talleyrand.

Muchas veces hasta nos sentimos más reconfrontados cuando ese señor ejerce su turismo oficial y se ausenta allende nuestras fronteras, leemos de sus deliciosos periplos por África, Europa y Asia, volando en primera clase y pernoctando en hoteles de cinco estrellas. Aunque también nos deja descansar cuando sus debilidades y sus complejos marcopolianos lo alejan de nuestras costas y cielos, o como un periódico público hace poco “El Dr. Rizo de visita en Nicaragua”.

Es posible que don José Rizo Castellón ya haya olvidado que lo nominó el Dr. Alemán, pero antes tenía que contar con la aceptación del ingeniero Bolaños, éste se la brindó generosamente, aclaremos sin esa aceptación este señor no estaría donde hoy alegremente permanece. Recuerde que usted es el único del gabinete que pone en duda la seriedad y los silencios de don Enrique, ante sus groseras provocaciones.

* El autor es diplomático  

Editorial
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