Los intelectuales en la diplomacia

Mario Sandoval Aranda*

La diplomacia es la ciencia que trata de los intereses y las relaciones internacionales oficiales entre naciones. De su estudio podemos ver que desde el inicio de la convivencia entre los pueblos nació la relación movida por sus peculiares intereses, que hoy es conocida por la diplomacia, la cual está regulada por el Derecho Internacional, a través de tratados y acuerdos.

Los primeros embajadores eran escogidos entre eruditos, con gran cultura, ya que su misión era dar a conocer su país, y estrechar sus relaciones para obtener beneficios políticos, militares y económicos. Cuando eran recibidos por el soberano entregaban opulentos regalos, propios de su país; otras veces corceles de hermosa estampa y fina raza, como también esclavas de singular belleza. En ocasiones bufones para deleitar a la familia real y cortesanos, además de joyas de piedras preciosas para la soberana real. Hubo época en que el mejor presente para obtener la gracia de un soberano poderoso, era obsequiando a la reina collares de las famosas perlas extraídas de Los Bajos de Bitor, que eran las más codiciadas por su rara belleza.

Soberanos y jefes de Estado, han nombrado embajadores a poetas y escritores, orgullos nacionales, como medio de dar a conocer sus valores literarios, su cultura y mediante sus gestiones obtener beneficios para su patria. En la época moderna y contemporánea por mencionar algunos; recuerdo que Napoleón Bonaparte tenía preferencia por los intelectuales, siendo uno de ellos, el famoso escritor Stendhal. Los Estados Unidos a Benjamín Franklin, muriendo de embajador en París. En España a don Juan Valera, embajador en varios países. México a su máximo poeta; Amado Nervo muriendo de embajador en Montevideo. Chile a Pablo Neruda, Premio Nobel 1971, embajador en varios países y Francia. En Guatemala a Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel 1967, agregado cultural en México y en Argentina; y embajador en El Salvador y Francia. Cuba con Alejo Carpentier, perteneciente al exclusivo círculo del llamado “boom”, literario hispanoamericano, embajador en Francia. ¿Por qué los nombraban en Francia? Porque París era considerada “La Ciudad Luz”, el Centro Cultural del Mundo.

Los diplomáticos deben ser poseedores de gran cultura. En cierta ocasión, durante la celebración de las Fiestas Patrias, en una embajada de nuestro país en el exterior, en la década de los 80, miré con tristeza cómo un miembro de nuestra delegación diplomática desconocía lo más elemental de urbanidad; busqué su conversación para conocer su nivel cultural, y sufrí una decepción. Comprendí que su misión diplomática estaba encubierta, y que su verdadera representación y misión era otra.

En Nicaragua, el presidente General José Santos Zelaya, con cultura europea, supo tasar el kilataje de nuestro poeta universal Rubén Darío, gloria nacional, reconociendo su genio y prestigio dentro del universo de las letras, nombrándolo embajador y ministro plenipotenciario de Nicaragua, ante Su Majestad Alfonso XIII, Rey de España. Darío desempeñó el cargo con distinción; y en las recepciones diplomáticas sobresalía, brillando por su rico lenguaje, amena conversación, elegancia en el vestir y finos modales.

Últimamente uno de los máximos exponentes de nuestra intelectualidad en todos los géneros literarios y director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, Jorge Eduardo Arellano, fue honrado como embajador y ministro plenipotenciario en Chile, donde como es natural, por su cultura y talento hizo brillar en letras de oro el nombre de Nicaragua.

El Cuerpo Diplomático es el que proyecta la imagen de un país a nivel internacional, dando a conocer su historia, cultura, desarrollo político, económico y social, buscando la manera de profundizar las relaciones. Actualmente las misiones diplomáticas promueven las inversiones extranjeras, el turismo, y apoyo a programas sociales y culturales.

* El autor es escritor y abogado.  

Editorial
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