Los próximos conflictos no serán por petróleo

Fernando Centeno Chiong*

El consumo mundial de petróleo se incrementa actualmente en 39.8 millones de barriles al día (una tasa promedio de 1.9 por ciento al año), pasando de un consumo de 73 millones de barriles / día en 1997 a un estimado de 112.8 barriles / día en el 2020.

En los países del Golfo Pérsico el costo de producción por barril es de l,50 dólares, mientras el precio del mismo en los mercados internacionales al comenzar el año estuvo por el orden de los 30 dólares, lo que refleja el alto índice de rentabilidad para esos países y con tendencia a seguir aumentando debido a los recientes conflictos que amenazan con generar una catástrofe de dimensiones incalculadas.

El petróleo por ser uno de los recursos naturales más importantes y demandados a nivel mundial, continuará siendo generador de conflictos, pero con la certeza que poco a poco se irá sustituyendo en parte por la geotermia o las plantas hidroeléctricas o solares para la producción de energía, así como en menor grado por otros combustibles para los sistemas de transporte.

Los adelantos tecnológicos permitirán ver tarde o temprano vehículos movidos por energía solar o eléctrica en forma masiva sustituyendo el petróleo y mientras se dedican millones de dólares a la investigación de los nuevos combustibles; en el sur del África la sequía se ha convertido en la primera causa de hambre que amenaza según la FAO a 28 millones de personas y en Mauritania y cinco países cercanos, millón y medio están sufriendo la misma suerte.

En la región centroamericana más de millón y medio de habitantes se vieron afectados los suministros de alimentos como efectos de la sequía el año recién pasado, fenómeno del cual Nicaragua ha sufrido severamente las consecuencias.

Sequía no es más que la falta de lluvias o falta de agua suficiente para irrigar grandes extensiones de tierra que eviten que sectores de población se mueran literalmente, de hambre. Mientras la población mundial en los últimos 70 años se ha triplicado, el consumo de un recurso natural y del cual no hay sustituto como es el agua, se ha sextuplicado. En otras palabras, la demanda mundial de agua, es cinco veces mayor que la de petróleo.

Un reciente informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas asegura que para el año 2025, unos tres mil millones de personas en el mundo en 48 países estarán padeciendo de lo que se llama el “stress hídrico” o sea, la poca disposición de agua por persona (menos de 1,700 metros cúbicos al año).

Los mapas freáticos de China, América Latina y Asia meridional están descendiendo a menos de un metro por año, agravando más la situación, si se toma en cuenta que sólo el 2.5 por ciento de toda el agua existente en el planeta es agua dulce, y sólo un 0.5 por ciento es subterránea o superficial accesible.

En países como Nicaragua, con un gran potencial de agua, se derrocha y contaminan las fuentes, aunque se pague por un litro de agua embotellada en una tienda o supermercado, un precio más alto que un litro de gasolina.

Nicaragua tiene el más alto per cápita de recurso agua (37.4 metros cúbicos), mientras el promedio en Centroamérica es de 8.3 y el mundial de 7.1, lo que significa que hay la posibilidad en un futuro no muy lejano, y ante las crisis de los productos agrícolas, pecuarios o marinos, dedicarse más al turismo, la artesanía o la exportación de agua.

Pero en la medida que se continúen destruyendo los bosques, contaminando lagunas y lagos, como es el caso del Cocibolca convertido en un inmenso recipiente de residuos de los municipios de la cuenca y centro experimental de creación de especies foráneas como la tilapia, o bien se siga lanzando miles de toneladas de desperdicios al Xolotlán, o los desechos agrícolas a los ríos, se está perdiendo la posibilidad del único recurso que podría sacar a los nicaragüenses de la pobreza en que viven.

Aún es tiempo de redefinir políticas a fin de restaurar las cuencas y mediante la participación ciudadana, insistir en la aplicación de las leyes ambiéntales para hacer efectivos cambios sustánciales que garanticen que en los futuros conflictos por el agua, Nicaragua estará en un lugar privilegiado.

* El autor es periodista ambientalista.
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