- “Nosotros, por sensibilidad humana tenemos que darles atención, de lo contrario no estaríamos cumpliendo con nuestra labor” expresa Luis Fernando Ortega, Director del Hospital de Upala
Elí Josué BravoCorresponsal LA [email protected]
SAN JOSE, COSTA RICA.- Mediados de noviembre. La noche era oscura y fría. El silencio imperaba en todos los ámbitos de la montaña. Raúl Sánchez de 22 años, caminaba sigilosamente. Cualquier ruido podría ser causa para que la Policía fronteriza lo detuviera y luego lo rechazara a su natal Rivas.
Pretendía cruzar la frontera de Peñas Blancas sin documentos, como lo hacen miles de nicaragüenses cada año. Pensaba aprovechar el temporal de “cogida” de frijoles, que según él “estaba bueno en Costa Rica”.
En un intento por evadir al puesto fronterizo, se introdujo en la parte espesa de la vegetación. De súbito, una serpiente le picó el pie derecho. En medio de su angustia, tuvo que solicitar ayuda a quienes minutos antes intentaba burlar.
Fueron los policías quienes dieron la alerta al hospital de Upala, donde fue operado casi de inmediato para reestructurar la piel carcomida y aplicar un antídoto que lo protegiera del veneno.
Escenas como ésta —y no precisamente de mordeduras de serpiente— se repiten continuamente en el poblado de Upala, el más cercano a la frontera norte de Costa Rica.
Según comentó el Dr. Luis Fernando Ortega, Director del Hospital, muchos nicaragüenses, principalmente mujeres embarazadas, llegan a este centro médico con el propósito de dar a luz en territorio costarricense y por consiguiente, optar por una cédula de residencia.
“Cada año vienen miles de nicaragüenses a curar sus enfermedades. Nosotros, por sensibilidad humana tenemos que darles atención, de lo contrario no estaríamos cumpliendo con nuestra labor. Sabemos que ellos vienen, porque en Nicaragua las condiciones de los hospitales no son las mejores y obviamente aquí se les brinda mejor servicio, vienen con variadas enfermedades pero más llegan embarazadas ”, agrega.
CRUZÓ LA FRONTERA EN BUSCA DE AYUDA
Días después que Raúl Sánchez fue atendido en hospital de Upala, ingresó Francisco León con fracturas severas en la cadera.
“Para poder recibir una mejor atención que en Nicaragua —cuenta— tuve que viajar cientos de kilómetros desde Nicaragua, muchas veces a pie, a caballo y en lancha. Esta quebradura me molestaba mucho. Hace ocho meses caí de un caballo y aunque me atendieron en el hospital de Juigalpa, mis huesos se unieron desencajados”, explicó Sánchez.
Después de la operación que le aplicaron, León estuvo bajo tratamiento médico en Upala y de momento asiste al Hospital de Liberia donde recibe terapia para flexibilizar mejor sus piernas.
A pesar de no contar con documento alguno, el Dr. Ortega lo aseguró por cuenta del Estado, pues de lo contrario la intervención quirúrgica habría resultado impagable para León.
CARGA PARA EL ESTADO
Ortega comenta que la atención a indocumentados nicaragüenses genera un gasto de unos 460 mil dólares a la Caja Costarricense del Seguro Social en la zona. De 1,600 pacientes recibidos en el primer semestre del año, 1,200 se aseguraron por el Estado. La mayoría de ellos indocumentados que llegaron procedente de los hospitales de San Carlos y Rivas.
“Aunque ellos no paguen por su atención no los podemos rechazar. Si alguien viene muy enfermo y yo lo rechazo, prácticamente esa persona se muere de regreso a Nicaragua, yo no puedo negarle la vida a nadie”, manifestó.
Sánchez fue dado de alta una semana después del accidente. Retornó a su ciudad natal, pero agradece a Dios y a las autoridades costarricenses por haberlo atendido con esmero. Según sus expresiones, pudo comprobar “que tal xenofobia hacia el nicaragüense… no existe”.