La misa campesina es original, pero no es católica

Elida Z. Solórzano

Después de tanto que se ha escrito a favor y en contra de mi artículo de Opinión del 24 de noviembre de 2002 “La misa campesina como un fantasma”, cuya finalidad específica era señalar los macabros recuerdos que esta “misa” nos traía a muchísimos nicaragüenses y cuestionarnos por qué el gobierno había escogido ese motivo musical para recoger fondos para los niños hambrientos de Matagalpa, me ha llamado la atención sobretodo, la confusión que existe en algunos católicos al respecto. Esta razón es la que me motiva nuevamente a escribir sobre el tema.

La obra de Carlos Mejía Godoy es genial, nadie lo puede negar. Su música es preciosa pero tal como lo dije anteriormente su letra es herética para los católicos porque va contra la doctrina de nuestra fe. Precisamente por eso se prohibió dentro de los templos católicos por la Conferencia Episcopal de Nicaragua desde el 9 de septiembre de 1976.

Veamos por qué. En primer lugar, la Misa Católica comienza con el “Señor, ten piedad”, suplicando humildemente la misericordia de Dios. La otra misa increpa a Cristo, “el Dios de los pobres” que se identifique con nosotros, “…no con la clase opresora que oprime y devora a la comunidad, sino con el oprimido..” ¡Pero Cristo ya se identificó con nosotros en todo menos en el pecado, en la Encarnación! Lo hizo por todos y no por solo una clase, porque Dios es el Dios de todos nosotros, pecadores (1 Jn 1,8). Además, la Escritura dice que Dios no hace diferencia entre personas (Sant 2,1), sino que juzga a cada cual según sus obras (1 Pe 17). Por el contrario, somos nosotros los que debemos tratar de imitar a Dios en su humildad y en su amor a todos, incluyendo a nuestros enemigos (Lc 6, 27).

El canto de alabanza lo vemos lleno de alegría como debe ser porque es un himno de gloria al Creador pero hace un panegírico para el que “denuncia sin miedo la injusticia…sufre la cárcel y el destierro…combatiendo al opresor”. La paz, el agradecimiento a Dios o la alabanza a la Trinidad están completamente ausentes.

Lo que más se aparta de la Misa Católica, sin embargo, es el “credo” el cual establece claramente los fundamentos, la esencia de la doctrina por la cual confesamos nuestra adhesión a las enseñanzas de la Iglesia de Cristo. “La misa campesina”, en cambio, habla de un Dios que creó el universo “las estrellas y la luna, las casitas, las lagunas, los barquitos navegando…” que vino para salvar al mundo y se encarnó “en el vientre humilde y puro de María”. Aunque expresa pasajes con gran ternura y belleza, sólo mencionan algunas verdades fundamentales de la fe. Habla de un Cristo como Unigénito de Dios, que es “Luz de luz, que fue golpeado y martirizado” y reconoce la resurrección. Pero ni una palabra del Espíritu Santo ni del perdón de los pecados, ni de la Iglesia Universal.

Denuncia, sin embargo a Pilatos como “el romano imperialista” y la lucha “para defender al pueblo del dominio explotador”. Nadie duda con quién se identifica al “romano imperialista”. Esta “misa” nos presenta la visión de Cristo de los teólogos de la liberación, los promotores de la llamada “Iglesia Popular” que no es católica. Nos presenta a un Cristo luchador revolucionario, activista subversivo, que se opone a los ricos y es torturado, desafía a los poderosos e hizo causa común con los desposeídos y los oprimidos. Su muerte, por tanto tiene una finalidad distinta, carente del sentido salvífico de la redención. Y por supuesto, para estos teólogos neomarxistas, la Virgen María al entonar su Magníficat, aparece como la precursora del movimiento comunista que nace con el Manifiesto de 1848.

Es imposible para un seguidor de Cristo, conciliar esta postura dominada por el antagonismo de la lucha de clases, la oposición irreductible entre pobres y ricos, entre oprimidos y opresores con el verdadero sentido del mensaje del Evangelio que sintetiza admirablemente San Juan cuando dice: “Dios es amor” (1 Jn 4,8). Es cierto que Jesús tomó partido por los pobres, los desvalidos y los pecadores como atestiguan las Bienaventuranzas (Mt 5) pero Cristo tenía otro concepto de la pobreza que va más allá de los bienes materiales para incluir la pobreza espiritual que es la humildad del espíritu y la mansedumbre y en ninguna parte nos pone como contrapartida el odio contra los ricos o poderosos. Cristo no optó por predicar el exterminio de los gobernantes (“ricos y poderosos”) ni le pidió al pueblo a sublevarse en contra de ellos porque su Reino no era de este mundo. “Cristo destruyó el odio en la cruz” (Ef 2,6). Interpretar el Evangelio de otra manera es sencillamente no haber entendido el mensaje de Cristo..

Es innegable la riqueza y originalidad de su música, su alegría y colorido pero “La misa campesina” no es católica.

La autora es católica.  

Editorial
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