- El 1 de diciembre de 2000, un nuevo sol brilló en México: Vicente Fox se convirtió en el primer presidente en 71 años que no era miembro del “monstruo” jurásico de la política local, el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Sus promesas de cambios y bienestar le habían llevado hasta allí. A dos años de su mandato, la pobreza, el desempleo y la inseguridad pública siguen ensañándose con la mayoría de los mexicanos
Karina BalderasReuters
MEXICO DF.- Un campesino mexicano le dice al presidente Vicente Fox: “Señor, no se olvide usted de los pobres ahora que llegue a la Presidencia de la República’’.
Fox responde: “ Hora que llegue?, pues si ya casi estoy terminando’’.
Este no es un chiste, sino parte de un diálogo recogido durante una gira del presidente, quien el 1 de diciembre cumplió dos años de sus seis años de mandato, por el central Estado de México y reproducido por la prensa local esta semana.
Y es que mientras el gobierno se preocupa por mantener la imagen del presidente, algunos analistas y ciudadanos se preguntan si se preocupa también por cumplir las promesas que hizo cuando era candidato a la Presidencia.
Muy al estilo de la campaña que lo llevó al poder y con la que puso fin a la hegemonía que por décadas mantuvo el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Fox ha regresado a sus raíces rancheras, aparece constantemente en los medios y ha vuelto a mostrarse más cercano con sus gobernados.
CAMBIOS TARDÍOS
Algunos analistas dicen que los cambios en la imagen del mandatario —para algunos son naturales y para otros una estrategia— ya son tardíos y se perciben más de forma que de fondo, por lo que ya comienzan a desdibujarse las ilusiones y altas expectativas que creó entre los mexicanos.
“Al principio (Fox) me caía bien, antes creía más en él, pensaba que iba a mejorar el país, creí en sus promesas. Pero no noto ningún cambio, la cosa está empeorando, está cayendo en lo mismo del PRI o tal vez peor’’, dijo, desilusionado, Martín Davianes, un lustrabotas de 68 años.
Fox llegó al poder con inusitados niveles de popularidad, superiores al 70 por ciento, pero el 2 de julio de este año —en el segundo aniversario de su triunfo electoral—, una encuesta privada reveló que sólo el 36 por ciento de los mexicanos creía que el país había cambiado para bien.
“Ya es demasiado tarde para regresar al estilo original que le dio su popularidad, cualquier cambio en apariencia que haga no le está beneficiando por sus limitaciones culturales e intelectuales’’, dijo Guillermina Baena, especialista en ciencias políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“EL REINO MÁGICO DE FOX”
Fox prometió en su campaña un crecimiento económico del 7 por ciento, la creación de millones de empleos y una mejor calidad de vida para un país en el que el 53 por ciento de sus 102 millones de habitantes vive en la pobreza.
En contraste, la economía cayó el año pasado 0.3 por ciento, debido a la desaceleración en la economía de Estados Unidos, el principal socio comercial de México, y la tasa de desempleo sigue siendo una variable crítica este año.
“Hay una percepción general de que ni Fox ni el gobierno están resultando (…) hay una percepción en la gente de que las cosas están peor en el ‘Magic Kingdom of Fox’ (Reino Mágico de Fox). Fox tiene un país propio y este es otro”, dijo Baena.
Las cifras más recientes —levantadas en encuestas privadas y de la Presidencia en octubre— revelan que los mexicanos califican a Fox con 7.3-7.2 en una escala de 0 a 10, en el que 8 es “muy buena” y 6 “mala”.
Para Baena el problema es que el gobierno de Fox no ha cerrado el círculo del llamado “marketing político” que consiste en que después de llevar a cabo la fase electoral que cautiva con promesas, se debe de centrar la atención en una credibilidad que se consolida con hechos y acciones.
“El actual gobierno no ha ofrecido en lo económico elementos novedosos o que le den un cariz propio, porque no se debe olvidar que el voto de aquel 2 de julio del 2000 tenía que ver con hartazgos (…) hay pocas cosas nuevas bajo el sol”, escribió el comunicador Javier Solórzano, en el diario El Universal.
¿RETOQUE DE IMAGEN PREELECTORAL?
Aunque para algunos críticos el cambio de Fox es una estrategia de comunicación con miras a las elecciones del 2003, cuando se renovará la Cámara de Diputados, otros afirman que sólo es la forma en la que el militante del derechista Partido Acción Nacional (PAN), retoma naturalmente su carisma.
”Yo siempre he sostenido que si tú haces lo que tú eres y eres como eres, comunicas mejor y contactas mejor porque no estás fingiendo nada’’, dijo Francisco Ortiz, coordinador general de opinión pública e imagen de la Presidencia.
Ortiz dijo que el presumible cambio de imagen de Fox no está ‘’amarrado’’ al próximo año electoral aunque reconoció que además de ser la forma natural de ser del presidente es una estrategia para capitalizar mejor la ascendencia que él tiene en el campo, entre la juventud y las mujeres, por mencionar algunos sectores.
“Yo no sé si él está en campaña, pero es un presidente exitoso que invierte en su popularidad y esa inversión a veces no da frutos si no la enfocas’’, dijo un experto basado en Estados Unidos que pidió omitir su nombre.
Para Víctor Gordoa, rector del Colegio de Consultores en Imagen Pública, el manejo de la imagen de Fox se está dando de una manera poco definida: “Del candidato identificado con la gente, accesible, bronco, al presidente deslavado, temeroso, poco comprometido’’.
“Primero fue luna de miel, ahora ya vamos en una especie de limbo, el siguiente paso es el disgusto y luego el divorcio, si no se ponen a trabajar correctamente para que Fox tenga una imagen de presidente y no de candidato en el poder’’, agregó.
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