- Los jóvenes que dejaron de oler pega, han encontrado un nuevo horizonte en su vida y llevan alivio a familias
necesitadas
Lucía Vargas C./[email protected]
SAN MARCOS.- Encontrar lazos de sanguinidad en la hacienda Santa Fe de la comunidad rural La Cureña, jurisdicción de Jinotega, fue una sorpresa entre agradable y triste para el joven Luis Palacios, de 20 años, quien llegó a Los Quinchos hace diez años para olvidarse por completo de la pega y la dura niñez que pasó deambulando en las calles.
Más de diez años pasaron después de abandonar las tierras jinoteganas y convertirse en un niño inhalante, pero su pasado nuevamente golpeó su corazón, al descubrir que también sus familiares son parte de ese ejército de hambrientos que habitan en las zonas rurales de Jinotega y Matagalpa.
TRISTE REALIDAD
La pobreza que vivió junto a su familia volvió a su mente al descubrir por casualidad a una tía, mientras cumplía con la misión de llevar alimentos y ropa a las familias campesinas del Norte.
A su madre y su padre nunca los conoció y nadie supo dar razón de ellos, pero la vida lo llevó hasta la paupérrima casita donde nació, tras verificar la triste realidad que viven miles de seres que hasta creen que el mismo Dios los olvidó.
Luis es parte del grupo de adolescentes de Los Quinchos que desde hace dos meses están viajando a las comunidades La Dalia, El Tuma, Santa Fe, Tomatoya, Las Estrellas, El Espanto y La Cureña, zonas empobrecidas del Norte, para solidarizarse con las familias que no tienen que comer.
500 FAMILIAS OLVIDADAS
La misión del proyecto Los Quinchos es que “los muchachos nunca se olviden de quienes son iguales a ellos”, asegura Zelinda Roccia, directora del centro, quien manifestó que para el grupo la gira de solidaridad se ha convertido en una gran misión, especialmente para los jóvenes que han palpado esas necesidades.
Roccia, originaria de Italia y con más de 12 años de vivir en Nicaragua, lamentó que sea sólo “masa con sal” el alimento que consumen las familias de Tomatoya y La Cureña, tras explicar que se pudo constatar en un reciente viaje que la desnutrición está dejando calvos a niños y adultos.
La directora de Los Quinchos dijo que la mayoría de personas padecen enfermedades genéticas y otras que probablemente son provocadas por el hambre, mientras las mujeres suplican al Gobierno cumplir con las promesas de llevar empleo a sus familias porque no quieren que les regalen nada, lo único que desean es “trabajo”.
Tristes historias han quedado atrás, guardadas en lo más recóndito de sus corazones y ahora restaurados y luchando por salir adelante caminan de la mano de esta institución benéfica que los apoya de manera integral y les enseña a compartir con aquéllos que tienen menos que ellos mismos.
40 «QUINCHOS» DE ZONAS LEJANAS
Zelinda Roccia, señaló que en la Asociación Los Quinchos hay 40 niños y adolescentes de la zona Central y Norte, específicamente de El Rama, Río Coco, Río San Juan, Wiwilí, Waslala y El Tuma, los que han logrado salir de las garras de la droga con el esfuerzo de educadores y el equipo que trabaja en la Asociación