William El Dalí Espinosa
Un diputado vale mucho para el país, económicamente hablando. El sentir de la población en lo referente a este poder del Estado, es desfavorable. Aunque no se puede negar que entre los diputados hay personas honorables, que no todos son iguales y que algunos llegaron a la Asamblea por su vocación de servicio. Pero otros llegaron para gozar del privilegio de ser inmunes ante la justicia. El desencanto de la población hacia los legisladores es cada vez mayor y aunque deberían ser parte integral del desarrollo democrático y económico del país, se les percibe como un instrumento de atraso, es común escuchar a diario en los medios de comunicación que las leyes de interés nacional se discuten en base a intereses individuales o partidarios y en el mejor de los casos se definen en la sala del plenario convirtiéndola en una arena de boxeo, u otra arte marcial improvisada.
¿Cuánto cuestan estos atrasos a Nicaragua? ¿Cuántos inversionistas se han ahuyentado y cuántos más se irán, porque la nación no presta las condiciones de estabilidad necesarias como país destino para sus inversionistas?