- Especialistas aseguran que Nicaragua cuenta con un enorme potencial de desarrollo en el 25 por ciento del territorio nacional, donde se ubican 76 áreas protegidas
Nohelia González [email protected]
“Las áreas protegidas no implican cerrar el desarrollo, es como que estés condenando a la gente que vive ahí dentro a no usar nada, eso es absurdo, porque la gente ha vivido ahí toda su vida, mucho antes que fueran áreas protegidas”, expone categórica Teresa Zúñiga, Secretaria Ejecutiva del Comité Organizador del Congreso Mesoamericano de Áreas Protegidas.
Y es que el potencial de desarrollo existente en Nicaragua es enorme. Nuestro país cuenta con 76 áreas protegidas, lo que representa el 25 por ciento del territorio nacional, unas 2,242,193 hectáreas, incluyendo el monumento en memoria a las víctimas del huracán Mitch, en Occidente.
A excepción de Miraflor y La Flor, la mayoría de éstas fueron creadas mediante decretos ejecutivos. Sin embargo, aun cuando las áreas son tantas, apenas existe presencia institucional del Ministerio del Ambiente u otras entidades en apenas 17 de éstas, lo que representa el 18,2 por ciento del total existentes.
Para Bayardo Quintero, del Proyecto Araucaria, auspiciado por la Cooperación Española, la declaratoria de áreas protegidas fue un acto visionario, “porque si no hubiese existido eso, probablemente ya no tuviéramos nada, a pesar de eso no se han llenado todos los requisitos para considerarlas como áreas protegidas”.
CONSERVAR ES UNA INVERSIÓN
Y es que en la mayoría de los casos, señala Quintero, “no sabemos cuáles son sus verdaderos aportes, sabemos que son importantes desde el punto de vista biológico y de conservación”, lo que a su juicio es uno de los vacíos, pues deberían trascender el discurso de la conservación y ligarlo a los aportes de las áreas protegidas.
Para ello cita como ejemplo Datanlí y El Diablo, en el departamento de Jinotega, área que aporta el 60 por ciento del agua que va hacia el embalse de Apanás o Asososca, que aporta agua a los pobladores de la capital. “¿Pero qué es lo que paga el usuario, el servicio de bombeo? ¿qué paga la empresa para la conservación de Asososca? Nada”, señala Quintero.
“En la medida en que vamos cambiando el discurso y vamos volviéndolo en términos de aportes monetarios a la economía nacional creo que se puede ir ganando más adeptos hacia el tema de la conservación, de manera que al final no se vea como un gasto sino como una inversión”, expresa el especialista.
Tanto para Zúñiga como para Quintero, el Primer Congreso Mesoamericano de Áreas Protegidas, del cual Nicaragua será sede en marzo de 2003, es la oportunidad para que los nicaragüenses y los centroamericanos, en general, se den cuenta de los aportes al desarrollo económico de las áreas protegidas.
Para ello, durante el Congreso se realizará una ronda de empresarios a fin de que conozcan cuáles son las oportunidades y el rol que puede jugar la empresa privada en la conservación de las áreas protegidas.
“Nosotros pensamos que las áreas protegidas sí tienen suficiente potencial como para albergar a las poblaciones y a la par aportar a la economía nacional. El problema es de magnitudes y establecer un orden del uso del espacio”, señala Quintero.
ÁREAS PROTEGIDAS
Las áreas protegidas del país se distribuyen según las regiones geográficas de la siguiente manera:
En el Pacífico occidental 11 áreas, que representan el 14.5 por ciento del total del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap).
En el Pacífico oriental existen 15 áreas, que constituyen el 19.7% del total.
En el Centro Norte se ubican 21 áreas protegidas (27.7%) y en el Centro Sur hay cuatro (5.2%).
En la Región Autónoma del Atlántico Norte hay 16 áreas protegidas (21%) y en la Región Autónoma del Atlántico Sur, 9 (11.9%).