Amalia Morales [email protected]
Su pelo largo y lacio es lo único que extrañará Reina Bonilla mañana en la celebración de sus quince años.
Como lo había soñado Reina, que convive con un cáncer en su vientre, vestirá de rosado y tendrá la fiesta, que no imaginaba, en ocasión de su cumpleaños.
La adolescente, que es originaria de Río Medina, comunidad situada a siete kilómetros de Nandaime, había perdido la ilusión de una fiesta cuando enfermó, en febrero de este año.
Llevaba unas semanas en sus clases de segundo año, por las que viajaba diario hasta Nandaime. Una punzada en un costado de su estómago fue el primer signo del cáncer. El dolor subió tanto de tono que la empujó grave al hospital. Los médicos creyeron que era apendicitis, y en el intento por evitar una mortal peritonitis la operaron. Al abrirla se enteraron de que el origen de la dolencia era un tumor en uno de los ovarios.
Los médicos de Granada, que la habían atendido la trasladaron entonces a Managua. Fue ingresada en el Hospital Berta Calderón, donde le extrajeron unas 15 libras de tumor, según contó el médico Roberto Ortega. El médico agregó que a pesar de las intervenciones la menor podrá tener hijos en un futuro.
Desde las operaciones Reina se somete a un tratamiento de quimioterapia, que no puede pagar. Su mamá, Reina Bonilla, contó que para pagar los primeros 3,000 dólares, su mamá vendió una finca que tenía. En la actualidad el tratamiento lo costean personas y organizaciones donantes del hospital.
De todo esto, lo que Reina más lamenta es la caída de su pelo. “Yo lo tenía largo”, dijo mientras señalaba el final de su espalda para mostrar hasta dónde le llegaba. Otra cosa que la entristece de su enfermedad es que interrumpió las clases. Su mamá dijo que ya la prematriculó para el próximo año.
A Reina la desanima haber abandonado sus juegos vespertinos en el río que cruza su comunidad. “Perdí el ánimo para ir”, afirmó.
Sin embargo, en estos días su semblante ha cambiado. En parte es por la proximidad de sus quince años. “Toda persona sueña con llegar a sus quince”, afirmó con cierta amargura.
Su repentina alegría vuelve cuando escucha los preparativos de la fiesta que le harán mañana. Ortega contó que los gastos de las fiesta los cubre el despacho de Fabiola Salinas, la esposa del vicepresidente de la República, José Rizo.
En su lista de invitados figuran unos 35 amigos y familiares de Reina Bonilla.
La fiesta todavía no empieza, y Reina, que hace un paréntesis en el calvario de su enfermedad, muestra las uñas rosadas de sus manos y pies.
En la víspera de la celebración, que se hará en Las Mercedes, también viste una bata rosada. Ayer, a través de una sonda, le rehidrataban su riñón. Mañana esto no será necesario. En la fiesta de quince años su alegría será mayor que su dolor.