- Además, siembran árboles frutales y mantienen un almácigo…
Amparo Aguilera [email protected]
Desde hace siete años, cuarenta mujeres ramas se las ingenian para sobrevivir. Relegan los quehaceres domésticos, y con los tres, cuatro, cinco hijos a cuestas acaparan el amanecer con sus faenas agrícolas.
Laboran al “suave” y sin mucha bulla. La meta del mes, como es habitual, es la siembra de zacate en 40 manzanas de tierra, que tiempo después sirve para garantizar la alimentación diaria de sus 40 cabezas de ganado. Mientras tanto, sus compañeros de vida se encargan del cuido de los animales, chapeo, y de la pesca artesanal.
Todas ellas son originarias de Rama Cay, isla ubicada en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), y miembros de la Asociación de Mujeres Indígenas Ramas (AMIR), cuya meta en común es aportar a la alimentación familiar.
“Pero cumplir con nuestra tarea no ha sido fácil. Al principio nos dedicábamos a la costura, con bordados (propios) de nuestra cultura. Pero a falta de materiales como tela e hilos, decidimos dedicarnos a la ganadería con el auspicio de la Embajada de Holanda y el apoyo de la Acción Médica Cristiana”, comenta Martina Thomas, presidente de AMIR.
De eso ya hace seis años. “Iniciamos con un capital de 11 mil dólares, que nos permitió invertir en ocho vaquillas y un torete, que ahora hemos multiplicado en 40 cabezas de ganado. Esto nos permite garantizar la leche de los niños y la elaboración de productos como la cuajada y el queso”, detalla Thomas.
MERCADEO LOCAL
Según la líder, gracias a esos productos cuentan con una comercialización local. “Ya que vendemos el litro de leche y la libra de cuajada en cinco córdobas. Mientras tanto, la libra de queso la comercializamos en diez córdobas favoreciendo a toda la comunidad”, detalla.
Ello, a su juicio, contribuye a una mejor alimentación, ya que en momentos de crisis (usuales en la mayor parte del año) las familias ramas sobreviven con arroz, frijoles, ostiones o almejas. Aunque las miembros de AMIR tiene mejor suerte, ya que ellas cada quince días se turnan para cuidar su ganado, y con esto se ganan el derecho de obtener leche, cuajada o queso sin costo alguno.
Paralelamente, estas mujeres, se autosostienen con la siembra de árboles frutales. “Tenemos veinte palos de mango, cincuenta de pijibay, quince de aguacate y dos manzanas de cocoteros, que aunque no dan ganancias nos sirven para el autoconsumo”, indica.
Aparte de eso, mantienen un almácigo con 200 plantitas de hortalizas, como zanahorias, tomate, chiltomas, yayote, y hasta frutas como melocotón. “Quizá recojamos la cosecha el próximo mes. Esto no es seguro, porque hay plaga de zompopos y no la hemos podido erradicar. Pero en eso estamos”, precisa.
BUENAS VECINAS
Las mujeres de la Asociación de Mujeres Indígenas Ramas (AMIR) ahorran las ganancias que obtienen, con la venta de productos lácteos, para cubrir los gastos por enfermedad o muerte de sus paisanos. Además, suelen coordinar las actividades religiosas de su comunidad. Y hasta recolectar comida entre el grupo para alimentar a sus esposos cuando éstos parten rumbo al mar.