- Donald Salazar Acevedo, “El Gato”, era el hombre de confianza de Humberto Ortega en los años 80, su jefe de escoltas y el designado para conducir el vehículo de personalidades como Fidel Castro y el Papa Juan Pablo II, en sus visitas a Nicaragua. Hoy sobrevive conduciendo un camión de basura de la Alcaldía. De la Revolución lo único que le queda es una negativa de la OOT para favorecerlo con una casa. La razón: sirvió de testaferro de un “grandote” y ni cuenta se dio
Roberto Sánchez Ramírez/Especial para LA [email protected]
La basura cae del camión. A su alrededor, niños y adultos disputan entre sí y con los zopilotes, en el paisaje lleno de miseria y desolación de La Chureca, al occidente de Managua.
El camión queda vacío y el conductor se dispone a partir. Los ayudantes gritan: “Con cuidado ‘Gato’, con cuidado, no vayas a aplastar un chavalo”. El chofer mira los espejos retrovisores, pita y arranca con cuidado, como hace todos los días de lunes a sábado.
“Con cuidado Gato”, pero no en La Chureca, fue la recomendación que tantas veces escuchó Donald José Salazar Acevedo, cuando debió conducir, no un camión recolector de basura, sino lujosos vehículos llevando de pasajeros al Papa Juan Pablo II, al comandante Fidel Castro Ruz, Phan Van Dong, Mauricio Bishop y por muchos años al general Humberto Ortega Saavedra.
DE CAMIONERO A ESCOLTA
Nacido en Granada, hace 58 años, acompañó desde niño a su madre Elena Acevedo Molinares en el oficio de vender pan. Hermano de tres varones más y dos mujeres, trabajó desde los 12 años como ayudante de mecánica, entregando en bicicleta productos de una farmacia.
Luego con su hermano Hernaldo, estuvo dos años donde el Padre Fabretto, en San José de Cusmapa, aprendiendo diferentes oficios. Gracias al apoyo de la familia Vargas–Guzmán viajaron al Ingenio San Antonio, donde su madre era cocinera del Ing. Edgard Vargas.
Donald se expresa de esta familia con mucho agradecimiento. En el ingenio se desempeñó en diferentes labores hasta de tractorista y mecánico. Luego trabajó como chofer de transporte pesado en Bosche–Lacayo y CISA.
Para 1979 durante la insurrección, estando en Granada, colabora como conductor del Dr. Claudio Picasso Ardito, conocido en la guerrilla urbana como “106”; conoce luego al que llegaría a ser Inspector General del Ejército, el ahora en retiro mayor general Osvaldo Lacayo Gabuardi. Al tiempo se le asigna como conductor del comandante Joaquín Cuadra Lacayo, Jefe del Estado Mayor General y dos meses después del comandante Humberto Ortega Saavedra, Comandante en Jefe del EPS.
“Estuvimos viviendo más de dos meses en el Hotel Intercontinental”, cuenta “El Gato”, “después en Bolonia, hasta que nos instalamos en la Carretera a Masaya. Recibí un entrenamiento y en julio de 1980 me dijeron que me preparara que iba a ser el chofer del comandante Fidel. Se prepararon tres carros Mercedes Benz, todos pintados en color azul, vidrios polarizados, iguales para en la marcha cambiar de posición y despistar, por el radio yo indicaba los cambios”.
“Anduvimos en muchas partes, era muy cansado, a veces tenía que tomar tiamina. El que más anduvo con él era el comandante Humberto, sólo los dos en el asiento de atrás, platicando, yo manejando, a veces se montaba adelante otro comandante de la Dirección (del FSLN)”, relata Donald, hurgando en el recuerdo.
Agrega que durante todos esos años también fue conductor del líder vietnamita Phan Van Dong, sucesor de Ho Chi Ming; el asesinado Presidente de Grenada, Mauricio Bishop; al General de Ejército, Raúl Castro Ruz; tantos años conduciendo o como jefe de escolta del general Humberto Ortega Saavedra. Acompañó por diferentes países al entonces Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra.
Donald menciona nombres de personas y remotos lugares, entrecierra los ojos y guarda silencio como si lo que ha relatado fuera una fantasía, algo que nunca existió y que nada tiene que ver con quien transporta ahora parte de la basura de Managua.
Después de 1990, Donald pasó a retiro con el grado de capitán. Recibió algunos medios para trabajar en transporte pesado, pero no pudo competir. Finalmente entrando a Managua, en la Cuesta del Plomo, se le volcó el camión y tuvo que malvenderlo. Desde entonces ha pasado muchas dificultades, hasta que hace un año fue contratado para manejar un camión recolector de basura en la Alcaldía de Managua.
Ante ese historial, las preguntas son obligadas. ¿Y qué viste? ¿De qué hablaban? ¿De qué te acordás? ¿Humberto y Fidel, por ejemplo? Donald abre la boca y pareciera que saldrá un torrente de interesantes relatos, anécdotas y diálogos que marcaron una época intensa para Nicaragua.
Ya cuando ha absorbido la atención y se espera la respuesta, sonríe maliciosamente y con sus manos va tapándose la boca, los ojos y oídos para decir que ante esas preguntas “los gatos maullamos, no hablamos”.
CASO DE LA CASA
Hace como 22 años, según los términos de la época, le fue “asignada” una casa en la Carretera a Masaya. Con el tiempo, este chofer de un camión recolector de basura de la Municipalidad, se convirtió en vecino del alcalde Herty Lewites. Apenas un muro los separa. Durante años vivió tranquilo con su esposa Soledad Medrano Solís y sus cinco hijos, uno de ellos discapacitado. Así llegó 1990, año en que el FSLN perdió las elecciones y se dieron las leyes de la propiedad.
“Me dijeron que hiciera el volado de firmar como que era mía la casa para que no la agarrara el nuevo gobierno. Con la otra no iba a haber problemas, se pondría a nombre de mi esposa, si se daban clavos íbamos a decir que nos habíamos peleado, estábamos separados y por eso vivíamos cada uno en su casa. Yo me confié y firmé. Con el tiempo me pidieron otra firma, me dijeron que era para devolverla al Ejército. Hasta allí supe”, agregó.
“¡Testaferro!, que voy a saber lo que significa esa palabra si nunca la había oído. Si apenas medio estudié en San José de Cusmapa, donde el Padre Fabretto. Cuando busqué a un abogado amigo y le conté el problema, me explicó que me habían embarcado y usado como testaferro, por eso no me dan la solvencia. Dijeron que teníamos dos casas. Ahora estoy en el aire”, fue parte del relato de Donald José Salazar Acevedo, “El Gato”.
La solvencia de la OOT para la casa a nombre de Soledad Medrano Solís fue negada. La razón ha sido que el esposo, Donald José Salazar Acevedo, aparecía con otra casa propiedad que ya fue vendida, sin embargo la OOT marcó a Donald y su familia peor que si fuera un fierro candente que se pone en la piel del ganado.
“Por un tiempo me prometieron que me ayudarían a sacar la solvencia. Después ni por teléfono los conseguía. Por último le dijeron a la Soledad que mucho jodía y me la hicieron llorar. Yo he sido un hombre leal y fiel, espero que no me abandonen”, dijo finalmente “El Gato” con los ojos humedecidos.
CON EL PAPA JUAN PABLO II
“Manejarle al Papa Juan Pablo II del Aeropuerto al CAS (Centro de Convenciones César Augusto Silva), fue para mí una gran emoción. No me sentí nervioso, sentí que era una gran responsabilidad, para mí era tan grande que ni lo volvía a ver por el espejo retrovisor, sólo miraba de frente, pensando a quien llevaba. Me duele que me perdieron las fotos donde estoy con el Papa”.