- El Banco Mercantil despojó a productores de sus fincas para vender a Agrozelsa, “empresa” de Tirso Moreno, lo que le sirvió para adquirir un crédito del mismo banco por medio millón de dólares. Esta es la historia de dos de esos productores, cuyos bienes fueron despojados para iniciar un sórdido negocio
Roberto Orozco B. yLuis Eduardo Martínez [email protected]
ÚLTIMA ENTREGA
RÍO BLANCO—. Don Miguel Ángel Bucardo Polanco fue uno de los más prominentes ganaderos de la zona de Río San Juan. Era todo un hacendado, de los más ricos. Él fue uno de los que el Banco Mercantil expropió ilegalmente y, ahora, sobrevive gracias a una pequeña distribuidora que montó en su casa, al alquiler de una gasolinera a Petronic y a las ganancias del restaurante de su esposa, ubicado a la salida hacia Mulukukú. Su caso, es el más ilustrativo de todos.
También, está el caso de Víctor Hugo Traver, a quien el Bamer despojó de su finca Rancho Alegre, de 750 manzanas de extensión y otras cinco propiedades. Al igual que Bucardo, él también fue un prominente productor que ahora sobrevive por los ingresos que obtiene de su pulpería y de un molino que instaló en el garaje de su casa en Matagalpa.
Ambos casos se parecen, pero tienen una diferencia. En el de Bucardo, la expropiación fue ilegal, porque el Bamer le vende su finca a Agrozelsa sin que existiera alguna cesión, donación, venta o cualquier otro tipo de acción legal por la que Bucardo haya traspasado al Bamer. Y, además, porque Bucardo pagó todos sus créditos que adquirió del Bamer, según certificación otorgada por el registrador de la Propiedad de Matagalpa, Armando Castro Flores.
En cambio, Traver sí fue expropiado legalmente porque, según los archivos y su propia versión, el Bamer lo embargó judicialmente sólo porque se retrasó en una ocasión en el pago de su crédito de 750 mil córdobas y otro de 346 mil, 680 córdobas, adquiridos el 29 de septiembre y el 10 de marzo de 1993 respectivamente.
Sin embargo, como Traver firmó el contrato crediticio, el cual, todos los bancos diseñan jurídicamente para que el deudor quede en completa indefensión, porque renuncian hasta a su domicilio, cuando quiso reestructurar su deuda y hablar para que le dieran prórroga, el Bamer consideró que no había más que hacer y lo sometió a juicio.
Lo anterior a pesar de que la razón por la que Traver no había pagado, es porque en dos ocasiones fue secuestrado por bandas de rearmados, en marzo de 1994. Sólo en uno de los secuestros, para que lo dejaran en libertad, la familia de Traver pagó más de 80 mil córdobas y otros 10 mil que le robaron a la hora del plagio. El Bamer no consideró esto.
LA HISTORIA DE BUCARDO
Bucardo compró la finca El Garrafón a su hermano Armando, el 14 de agosto de 1985, a un precio de 100 mil córdobas, según consta en escritura pública número 174, autorizada en Matagalpa a la 1:30 de la tarde por el notario Evenor Centeno Chavarría. El 20 de noviembre de ese año, inscribió la finca en el Registro de la Propiedad de esa ciudad, bajo el número 29975, asiento cuarto, folios del 50 al 51, del Tomo 110 de esa oficina.
A partir de 1994, Bucardo constituye varios créditos hipotecarios con el Bamer, representado en ese entonces por Oscar Martín Aguado Argüello. El más grande lo obtiene el 28 de abril, por un monto de 2 millones, 590 mil córdobas. El 5 de mayo logra otro crédito por 750 mil córdobas. Todos fueron pagados.
“Se hace constar que el señor Miguel Ángel Bucardo Polanco, cuando adquirió la propiedad, realizó varios préstamos, entre ellos al Banco de América, los cuales el señor Bucardo Polanco los canceló en su oportunidad; también hizo préstamos al Banco Nacional de Desarrollo, los cuales también canceló en su oportunidad y también hizo préstamos al BAMER S. A., los cuales también se encuentran cancelados en su oportunidad. No teniendo deudas pendientes sin cancelar en este Registro”, comprueba Castro, en la certificación que sobre la historia hipotecara de la finca El Garrafón, emitió a las 4:30 de la tarde del 25 de septiembre del 2002.
Sin embargo, el Bamer montó otra “jugada” para lograr la posesión de la finca El Garrafón. El 9 de diciembre de 1994, la sucursal bancaria de esa entidad en Matagalpa, extrañamente representada por Eduardo Sovalbarro, técnico de esa oficina, acusa criminalmente a Bucardo por desviación de prenda ante el Juzgado Penal de Río Blanco, a cargo en ese entonces del juez Federico Schneegans.
“Extrañamente” porque los empleados no tienen representación legal para emprender acciones judiciales, solamente los representantes legales que en este caso pueden ser los gerentes generales o quien designe la Junta Directiva de la entidad representada.
En esa ocasión, el Bamer acusó a Bucardo de “desviar” el ganado prendado por el crédito de los 2 millones, 590 mil córdobas.
“La acusación fue falsa”, dice Bucardo, sentado en la sala de su casa en Río Blanco, bajo una imagen de Jesucristo. “Es falso porque estaba todo el ganado, 1,227 reses que estaban en El Garrafón y otra finca mía en Cuatro Esquinas”, agrega.
“Cuando Eduardo Sovalbarro y Sergio Rivera (otro técnico del Bamer-Matagalpa) llegaron a mi finca a notificarme, ellos dijeron que traían orden de Martín Aguado para hacer todo eso. No desvié la prenda porque yo tengo recibos del ganado que ustedes trajeron, porque el técnico me firmaba esos recibos”, aseguró Bucardo que le dijo en una ocasión a Martín Aguado y Haroldo Montealegre, gerente y directivo del Bamer para entonces.
Durante el desarrollo preliminar del juicio por estelionato y abigeato, lo cual se desprende por la supuesta desviación de prenda, el juez Schneegans giró orden de captura contra Bucardo y éste echó a huir a Rivas.
Bucardo es un hombre de bajo nivel académico. Solamente aprobó la primaria. “En mis tiempos, nuestros padres preferían que sus hijos trabajáramos la tierra y no que estudiáramos”, dice. Por eso no comprendió la dimensión de su acto, el huir le trajo más problemas.
El juicio fue promovido por la parte acusadora hasta cierto punto. No hubo condena en contra de Bucardo y, como dijo su abogado, quien prefirió el anonimato, la acción perseguía solamente adueñarse del ganado y no que la justicia aclarara. En efecto, según los folios del expediente número 195-94, el juicio termina cuando el juez Schneegans autoriza al Bamer a ocupar las 1,227 cabezas de ganado a Bucardo, el 28 de abril de 1995.
El ganado fue luego subastado en Matagalpa y vendido a precio inferior, cuando, por él mismo, el Bamer pudo pagarse de un solo los 2 millones, 590 mil córdobas que aducía aún le debía Bucardo. Era ganado puro, vaquillas forras, regegos, vaquillas de vientre, terneros machos y otros tipos.
Lo peor, del producto de la subasta pública, ni un centavo de córdoba fue aplicado a ninguna de las deudas que en ese entonces mantenía Bucardo con el Bamer.
LA TRANSACCIÓN ILEGAL
La huida de Bucardo a Rivas fue aprovechada para que, de la noche a la mañana, y sin que mediara una acción judicial, el Bamer, siempre representado por Aguado, vende a Agrozelsa, representada por Tirso Moreno, la finca El Garrafón, el 4 de noviembre de 1997, según escritura pública número 269, autorizada en Managua a las 5:05 de la tarde por el notario Mauricio Téfel González. La escritura dice que la venta se realizó y que Moreno pagó un total de 150 mil córdobas por la propiedad.
El 18 de diciembre de 1997, Agrozelsa se inscribe bajo el asiento quinto como nuevo propietario de la finca.
Aquí es donde comienza lo raro. El día de la venta ilegal que el Bamer hace a Agrozelsa, el mismo notario, Mauricio Téfel González, en esa misma escritura, autoriza otros propósitos.
Así, el 4 de noviembre de 1997, Téfel da fe de que el Bamer considera cancelado los créditos que adquirió Bucardo por 2 millones, 590 mil córdobas y 750 mil córdobas.
También, Agrozelsa constituye a favor del Bamer hipoteca en primer grado sobre la misma finca por dos créditos: uno por 150 mil córdobas y otro por 4 millones, 350 mil córdobas, lo que hacen un total de 4 millones, 500 mil córdobas.
Téfel confirmó que hizo esa escritura con varios propósitos, pero aclaró que ello no representa ningún ilícito, porque, como dijo a LA PRENSA, “una escritura puede servir para varios propósitos, sin que haya contradicción en Derecho”.
Nueve meses después, el 2 de diciembre de 1998, el Bamer modifica el crédito a Agrozelsa y lo inscribe hasta por un monto de 467 mil, 135.67 dólares. En el Registro de la Propiedad de Matagalpa, nunca aparece que Agrozelsa, representada por Tirso Moreno, haya cancelado ese préstamo.
Por el contrario, el 15 de diciembre del 2000, el Bamer vuelve a adquirir El Garrafón por medio de subasta pública que se hace luego de juicio ejecutivo hipotecario en contra de Agrozelsa, promovido por el doctor Juan José Martínez Barrera, en su carácter de apoderado general judicial del Bamer. Pero esta vez la demanda es por 580 mil, 23.80 dólares, según certificación librada por la doctora Zoraida Sánchez Padilla, juez sexto de Distrito Civil de Managua.
El resto de la historia registral dice así: El 31 de enero del 2001, bajo el asiento sexto, el Bamer vuelve a ser dueño de El Garrafón. El 18 de mayo del 2002, el Estado, representado por el notario Francisco Fiallos (procurador general) compra por 9 millones, 788 mil, 971 córdobas la finca a la Junta Liquidadora del Bamer, integrada por Leopoldo Sánchez Amador, Carlos Marín Arcia y Edgar Pereira Deshon, según escritura número 52, autorizada en Managua a la una de la tarde por el notario Rosario Gioconda González Mayorga.
El 5 de julio del 2002, el Estado inscribe la propiedad a su favor en el Registro de la Propiedad de Matagalpa, bajo el asiento séptimo.
Aquí comienza el problema para el Estado. Bucardo entabló demanda judicial en contra del Bamer y Agrozelsa, el 14 de mayo de este año. El abogado de Bucardo, con jerga propia de los que ejercen esta profesión, dice que se demandó por la vía ordinaria y con acciones acumuladas de nulidad de instrumento público o escritura pública número 269 (venta del Bamer a Agrozelsa), nulidad del contrato compra-venta, cancelación del asiento registral número quinto y acciones reivindicatorias.
“Si la juez falla a favor nuestro, hasta el Estado se verá en problemas”, pronostica el abogado de Bucardo. Si es así, el Estado habrá pagado una propiedad que nunca fue del Bamer y, por lo tanto, Martín Aguado y Tirso Moreno habrían perjudicado al Estado mismo.
A «GUATE MOJADO»
Para cuando Agrozelsa supuestamente le compra al Bamer la finca El Garrafón, la manzana de tierra tenía un costo de 3,000 córdobas y, como la propiedad tiene una extensión de 3,000 manzana, la misma tenía un costo de 9 millones de córdobas, según el ex propietario Miguel Ángel Bucardo Polanco.
La tierra en Río Blanco es cara, porque ese municipio es la frontera entre dos tipos de geografías, la montañosa del centro y la plana del caribe. Es uno de los municipios donde a pocos kilómetros comienza la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), apta para ganado porque allí precisamente comienza el terreno dominado por prados, llanuras y valles, muy poco accidentado por elevaciones y, además, lluviosa. El Garrafón es una preciosidad.
El Bamer le vende a Agrozelsa la finca Rancho Alegre, el 4 de noviembre de 1997, según consta en la misma escritura 269 que el notario, Mauricio Téfel González, autorizó en Managua a las 5:05 de la tarde y por medio de la cual se hicieron otros actos. El precio de la venta fue por 4 millones, 350 mil córdobas.
UN DETALLE CLAVE
Piero Coen Montealegre no era presidente de la Junta Directiva del Bamer cuando constituyó con Tirso Moreno la sociedad Agrozelsa, lo cual ocurrió en 1997, confirmó LA PRENSA. Coen, entró al Bamer en el 2000, y disolvió la sociedad con Moreno poco después de haberla constituida, por lo que no participó en la operación de despojo.