Estado y estadio

Raúl Martínez [email protected] Tanto Daniel Ortega como Arnoldo Alemán han convertido el Estado en un estadio, donde solamente ellos quieren jugar el partido. El tiempo de juego lo fijan ellos y lo pueden cambiar en cualquier momento, los jueces son seleccionados por ellos y juegan en diferentes estadios (Juzgados, Fiscalía, Corte Suprema de Justicia, Consejo […]

Raúl Martínez [email protected]

Tanto Daniel Ortega como Arnoldo Alemán han convertido el Estado en un estadio, donde solamente ellos quieren jugar el partido. El tiempo de juego lo fijan ellos y lo pueden cambiar en cualquier momento, los jueces son seleccionados por ellos y juegan en diferentes estadios (Juzgados, Fiscalía, Corte Suprema de Justicia, Consejo Supremo Electoral etc.).

Como los jugadores son muy valiosos y difíciles de sustituir, se les tiene que proveer de lujosos vehículos de millonario, tanto al jugador como a sus familiares, por su seguridad se les debe dar choferes y guardaespaldas, por el arduo trabajo que realizan (llegan al estadio, marcan y se van) se les debe proporcionar abundante combustible para que los explotados jugadores se puedan distraer en restaurantes, lujosos balnearios, hermosas haciendas y otros pasatiempos favoritos.

Para estimular más al jugador algunos de sus familiares son contratados en el estadio, pasando las bolas y bates, haciendo propaganda al equipo y similares. Cuando los jugadores son importados se les pagan salarios superiores a US$15,000 para que no se vayan a otra liga y debiliten la nuestra, además de boletos frecuentes para que visiten a sus familiares en el exterior.

Los fanáticos (pueblo) no necesitan ir físicamente al estadio, pues ambos equipos utilizan la tecnología de punta como la televisión, la radio y el periódico para que puedan observar lo que sucede en cada juego y en cada estadio. Los que quieren ver el partido no tienen que pagar a la hora del juego, pues se paga en forma diferida a través del presupuesto general de la república, los impuestos y el precio de lo que consume.

En conclusión, ambos dueños de los equipos han convertido en un estadio al Estado y no dejan jugar a los equipos centroamericanos.  

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