Edgard Rodríguez C. [email protected]
Después de algunas exploraciones en el Lejano Orien- te, los Gigantes estaban convencidos de haber descubierto una “huaca” en Japón. Firmaron tres jugadores, entre ellos Masanori Murakami, quien el 23 de septiembre de 1964, se convirtió en el primer nipón en Grandes Ligas.
Pero lo que suponían sería una mina, se tornó un problema de alcance internacional, al intervenir incluso el gobierno japonés obligando el regreso de Murakami.
Murakami fue una sensación y cerró aquel septiembre de 1964 con 1-0 y 1.80, más 15 ponches en 15 entradas.
El temor de las autoridades asiáticas consistió en que tras el éxito de Murakami, habría un éxodo de jugadores hacia EE.UU. que diezmaría a los equipos de aquel país.
Murakami debía regresarse, pero los Gigantes tenían un contrato que lo ataba a ellos. Intervino el comisionado Ford Frick y suspendió las relaciones entre el béisbol japonés y el de EE.UU.
Al final, jugó la temporada de 1965, a condición de irse a Japón en 1966. Y así fue. Terminó con 4-1 y 3.75, con 8 rescates, más 85 ponches en 74.1 innings.
De regreso a su país, el zurdo calificado como un curvista fantástico, tiró durante 17 años y logró récord de 103 triunfos y 82 derrotas.
Luego hubo que esperar hasta 1995, cuando Hideo Nomo se volvió la sensación con los Dodgers.
Así vimos desfilar a Mac Suzuki, Shitegoshi Hasegawa, Masato Yoshii y Tsuyoshi Shinjo y los aventajados Kazuhiro Sasaki y Kazuhisa Ishii, entre otros.
Pero el mejor producto que ha llegado desde aquel país es Ichiro Suzuki, de espectacular desempeño con Seattle.
Ahora la promoción es para Hideki Matsiu, el artillero a quien apodan “Godzilla” y que viene de meter 50 HR con .334 y 107 remolques.
En 10 campañas, Matsiu ha pegado 332 jonrones y ha sido Más Valioso en 1996, 2000 y ahora. Se cree que está listo para el big show.
Nadie sabe qué tal resultará, pero lo cierto es que tendrá una atmósfera menos tensa que la que le tocó a vivir a Murakami.