Luis Sánchez S.luis.sá[email protected]
En algunas de sus últimas ediciones LA PRENSA informó ampliamente sobre el caso de las becas pagadas con fondos del Estado, que en algunos casos son asignadas a hijos de altos y muy bien pagados funcionarios públicos. Además, esas informaciones han puesto en evidencia que en la asignación de las becas estatales algunas universidades son más favorecidas que otras, sin explicación oficial del porqué.
Por su propia naturaleza, las becas son para que puedan estudiar jóvenes de escasos recursos económicos, que de otro modo no podrían hacerlo, y su origen se remonta a una antigua costumbre judía.
Según el Diccionario de la Lengua Española, beca era “la faja que como insignia llevaban los estudiantes sobre el manto, y que iba cruzada en bandolera por el pecho y la espalda. Hoy sólo se usa en actos académicos solemnes”. Y agrega que era también una “Especie de chía (manto negro que también se usaba para demostrar el luto) de seda o paño que colgaba del cuello hasta cerca de los pies, y que usaban sobre sus lobas (sotanas) los clérigos constituidos en dignidad”. La loba o sotana era el traje ordinario de los sacerdotes, pero también, junto con un bonete y un capirote constituía la vestimenta formal que los estudiantes y otras personas debidamente autorizadas (los docentes, por ejemplo) debían lucir fuera del colegio.
Por su parte, el muchas veces citado Joan Corominas dice en su Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana que la beca era un “vestido que bajaba de la cabeza hasta las espaldas, llevado por ciertos clérigos” y que esta palabra pasó a formar parte del idioma castellano a fines del siglo XV. Explica Corominas que posteriormente, a principios del siglo XVII, el nombre de beca se le aplicaba a la prebenda o pensión que se otorgaba a los colegiales; y agrega que a fines del mismo siglo, beca se le decía también a una “insignia en forma de bandolera que llevaban ciertos estudiantes”, es decir, aquéllos que recibían la prebenda o pensión para estudiar y quienes de esa manera se distinguían de los que costeaban ellos mismos sus estudios.
Supuestamente la palabra beca se derivó del vocablo hebreo becah, que era una antigua medida monetaria equivalente a la mitad de un siclo (11.4 gramos de plata), y probablemente esa era la suma que se daba a los estudiantes de escrituras sagradas para que se mantuvieran mientras estudiaban. Y posteriormente con la misma palabra se designaba al distintivo que lucían dichas personas de manera visible para que se conociera su condición de estudiantes pagados.
En Nicaragua la primera legislación sobre las becas estatales se dictó en abril de 1925 (“Ley de requisitos para estudiar en el extranjero por cuenta del Estado”). Y después, en marzo de 1940, el gobierno aprobó un Reglamento para la asignación de las becas en el que se estableció como primer requisito para obtenerlas, “ser pobre y de buena conducta”.
Por cierto que en 1967 el entonces ministro de Instrucción Pública, Dr. Ramiro Sacasa Guerrero (fundador del PLC, pues aunque parezca mentira este partido fue creado por liberales de principios que eran personas íntegras), prohibió que las becas para estudiar en el extranjero se concedieran a estudiantes de familias pudientes. “Que estudien en Nicaragua, y si quieren hacerlo afuera que paguen de su bolsillo”, dijo el doctor Sacasa.