Edgard Rodríguez C. [email protected]
No es fácil reemplazar a un ganador.
Recuerdo que cuando los Dodgers recurrieron a Tom LaSorda para sustituir al venerable Walter Alston, Jim Murray, de Los Angeles Times escribió que la jornada del novel timonel era similar a la de un payaso que intenta atraer la atención en un show, después que ha hablado un perro.
El reto de Felipe Alou, quien desde ayer se ha convertido en el nuevo manager de los Gigantes, no es exactamente igual al de LaSorda, pues se trata de un timonel construido. Pero su aterrizaje en San Francisco, ocurre justo después que Dusty Baker llevó al equipo a la cúspide del juego.
La última vez que un conjunto había tenido cambio de manager después de una campaña exitosa, había sido en 1973, cuando Dick Williams decidió retirarse luego de ganar la Serie Mundial con los Atléticos y Alvin Dark apareció en el timón al año siguiente. Algo similar sucede ahora.
Baker, un timonel de color, fue siempre conceptuado como un notable dirigente, hábil en el trato con sus jugadores y muy preciso administrando el pitcheo. Eso mismo se dice de Alou, quien a diferencia de Dusty, no tuvo en Montreal un conjunto talentoso que le permitiera triunfar.
Alou, quien dirigió a Denis Martínez en los Expos y a Félix Moya en Clase A, tiene la fama de conseguir exprimir al máximo el potencial de sus peloteros, tras descubrir sus virtudes y orientar su rol desde la perspectiva más favorable para los intereses del equipo y del propio jugador.
Pero además, para Alou, San Francisco tiene un significado muy especial. Ahí jugó en seis de sus 17 temporadas en las Mayores, en las que resumió .286, con 206 jonrones y 852 empujadas. En esa ciudad, Felipe se unió a sus hermanos Jesús y Mateo y los tres jugaron el outfield a la vez.
Después de haber retenido al gerente Brian Sabean y haber contratado a Alou, la pretensión de los Gigantes es recuperar a Jeff Kent. Mientras eso ocurre, aquí esperamos que la fórmula Alou-Benard, funcione como al principio percibimos su entendimiento con Dusty Baker.