Sobrevive al divorcio de tus padres

Amparo [email protected] Del divorcio, ni las famosas escapan. Cuando Britney Spears se enteró del divorcio de sus padres, no pudo evitar la depresión. Al punto que tomó “vacaciones” para digerir el nuevo “dolor”. En cambio la actriz Angelina Jolie lejos de sumarse en su melancolía, desde niña se las arregló para aprender a vivir sin […]

Amparo [email protected]

Del divorcio, ni las famosas escapan. Cuando Britney Spears se enteró del divorcio de sus padres, no pudo evitar la depresión. Al punto que tomó “vacaciones” para digerir el nuevo “dolor”.

En cambio la actriz Angelina Jolie lejos de sumarse en su melancolía, desde niña se las arregló para aprender a vivir sin su progenitor a quien, hoy día, sigue viendo con un rencor que tira a aborrecimiento.

Pero eso no es todo. Para la actriz nicaragüense Carla Pérez López (éste no es su verdadero nombre), de 26 años, la separación de sus padres implicó un shock que sólo logró superar en la etapa de la adultez.

“Mirá, cuando mis padres se separaron yo tenía seis años. En esta época lo más difícil para mí no fue tanto el divorcio en sí, sino la forma en que lo realizaron porque ni a mi hermano ni a mí nos tomaron en cuenta.

“Ellos en ningún momento nos prepararon, no nos incluyeron. De repente hoy estaba viviendo con mi mamá. Y al día siguiente ella ya no estaba, ni siquiera había un recuerdo suyo. Para mí eso fue un shock, te lo juro”, confiesa Pérez.

Según su relato, lo anterior desencadenó en una confusión y en cambios en su conducta. “Por un lado estaba atiborrada de mensajes, ya que la familia siempre estaba culpando a uno de mis padres y a la vez me decían que tenía que quererlos; y por otro lado no sabía qué hacer. Yo me volví agresiva, rebelde, vaga porque permanecía más en la calle o en la casa de mis amigos que tenían a su madre”, cuenta.

En plena adolescencia la cosa empeoró. “La relación con mi mamá fue pésima. Yo le tenía mucho resentimiento porque me habían inculcado que ella era la culpable. Fue hasta que ya no aguanté, que decidí enfrentarla y hablar sobre el tema”, señala. Pero eso le llevó años.

A como entrás, salís

De acuerdo a Eudilia Molina, especialista de la conducta, el problema del caso anterior se pudo haber resuelto con pura comunicación. “Los hijos nunca deben excluirse en estas situaciones porque ellos son los principales afectados a la hora de una separación. Especialmente en el aspecto afectivo”, indica.

A criterio de Molina, esa “inclusión” reduce el impacto del divorcio en los hijos. “Porque los prepara, y les hace entender las razones de esa opción. De manera que el asunto se les hace más digerible y se evitan muchos rencores. Por chiquitos que sean siempre es recomendable hablar”, sostiene.

Por otro lado enfatiza que los padres nunca deben alejarse de los hijos. “Divorcio de la pareja nunca debe significar divorcio de los hijos. Por el bien de los chavalos ninguno debe poner trabas en este sentido. Además no se debe permitir que la familia (parientes, hermanos, padres, abuelos) se inmiscuyan e intenten lavar el cerebro a los hijos. Si esto ocurre, los hijos deben comunicárselo a sus padres. En esto, los dos (tanto el hombre como la mujer) deben poner cartas en el asunto”, subraya.

Para la especialista, un buen divorcio depende de la sensatez de la pareja. “Así como se juntan deben separarse. Y así como toman su tiempo con reuniones de convivencia en pareja deben tomar sus días para ver si la decisión del divorcio es la mejor opción”, comenta.

Aunque insiste que esta medida debe ser el último recurso. “Sólo cuando ya no hay amor es justificable y en este caso debe realizarse con el consenso. Los hijos pueden aprovechar este diálogo para hacer todas sus preguntas del caso”, recalca.

El divorcio conflictivo

Sin embargo, en Nicaragua la realidad sigue siendo otra: “por muy profesionales que sea la pareja siempre tienden a hacer las cosas más difíciles a la hora de la separación porque intentan encarar la miseria de la relación (inconscientemente) a costa de los hijos”, revela la investigadora y periodista Sofía Montenegro.

Tamara Gómez tiene 14 años y vive esto en carne propia. Ella cuenta que hace dos años sus padres se divorciaron. “Mi hermanita y yo vivimos con uno de mis padres y las cosas no son las mismas”, relata.

Ella continúa: “Antes los dos salían con nosotros, estaban pendientes de las tareas y teníamos una empleada que pasaba lo necesario con nosotros. Ahora vemos a mi mamá por la noche y a mi papá de vez en cuando. Ellos poco se hablan y vivimos con una familiar. Con esta persona pasamos todo el santo día, siempre rodeado por sus amigos o amigas que entran y salen como si estuvieran en casa propia”, señala.

Pero esto no es todo. Tamara ha cambiado. Ahora le gusta llevar la contraria en todo, pelea mucho con su hermana, es amante de la música que ella llama “cruel” y lleva malas calificaciones.

¿Qué hacer en estos casos?

“Vuelvo a repetir —reitera la psicóloga— aquí se necesita una comunicación con la pareja. Aquí el hombre y la mujer deben dejar las cosas claras pensando en qué es lo mejor para los hijos y hablar con ellos. Y los hijos deben expresar lo que sienten.

“Por otra parte no es recomendable que pasen poco tiempo con los hijos, porque pierden su amistad, su confianza. Tampoco es sano que los amigos de la familia se apropien de la casa porque están invadiendo la privacidad de esas niñas. Ellas prácticamente carecen de privacidad, y pueden crecer con sentido de ausencia de ésta. Aquí las niñas deben abogar por el respeto a su espacio”.

Sus consejos suenan como un ideal porque los hijos están en manos de los padres…

“Sí, pero esto ocurre por la falta de atención psicoterapéutica. Insisto, lo sano para evitar secuelas severas en los hijos es hacer la separación con mutuo acuerdo y con la atención por parte de un profesional de la conducta”.

De no hacerlo ¿cuáles serían las secuelas?

“Bueno, en estos casos los chavalos se vuelven violentos e irrespetuosos porque han interiorizado esa guerra entre sus padres. En el caso de los menores, se observan sobresaltos en la cama; camas mojadas por sus orines y malacrianza. Incluso las niñas hasta se alejan de los amiguitos y hay niños que hasta muerden a sus compañeritos”.

¿Qué pasa con los adolescentes?

“Se vuelven irrespetuosos, irresponsables e independientes, pero sin tomar en cuenta a los padres (como es el caso de Tamara). Además se tornan rebeldes y suelen hacer cosas que antes no hacían: por ejemplo se visten de forma diferente; se llenan de amistades con las cuales confunden los valores y los criterios transmitidos por los padres.

“Esto los desubica, los mete a vicios o pandillas. El carácter les cambia completamente sean introvertidos o extrovertidos. Los jóvenes ven a las muchachas como objeto. Y las jovencitas desarrollan el síndrome del divorcio al interiorizar que están dispuestas a separarse si llegan a juntarse con algún varón porque hay odio… todas éstas son manifestaciones que uno nunca sabe en qué van a aflorar”.

Ante el padrastro o madrastra

En el libro “La Cultura Sexual en Nicaragua”, Montenegro manifiesta que la cultura nicaragüense tiene un modelo monogámico serial. “Esto indica que la mujer o el hombre, tras que se separa va tras otra compañía. Esto es tan viejo como la conquista”, revela.

Al menos para Antonio Díaz, de 17 años, esto es algo real. “Cuando mi mamá se dejó con mi papá ellos se buscaron otra pareja. Yo me quedé con mi papá porque era varón y porque mi mamá se fue del país. Y ni modo me tocó aguantar a mi madrastra con quien me llevo más o menos porque me molesta que actué como si fuera mi mamá”, cuenta.

La experta en conducta confirma que con el padrastro o la madrastra la situación del hijo ante el divorcio se complica más. “Especialmente cuando es impuesto (a como ocurre con el caso anterior)”, recalca.

“El problema con esta figura es que nunca es convenida. Siempre es impuesta, por eso los hijos tienden a rechazarla inmediatamente. El peor error que puede cometer cualquier persona divorciada es aparecer de repente con otra pareja en la familia, porque esto acentúa el dolor en los hijos y los vuelve resentidos”, expresa.

“A mi juicio, lo lógico es que esta nueva figura sea comunicada con los hijos, pero eso sí, éstos deben respetar la decisión del padre o la madre e intentar conocer al padrastro o madrastra, sin hacer valoraciones a priori”, aclara.

“De paso la nueva figura debe ser anuente para recibir atención psicológica junto a la familia que quiere ser parte, entendiendo que no va a sustituir al padre o a la madre sino que su papel lo va a desarrollar como un amigo o amiga de los hijos. Así se evitará muchos dolores de cabeza y muchas frustraciones”, apunta.

En estas frustraciones, ¿incluye el abuso…?

“Sí. Fíjate que hace poco conocí un caso donde una niña era violada por su padrastro con conocimiento de la mamá. Imaginate que la niña dormía con la madre, el padrastro lo hacía en otra cama y para violar a la menor simulaba que se levantaba a orinar, pero en vez de hacerlo ultrajaba a la niña allí mismo”.

Sabías que…

La investigadora y periodista Sofía Montenegro, sostiene que en Nicaragua desde el tiempo de la Colonia la gente se empareja entre los 15 a 20 años de edad, y en la mayoría de los casos, en uniones de hecho.

Incluso señala que el ideal de la pareja católica no es común en el país. “Aunque todo el mundo lo diga, en realidad no existe. Es la minoría la que permanece con la pareja que inició su vida marital”, detalla.

A lo anterior agrega el asunto de la unión. Ya que ésta tiende a permanecer invicta durante cuatro años. Las parejas que más permanecen juntas lo han logrado sólo por 10 años.

Otro punto que revela, es que los divorcios se dan: por mutuo acuerdo, por abandono de la pareja y por conflictos. Siendo las causas principales la infidelidad y la falta de responsabilidad del hombre.

A juicio de la experta, las rupturas obedecen, no tanto por un cambio de valores, sino por fenómenos como las migraciones (especialmente en las últimas dos décadas) que desunen a las familias (ya que o se van para Costa Rica o para Estados Unidos).

Va en aumento

También indica que el divorcio aumenta en el mundo entero porque hay una crisis en el viejo modelo de pareja. “Hay crisis de la familia patriarcal donde el hombre tiene potestad en mujer e hijos. Pero con el propio proceso de democratización en el mundo, cada vez hay menos mujeres que toleran estar metidas en esta situación profundamente autoritaria”, revela.

Por otro lado , en el caso de Nicaragua, existe el establecimiento del divorcio unilateral que facilita a la mujer divorciarse con menos trabas. Hecho que para Montenegro es sano ya que de alguna manera se disuelven las relaciones patológicas y se encaran la “miseria” en las relaciones interpersonales.

Lo anterior conlleva, a criterio de la investigadora, a una vida mental sana para los hijos y la familia en general. Pero además visualiza que la tendencia actual es el establecimiento de uniones de hecho, de manera que el divorcio en los próximos dos años no será tan sustantivo, al menos en términos jurídicos.  

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