Roberto Rojas MonroyEFE
BOGOTÁ.- El narcotraficante colombiano Gilberto Rodríguez Orejuela “El Ajedrecista”, jefe máximo del antiguo cártel de Cali, ganó la partida más importante: una batalla jurídica contra el reloj y gozó el viernes de su primer día de libertad en un lugar desconocido.
El confeso mafioso debió ser liberado por la justicia colombiana, a menos de tres horas de que venciera el plazo legal, después de que una jueza acogió un recurso de “hábeas corpus” presentado por su defensa.
La televisión colombiana interrumpió sus programas y, en directo, mostró a un hombre algo obeso, enfundado en un jersey blanco, con pelo muy corto y también lleno de canas, bamboleándose en medio de una nube de periodistas, cámaras y sus propios guardaespaldas, que no ahorraron empujones contra la prensa.
El hombre que dirigió “un imperio”, que logró infiltrarse con su dinero y ambiciones en la banca, en la industria, en el comercio y en la clase política, entre otros, huyó del remolino de los periodistas tras ingresar literalmente alzado por los guardaespaldas a un vehículo blindado.
Rodríguez Orejuela se perdió en la oscuridad de la noche en su vehículo, que fue seguido por otros, de escoltas y familiares.
Atrás, en una celda, quedó su hermano Miguel, quien no pudo ser favorecido por la justicia, tras recibir una condena adicional esta semana, por intento de soborno de un juez.
La carrera contrarreloj de los hermanos se inició el pasado 13 de septiembre cuando fueron trasladados desde la cárcel de Palmira, suroeste, a la de Cómbita, centro del país, a unos 140 kilómetros al nordeste de Bogotá.
El 27 de septiembre la defensa pidió a un juez la libertad por “cumplimiento de penas y derecho a ese beneficio”.
El pasado 1 de noviembre, el procurador general, Edgar Maya, reveló que los hermanos estaban a punto de recuperar su libertad.
Se inició entonces un recorrido por despachos judiciales, se escudriñó en todo cajón de la Fiscalía y en las altas cortes, y el mismo presidente colombiano, Álvaro Uribe, a quien el Poder Judicial acusó de “intromisión”, ordenó impedir su salida de la cárcel.
A la postre, la noche del viernes, el hombre acusado del tráfico de toneladas de cocaína y de dirigir uno de los grupos criminales más poderosos del mundo, fue introducido casi al garete en un vehículo que se perdió en la oscuridad de la noche rumbo a su libertad.
JUECES NO VIERON «NADA MALO»
La jueza Luz Ángela Moncada no encontró obstáculo alguno y concedió la libertad a Gilberto, pero la negó a Miguel por una nueva condena.
El juez Pedro José Suárez, que expidió la orden de libertad, declaraba por todos los medios que su decisión se ajustaba a lo ordenado por las normas y que estaba “tranquilo”, pese a la investigación iniciada en su contra.