- Vendía tortillas para ayudar a su familia, ahora es considerado uno de los mejores jinetes del país. Logro que confiesa ha conseguido a base de perseverancia y disciplina
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Antes de “aliñarse” sobre su animal preferido, Daniel Trejos se asegura que no falta nada: el frenillo, la montura, las riendas… después procura acariciarlo sin asustarlo, lo limpia durante casi 10 minutos y es hasta entonces que lo equipa.
Tras esto, se monta sobre el lomo (ya “amortiguado”) y da rienda suelta a su entrenamiento. “Esto es de todos los días”, refiere el chavalo, y prosigue: “los jinetes siempre tenemos que estar pendientes de que el caballo no se lastime ni se sienta ofendido. La idea es que ambos disfrutemos de lo que hacemos”, precisa.
Dos años atrás Trejos era un vendedor de tortillas que ni en delirios imaginaba ser un campeón ecuestre, en juegos de saltos. “No, nunca me pasó eso por la cabeza. Yo soy hijo de un vigilante y de una echa tortillas. Además, tengo cinco hermanos más”, justifica.
¿Cómo fue que te involucraste en esto?
“Fue Roy Gaitán quien me ayudó. Como yo vivía cerca de la escuela, me tocaba vender las tortillas en el lugar, y entonces pasaba por la escuela (Haras de Albanta). Primero me llamaron para ayudarles a sembrar palitos, y allí fue cuando Roy vio que me gustaban los caballos y decidió enseñarme. En ese tiempo yo tenía 11 años”.
¿Qué tal esos inicios?
“Bueno, no fueron los mejores, porque cada domingo de práctica me daban nervios, ya que nunca había montado un caballo y eso me hacía sentir muy nervioso. Después mejoré y entré a clases los fines de semana. Así fui desarrollando la mente para montar mejor y así he ganado varios campeonatos”.
¿Por ejemplo…?
“En el 2001 fui campeón en los juegos de saltos. En esta competencia monté al ‘Mapache’, un cuarto de milla, y le gané a participantes que nunca imaginé vencer porque tenían experiencias en otras competencias internacionales. Ese día casi lloré, de la alegría. Después de esta primera experiencia he participado en otros concursos donde he quedado en los primeros lugares”.
¿Cómo has hecho para obtener tantos logros?
“Dios me ha ayudado al igual que Roy y al igual que la gente de aquí (Haras de Albanta). Además, me ha servido participar con el corazón”, comenta.
Y no es para menos. El chavalo cuenta que hasta calenturas y temores ha superado, para enfrentarse con todo aplomo a sus contrincantes. “Porque al principio temía botar un obstáculo o que se me rehusara el caballo a la hora llegada. Pero con la experiencia uno se da cuenta de que para ganar hay que concentrarse y tener confianza”, sostiene.
Pero eso no es todo. Con la equitación Trejos, aparte de ganar trofeos, dejó la venta de tortillas. Y ahora se ayuda con el cuido y el entrenamiento que da a los caballos. Además, divide el tiempo con sus estudios de educación básica. La idea, según Gaitán, es que en el futuro Trejos sea capaz de mantenerse como instructor ecuestre.
¿Qué dice tu familia de tu nueva vida?
“Mi familia me dice que siga adelante. Ellos piensan que si sigo así puedo llegar a tener una mejor vida, ganar dinero y visitar otros países”.
¿Y vos hasta qué punto te sentís satisfecho?
“Yo creo que si me dijeran que me salga de esto, no lo haría. Ya estoy metido en esto para toda mi vida”.
¿Sí?
“Sí, fíjese que ya me han pateado los caballos y aun así sigo”.
¿Qué planes tenés con la equitación?
“Si Dios me ayuda, y mientras sigamos con vida, mi meta es llegar largo”.
¿Hasta dónde?
“Hasta donde sea, pero siempre con los caballos. Pienso que si continúo como voy, y mientras me sigan apoyando, puedo llegar a competir a países como Alemania, Francia, Estados Unidos. Mi meta es llegar allí y ganar”, sostiene.
El único en la familia
Trejos es el único en su familia que siente afición por la equitación. Gracias a esta preferencia es uno de los cuatro becados de la escuela Haras de Albanta, que dirige desde hace siete años Lorena Mántica.
Roy Gaitán, su entrenador, cuenta que el chavalo compite en categorías libres porque no hay categorías para su edad. De manera que le toca codearse hasta con hombres de 30 años y sobrepasar saltos arriba del metro diez. Aún así, sobresale.
De momento el jovencito sueña con igualarse con Rodrigo Pessoa, jinete de origen brasileño, de quien admira sus buenos saltos (que superan el metro noventa), su confianza y su buena comunicación con el caballo que monta.
A los chavalos y chavalas interesados en este deporte, el campeón aconseja tomar en serio la afición, para evitar lesiones. También les recomienda equiparse el cuerpo como le corresponde a todo jinete responsable.