- Tiene 20 años de conocer este negocio. A pesar de la tecnología actual, que incluye cámaras digitales y digitalización de la imagen en los procesos fotográficos, su caja no deja de causar sensación en Matagalpa
Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL /[email protected]
Un lente en el extremo frontal de una caja de madera; al frente de éste, dos pequeñas tablas en forma de escuadra que componen el denominado “copiador”. En la parte trasera de la caja, únicamente se observa un trozo de tela que se asemeja a una manga de camisa. En uno de los costados, un cuadro con varias fotografías en blanco y negro. Es lo único visible, además del trípode metálico sobre el cual descansa la caja.
Pues bien, esa caja de madera es uno de los negocios que ocupa menos espacio y que únicamente utiliza los principios de la fotomecánica para ser un tanto rentable. Este negocio se ubica a la entrada sur del populoso Barrio Guanuca, de Matagalpa, el barrio de mayor movimiento comercial de una ciudad considerada como una de las más modernas del país, donde la tecnología de punta se abre paso.
Es la denominada “foto–rápida” o “fotos de cajón”, un negocio en el que basta una pose adecuada y una pequeña sonrisa para obtener un recuerdo instantáneo, o bien, simplemente la pose, para agilizar el trámite de documentos que requiere una o varias fotografías, a menor costo que en los estudios fotográficos modernos.
Todo el proceso de revelado se desarrolla en el interior de la caja de madera. Allí están: una cajita metálica en la que se guarda el papel fotográfico y dos pequeños recipientes plásticos. En el primero hay un poco de líquido “revelador” de negativos y en el segundo un poco de “fijador”.
DE AYUDANTE A PROPIETARIO
Don José Manuel Soza Icabalceta, de 43 años, es el dueño del negocio donde, según relata, se inició desde hace 20 años, luego de aprenderlo de otro fotógrafo, Antonio “Toño” Rivera, de quien fue ayudante en la ciudad de Jinotega.
“Toño era de aquí, de Matagalpa, pero como no le gustaba darse ‘color’ se iba a Jinotega a trabajar porque no lo conocían. Me llevó de ayudante. Yo le llamaba a los clientes y les enseñaba el muestrario (el cuadro con las fotografías) para que él pudiera tomar sus fotos y después me ‘alivianaba’ (pagaba) con algo”, relata don José Manuel.
“Viéndolo a él, fue que aprendí el oficio y luego me independicé”, añade, recordando que en 1982, cuatro fotografías tamaño carné costaban ocho córdobas, y las fotografías ‘de cuerpo entero’ valían diez córdobas.
Con sus 20 años de experiencia, don José Manuel dice que muchos clientes lo buscan para tomarse las fotografías tamaño carné que exige el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), o para tramitar portaciones de armas, récord policiales y los carnés para equipos de béisbol o fútbol, entre otros.
EFECTOS ESPECIALES
Don José Manuel Soza Icabalceta asegura estar consciente de los avances tecnológicos en los estudios fotográficos modernos, por lo que se ve obligado a innovar algunos “efectos especiales”, como fotografías al centro de un corazón, en cuyos bordes quedan inscritas algunas leyendas como: “Nuca me olvides” y “Como un recuerdo”, entre otros.
Todo el proceso de revelado se desarrolla en el interior de la caja de madera. Allí están: una cajita metálica en la que se guarda el papel fotográfico y dos pequeños recipientes plásticos. En el primero hay un poco de líquido “revelador” de negativos y en el segundo un poco de “fijador”.
Según don José Manuel, “en este pegue (trabajo) pasan sus varios ‘encabes’ (situaciones inesperadas)”, como cuando el viento le ha botado la cámara y los líquidos le han dañado el papel fotográfico, y cuando, por abrir demasiado la cámara, se le ha velado el papel o los negativos.
“Otro ‘encabe’ es que si está lloviendo no puedo hacer ningún ‘pegue’ porque se moja la gente”, relata don José Manuel.