Rosendo y sus caídas

Edgard Rodríguez C. [email protected] Lo que acontezca en el plano estrictamente personal en la vida de Rosendo Álvarez, le incumbe sólo a él. Estamos claros. Sin embargo, cuando mediante un talento tan especial como el que él posee, se logra trascender, mientras se penetra hondo en el sentimiento popular, entonces la cosa cambia. Después de […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Lo que acontezca en el plano estrictamente personal en la vida de Rosendo Álvarez, le incumbe sólo a él. Estamos claros.

Sin embargo, cuando mediante un talento tan especial como el que él posee, se logra trascender, mientras se penetra hondo en el sentimiento popular, entonces la cosa cambia.

Después de su coronación como monarca mundial en diciembre de 1995 ante Chana Porpaoin y posteriormente su magistral exhibición ante Ricardo “Finito” López en México en 1998, Álvarez creció como figura y hasta dio la impresión de ser una leyenda en construcción.

No obstante, a la par que su carrera boxística cogía altura, sus debilidades humanas también iban quedando al descubierto. Fue así como el público supo de un Rosendo distinto al bravo peleador capaz de partirse el alma y paralizar al país cada vez que subía al entarimado.

Supimos entonces de un Rosendo proclive al alcoholismo, con el hábito de mencionar a Dios en todas sus intervenciones, aunque luego hiciera cosas que difieren del Evangelio, y sin las agallas suficientes para reconocer sus dificultades y buscar la ayuda más conveniente.

Fue así como lo vimos perder un campeonato mundial en la báscula, romper con un entrenador respetable como Rigoberto Garibaldi y pelearse con un buen porcentaje de periodistas locales, mientras rechazaba con disgusto cada uno de los cuestionamientos que le hacían.

Ahora ha tenido un accidente, y de acuerdo con conocedores, escapó milagrosamente de la muerte. Las versiones del percance han sido variadas. Desde una ponchadura de llanta, hasta el hecho de conducir tomado de licor, algo que ha irritado a Rosendo.

Tomado o no, no es el punto. El punto es que su credibilidad está averiada y nadie ve con buenos ojos, que aún no se haya sometido a un intenso adiestramiento con un combate ya definido, sobre todo por las experiencias que ha vivido en el pasado con el peso.

Sé que Rosendo se puede molestar por esta columna y para mí habría sido cómodo no referirme al tema, pero escribo con la intención de alguien que sin ser necesariamente su amigo, le tiene afecto y considera que es tiempo de replantear su carrera, y mejor aún, su vida.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí