Freddy Potoy [email protected]
Hoy dedico este espacio para agradecer infinitamente a varias personas que me ayudaron a concluir mi segunda carrera: Derecho.
Estoy de acuerdo con el pensamiento de la española y cantante de ópera, Montserrat Caballé, quien considera que no por hacer bien las cosas, uno debe creer que hace algo especial. Es correcto. Pero creo necesario reconocer que este logro no lo he forjado solo. No pienso que obtener una segunda carrera profesional es algo especial, simplemente es un peldaño más. Apenas empiezo una serie de retos profesionales y personales. Sé que enfrentaré más adversidades antes de obtener más conocimiento o producir conocimiento.
Pero una de las cosas que me entristece es que mi madre, una viejita del campo que apenas cursó segundo grado y que me formó a base de coraje y orgullo, ya no miró este otro logro que ella esculpió. Murió el 14 de diciembre del año pasado. Recuerdo las noches tristes y silenciosas del campo cuando ella me decía: “Hijo, estudiá para que ayudés a los demás…” Yo, apenas estaba en segundo grado de primaria. Antes de morir ella quedó ciega y un día me arrodillé para recibir sus bendiciones y consejos. Mientras buscaba con sus manos mi cabeza, me dijo: “No dejés de estudiar, hijo, y ayudá a los demás…” Luego nos fundimos en un abrazo y me besó en la frente, diciéndome que ella se iría de este mundo, pero segura que yo seguiría todos sus consejos; y así será.
Sus palabras quedaron grabadas como letras doradas en mi mente y en mi corazón. Después de Dios, mi madre es la primera persona a quien agradezco lo que soy.
También agradezco de manera muy especial a Karla Marenco, quien en varias ocasiones me ayudó a superar obstáculos y me recordó la importancia de coronar una segunda carrera, costara lo que costara. Su apoyo sencillamente fue invaluable. Karla fue un vital punto de apoyo.
Agradezco a mis profesores Sergio Cuarezma, Alberto Novoa, Eduardo Boza, Orlando Guerrero, Ramiro Jerez, Nora Pérez, José René Orúe, Abad Valladares, Marcela Guevara, Claudio Picasso, José Jesús González y Juan Pablo Sánchez, de quienes no sólo aprendí el contenido de sus cátedras sino el lado humano de cada uno de ellos; aprendí de sus virtudes y defectos.
Me siento agradecido de mis compañeros de trabajo y de clases; de Nubia y doña Coralia, que laboran en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Centroamericana, quienes siempre atendieron expeditamente mis solicitudes de estudiante.
Las extensas conversaciones con varios abogados, jueces, magistrados de Apelaciones y de la Corte Suprema de Justicia, han contribuido a fortalecer mis conocimientos de Derecho. Hay otras personas que contribuyeron a hacer posible uno de mis anhelos. Vayan a ellas mis agradecimientos y respeto.
Recordar a mi madre y todo lo que vivimos en el campo, me hace trazar más y nuevas metas con niveles de exigencias mayores; me hace estar con la frente en alto e ir hacia el futuro. No es tiempo de descansar, sino de seguir trabajando. Gracias viejita.