La política confundida con la delincuencia

Víctor Manuel Espinoza Pao

En Nicaragua cada día se confunden los términos o se unen, a propósito, el sentido de la política con la delincuencia. Las organizaciones políticas en principio son cívicas y proponen metas de bienestar a la sociedad; la delincuencia actúa para hacerle daño a la sociedad.

El maestro educa, los partidos políticos también. Los medios de comunicación son parte de la cultura y no usar los canales legales para obtener justicia frente semejante delito sería como des-educar a la población.

El delito se debe ver a la luz del hecho y del derecho. Si el secuestro, la penetración ilegítima a la propiedad privada, la tentativa de homicidio están tipificados en el Código Penal, corresponde al juez dictar la sentencia que corresponde basado en la prueba testifical e inspección ocular.

Los hechos acaecidos en el pasado en Radio Corporación, en LA PRENSA y otros medio de comunicación, reflejan que quienes incursionaron violentamente tenían predisposición para cometer sus delitos, apoyándose en el fanatismo que debe ser ajeno a las personas civilizadas.

La Resistencia Nicaragüense en su lucha liberadora actuaba en tres dimensiones: en el área política (Costa Rica y Guatemala), en el área diplomática Europa y Estados Unidos y en el área militar en la frontera norte y sur de Nicaragua. Pero no se organizó para crear una asociación ilícita para delinquir ni para obtener beneficios personales, sino para liberar un pueblo cuyas libertades estaban cercenadas. Llama la atención que cuando LA PRENSA recupera su libertad, una persona, por su propia cuenta va a impedir la libertad de trabajo y de comunicación, a colocar el arma en el cuello a un periodista, retener a otros. Poner como escudo humano a los secuestrados es enviar un mensaje negativo a la comunidad internacional, como si Nicaragua fuera un país de cavernarios que quieren resolverlo todo a punta de pistola y de violencia.

Los periodistas y todos los nicaragüenses deben unirse para sentar un precedente. Si no hubiere sido la actuación rápida de la Policía, estaríamos lamentando la muerte de personas indefensas, cuyas armas son sus lapiceros y las computadoras.

Si el juez, la Policía y la sociedad permiten esta violencia, mañana lo que no defendimos cívicamente tendremos que hacerlo con las lágrimas del asesinato de algún periodista.

Las organizaciones políticas deberían depurar de sus filas a personas que amenazan, incitan a la violencia o hacen demostraciones de fuerza, hacer seminarios de educación ciudadana y enseñar a respetar las reglas de jugo establecidas en materia política y social.

El asalto a LA PRENSA ha sido condenado por la sociedad que repudia la violencia y siente desencanto por los falsos líderes que en forma directa o indirecta, sutil o veladamente, pretenden que haya un baño de sangre que el pueblo no debe tolerar.

Hay que llamar a cada cosa con su propio nombre y los medios de comunicación están obligados en concienciar sobre estos puntos. El delincuente es el que está señalado o tipificado en el Código Penal. Al político lo describen la ciencia política y la sociología. Los honestos son descritos por los moralistas. A los violentos los caracteriza la sicología y a los pacíficos los establece la Biblia. Llamarle de otra forma a los delincuentes o minimizar sus acciones, es convertirse en encubridores.

El autor es jurista.  

Editorial
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