Leonardo Centeno Caffarena
En una entrevista reciente, mi buen amigo el Ministro de Mific, Dr. Mario Arana, habló sobre el rol de las empresas extranjeras grandes como locomotoras halando a las MIPYME’s, el que sería producto del TLC de Estados Unidos con Centroamérica, donde los inversionistas norteamericanos harían alianzas con los nacionales.
Coincido plenamente con la visión que quiere desarrollar el Ministro, pues es la vía que le queda a un país donde muchas de sus grandes empresas han emigrado en los últimos 30 años por la dinámica en que el país se fue introduciendo, la que atentaba contra sus cadenas de valores.
Sin embargo, quisiera aportar cinco consejos que harán más efectiva la tarea que el Ministro se ha propuesto.
En primer lugar, antes que buscar que las empresas grandes extranjeras se encadenen con las PYME’s nacionales, hay que supeditar la política económica de este país al gran “norte” que se ha definido desde las gestiones del CONPES, y preocuparse porque las políticas “específicas” de las instancias como la DPYME, Zonas Francas, Promoción de Exportaciones, Competitividad, fomento a la innovación, etc. y de los Ministerios Marena y Mag-For e instituciones como el Banco Central, con todas las instituciones adscritas a ellos, se “enchufen” a ese “blanco” ya definido; de esta forma, habrá seguridad que todas las instituciones de Estado responsables del ámbito productivo estarán halando hacia el mismo “norte”.
De no lograr esto, prácticamente cada institución continuará desarrollando sus programas sin considerar las necesidades más apremiantes del país, y seguirán presas de las acciones corto-placistas que sólo resuelven los problemas de momento, y no los problemas estructurales que son las verdaderas causas de la pobreza en Nicaragua.
Segundo, y como consecuencia del anterior, hay que lograr que las instituciones de Estado que atienden el ámbito productivo de este país, en los tres sectores de la economía (primario, secundario y terciario), tomen la iniciativa no sólo en “coordinarse”, sino en articular planes de trabajo en la atención de las PYME’s, con el Mific a la cabeza, por ser el instituto responsable de estructurar la política económica.
Tercero, el Gobierno de Nicaragua debe dar el ejemplo cumpliendo al pie lo que ya se ha escrito en materia de política económica, y que es lo que se ha acordado con todos los actores de la economía nacional.
Hay que evitar inconsistencias como en las que han caído (1) el Mific con el proyecto CAT-PYME de la generosa cooperación taiwanesa, que siendo una instancia de cuarto piso, insiste en desarrollar este importante proyecto, el cual perfectamente podría ser trasladado y ejecutado por organizaciones privadas de segundo piso, y por otro lado (2) el INPYME, instancia estatal de tercer piso, con las recién lanzadas “células broker” para asistir al empresario PYME en servicios de diseño en sus productos con potencial de exportación, las que perfectamente pudieron ser licitadas a la empresa privada, o concebidas directamente en el CEI, quien es el responsable para acompañar a las empresas en la experiencia de internacionalizar sus productos.
Les llamo inconsistencias porque desde el pasado año el Mific publicó su política PYME donde explicita el rol de cada institución de Estado, y es a la vez el primero en obviarla, y reiteradas veces, junto con el INPYME; esto le resta oportunidades a la empresa privada.
Al mismo tiempo, estas acciones de parte del Estado son contrarias a una economía de mercado que gobierna al mundo, donde los estados se encogen y las acciones privadas se incrementan.
Cuarto, el Ministro habló también sobre los tres programas que el Mific ejecuta, y que están orientados a la PYME, entre los que mencionó el Conicyt, el Programa Nacional de Competitividad, y el Programa de Transformación Productiva (PTP), a quienes habría que añadir al INPYME y al Mific (DPYME) que totalizan unos 18 millones de dólares (260 millones de córdobas); estos programas tienen alguna inconsistencia en cuanto a grupos metas, y mecanismos de intervención propuestos, que de no “articularse”, hará el trabajo más difícil para el inversionista “locomotora” que quiere insertarse en un sub-sector productivo.
El precio que el país ha pagado en las últimas décadas, por no articular desde el Estado, ha sido mayor de 18 millones de dólares, y seguiremos gastando muchos millones más mientras no exista voluntad política.
Quinto, previo a que las grandes empresas se articulen con las más pequeñas, hace falta desarrollar en el país una cultura de asociatividad y de articulación, y justo desde enero de este año el Estado (INPYME) ha hecho todo lo contrario, al aislar el único proyecto de asociatividad y redes existente en el país (ONUDI), y que viene operando desde hace más de 5 años, y ya cuenta con metodologías nacionales de articulación, por lo que mi consejo es que no se “invente” la rueda de nuevo, sino que se rescate este valioso proyecto.
De seguir igual, se seguirán enviando mensajes “confusos” a la comunidad internacional, de que Nicaragua no tiene un rumbo definido, que no se sabe lo que se quiere lograr, ni cómo se pretende hacerlo; por el lado de los privados (empresas), el mensaje que se les seguirá enviando es que continúan siendo los “conejitos de india” de programas viejos que terminan sin relevancia y, nuevos que empiezan sin nortes claros.
No tengo la menor duda de las buenas intenciones que tiene el Dr. Arana, sin embargo, antes de implantar el “esquema locomotora” habrá que implementar las acciones anteriores, de lo contrario, el verdadero “esquema locomotora” será cuando éstas partan solas, y no puedan halar a nuestras MIPYME’s a ninguna parte.
Así que adelante, señor Ministro, la tarea apenas inicia…
El autor es ex director ejecutivo del INPYME.