- Es un granito de montaña que alberga en su bosque tropical seco toda una variedad de helechos… cuna de 40 especies de mariposas, entre ellas la morpho (que en Europa puede ofertarse hasta en 500 dólares); 85 tipos de aves y de 93 especies de árboles que pueden ser vistos en tours hechos para la contemplación
Amparo Aguilera Irí[email protected]
Ni huellas. La mariposa más exótica de la reserva no se deja ver. Su color tiene el azul del cielo, y sólo se visualiza mientras vuela. En Europa esta especie, conocida como morpho, se oferta hasta en 500 dólares.
Pero en Montibelli, la reserva ecológica que la alberga (ubicada en Ticuantepe, a 18 kilómetros de la capital) es una diosa que no se toca. Sin suerte de principiantes, bajamos el último sendero. Vamos contra el tiempo.
La idea es llegar a Managua a las cinco de la tarde. Pero ya son más de las 4:30. Aún así decidimos merodear las Ruinas de la Guerra: un cuarto de pared y un viejo piso utilizado por el Ejército en los años 80, que se ubica a unos 500 metros al este, para luego recorrer a pedido de nuestra guía, la ruta de rosas que da acceso a la casa-hacienda.
El trayecto resulta de unos cinco minutos. Suficiente para apreciar los ramilletes de banderas que se confunden entre los gajos de avispas. Mientras el resto de rosas se esconden en sus capullos, hábilmente camuflados entre los ramales.
—“En este camino también hacemos estudios sobre las plantas”, dice Yolaina Salmerón, la baquiana de Montibelli.
— “¿Ah sí?”, comento sin despegar la vista sobre el suelo que piso, como lo he hecho durante toda la jornada, por mi viejo temor a las culebras. Francamente temo toparme con una coral, porque según me cuentan es común en esta exótica reserva.
La marcha
Y no es para menos. Al menos en nuestro recorrido, de casi tres horas, es claro que Montibelli tiene un poco de todo: desde un mirador que facilita visualizar la ciudad de Ticuantepe; el Volcán Santiago, el Momotombo… ofreciendo un aire sin olores de ciudad, que dan ganas de “tragarlo a todo pulmón”.
Hasta rutas donde se está al alcance de arbustos arriba de los 14 metros, con recovecos incrustados por helechos y rocas húmedas (tipo cuevas), de las cuales testifica la filtración del agua.
Para mi desgracia, en todo el trayecto no hemos visto monos congos ni sahínos ni osos hormigueros. Sólo vemos palomas ¡Mala suerte! Tampoco hemos logrado fotografiar a la morpho.
— “Si lo logran están consagrados…”, grita la anfitriona y prosigue: “aquí nadie lo ha conseguido, parece que a ella no le gustan las cámaras”. En efecto, eso lo constatamos tras mil intentos.
Cansados, no tanto por el ajetreo sino por los estragos de la tos, mis compañeros hacen cortas interrupciones sobre el camino. “A Dios gracias ¡hay banquitos!”, refiere José Daniel Rivera Jarquín, un guía turístico con más de 15 años de experiencia, quien se da a la tarea de averiguar cada sitio escénico de la reserva, delatando el valor de cada una.
Descansamos y continuamos la marcha con bastón en mano. Sin agua por nuestra falta de tacto pero con muchas ganas de llegar a nuestro destino inicial: la casa-hacienda de la finca Casa Blanca.
Pero falta una media hora más. Vamos cuesta arriba. Tras 15 minutos de caminata llegamos al punto donde se comienza a descender, lo que indica que estamos en camino recto, y a otros 15 minutos, para llegar a nuestro objetivo que luego desviamos por satisfacer la curiosidad con las viejas ruinas.
Más ofertas
Salmerón expone que la reserva comprende tres haciendas: Casa Blanca, San Pedro y San Pablo, cuya extensión completa las 200 manzanas, ubicadas en las Sierras de Managua, con alturas entre 400 y 700 metros sobre el nivel del mar.
De manera que sus temperaturas rondan entre los 18 a 26 grados centígrados, el punto exacto para conservar el café de la zona.
El sendero del Mirador, cuyo recorrido se realiza en media hora, es una muestra de lo anterior. Inclusive en éste hasta es posible toparse con frutas locales como la pitahaya y con toda una variedad de mariposas como es el caso de la búho, exótica por sus dos ojos falsos, la morpho y la guate malena. Esta última atractiva por sus pintas parecidas a los bordados creados por las indias guatemaltecas.
“En total son 40 tipos de mariposas las que ponemos al alcance de la gente. Especialmente en los festivales que organizamos, en todo el año, referidos a la especie”, indica.
Según la baquiana, en estos eventos se logran visualizar gracias a las trampas que sitúan en los terrenos lineales, que luego son revisados para conocerlas de cerca y estudiarlas.
Con la gran ventaja, para los turistas, de contemplarlas hasta más no poder. Y con la dicha, para las mariposas, de garantizarles horas después su libertad, “sanas y salvas”.
El conteo de aves
Otro punto a favor de la reserva, son las 85 especies de aves como los guardabarrancos, las oropéndolas, el trogón, las urracas y los colibríes que fácilmente se dejan ver en los senderos de Los Balcanes, donde se consigue una vista como si se estuviese sobre un balcón; y en La Quebradita, llamada así por el arroyo que lo bordea.
Ambos cuentan con un escenario compuesto por las mayorías de los 93 tipos de árboles de Montibelli. Entre los que sobresalen los ceibos, los guanacastes, los madroños, chilamates, musgos, helechos y guarumos cuya fruta resulta seductora para los monos, pájaros y ardillas.
“Con este panorama solemos realizar el avistamiento de aves, donde el chiste es contar las aves que se observan con ayuda de binoculares para después describirlas en una cartilla e identificarlas. Generalmente este conteo lo ejecutamos con ayuda del Grupo Guardabarranco”, detalla la anfitriona.
Aparte de lo anterior, organizan campamentos en los cuales los jovencitos pueden darse el lujo de estudiar diferentes tipos de hojas y de paso aprender a sobrevivir.
El acceso
Los visitantes pueden acceder a Montibelli a través de la carretera Ticuantepe- La Concha, kilómetro 19, tomando el camino hacia al oeste y siguiendo un camino de tierra de dos kilómetros y medio.
Al llegar, lo primero que se topa es la casa-hacienda donde generalmente dan la bienvenida las anfitrionas, ofreciendo lo que se tiene en casa: desde un vaso de agua, un café hasta un buen tiste.
En la reserva es aconsejable vestir lo más cómodo posible, teniendo en cuenta la ocasión. También es recomendable tener un plan en mente: ya sea una caminata para disfrutar el aire puro; un recorrido para conocer las mariposas o hacer conteo de aves; un itinerario que incluya el Volcán Masaya y la Reserva de El Chocoyero, situado a siete kilómetros de la reserva; o una ruta para transitar sus tres kilómetros de camino interno.
Esto hará posible disfrutar cada minuto la reserva sin desperdiciar la vista que ofrece. Los visitantes pueden portar cámaras, agua purificada, y uno que otro antojo.
Para optar a esta opción pueden comunicarse con Claudia Belli en los teléfonos 270- 4287 o al e-mail: [email protected] El cupo es limitado.