Guillermo Rothschuh [email protected]
Celebro que la VI Jornada Ricardo Morales Avilés fuera consagrada este año a la Primera Jornada de Jóvenes Comunicadores de Nicaragua. La Facultad de Ciencias de la Comunicación se sintió honrada que estudiantes de distintas universidades del país, la Universidad del Norte, la UNAN-Managua, la Universidad Hispanoamericana y la URACCAN, atendieran la invitación que le cursaron los alumnos de la Carrera de Comunicación de la Universidad Centroamericana.
El tema de la convocatoria nos atañe también a los dirigentes de la educación universitaria nicaragüense. Los planteamientos y desafíos formulados por los jóvenes comunicadores deben ser asumidos con la mayor prontitud y con el más amplio espíritu. Una juventud que se reúne para discutir su proceso de formación profesional, así como también para encarar los retos que plantea la sociedad nicaragüense en materia de comunicación social, merece ser escuchada, y sus demandas deben ser incorporadas como parte de las preocupaciones académicas de los cinco centros de estudios participantes.
Me alegra que este cónclave estudiantil ocurriera al despuntar el nuevo siglo. Los resultados de esta jornada servirán para orientar nuestro trabajo. Nada más estimulante que sean los futuros comunicadores del país quienes se congreguen para trazar rutas y proponer soluciones a corto plazo al problema de la comunicación en Nicaragua. Eso indica claramente que su compromiso profesional no se agota nada más en mejorar la calidad de la enseñanza, sino que va más allá. De forma meridiana expresa que les importa la calidad misma de la información y su directa vinculación con la ética.
Es importante que esta jornada ocurriera en el mismo momento en que el estatuto profesional de los comunicadores es cuestionado. En el mismo instante en que se discute la hegemonía del dominio tecnológico y sobre todo cuando el paradigma humanístico está siendo oscurecido por el absolutismo del mercado. Creo que estos tres temas resultan impostergables de discutir con rigor y seriedad académica. En un cambio de época hay que ratificar la validez y pertinencia del compromiso ético de la universidad con los crecientes sectores excluidos y marginados por el proceso de globalización.
Los comunicadores nicaragüenses tienen que armar su propia agenda. Una agenda inclusiva que incorpore como temas prioritarios de discusión el futuro inmediato de la comunicación en Nicaragua. Una agenda que subraye la importancia del tema de las telecomunicaciones y la informática, con la misma naturalidad y energía con que se plantea la necesidad de articular políticas públicas de comunicación en Nicaragua. Una agenda consensuada que haga suyas las demandas de las distintas organizaciones gremiales y los diferentes comunicadores sociales del país.
Hay que asumir la tensión entre los retos y desafíos que supone la formación profesional en una época que tiene como pivote central la revolución científico-técnica, sin perder de vista por ningún momento que la única razón de estos cambios es para volver la vida más humana y más digna para todos. Se trata de asumir con perspectiva ética unos cambios que deben traducirse en mayores beneficios para la humanidad. Esto implica lanzar sobre el presente una mirada crítica. Los medios de comunicación se han resituado en la escala de valores de la sociedad nicaragüense. Su función contralora de la gestión pública ha sido constante y exitosa. Su labor para la gestación de la democracia en Nicaragua es invaluable. Existe un reconocimiento explícito de la sociedad al situar a los medios de comunicación como la institución que goza de mayor credibilidad en el país.
Ante esta valoración positiva, los jóvenes comunicadores deben mostrarse vigilantes. Su acción inmediata debe estar dirigida a aumentar ese caudal y a ejercer una visión crítica al interior de los medios, escuelas y carreras de comunicación social, con la intención de mejorar la calidad del ejercicio profesional. Los retos y desafíos para los jóvenes comunicadores sólo adquieren sentido a la luz de los retos y desafíos que la sociedad nicaragüense plantea a medios y periodistas. Nadie mejor que los jóvenes para dar continuidad, en un relevo generacional saludable, a la tarea iniciada por la vieja y nueva guardia del periodismo nacional. Tengo la certeza que sabrán asumir este compromiso. Esta es la esperanza que albergamos todos, principalmente los nicaragüenses que apostamos a favor de una juventud encaminada desde ahora a enderezar el rumbo del país.
El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la UCA.