Erick Núñez AP
ANAHEIM.- Hace algo más de un mes Francisco Rodríguez era un pitcher totalmente desconocido que trataba de abrirse paso en las menores. Hoy puede presumir, a los 20 años, que ha ganado una Serie Mundial.
“Son las cosas del destino”, señaló el relevista venezolano mientras trataba de descorchar una botella de champaña en medio de las celebraciones de la conquista del campeonato por los Serafines de Anaheim.
“Nunca en mi vida me imaginé estar celebrando con este equipo, y que íbamos a llegar tan lejos”, añadió.
Rodríguez, ó K-Rod como los fanáticos de los Serafines lo han bautizado, cumplió otra faena de alto vuelo en el séptimo juego.
Se encargó de lanzar el octavo episodio, sacando los tres outs mediante la ruta del ponche, otorgando una base por bolas a Barry Bonds que no hizo daño.
Las credenciales de Rodríguez en un mes en las mayores son extraordinarias. Ganó cinco juegos y perdió uno. Fue el pitcher más joven en ganar un juego —el segundo— del Clásico de Otoño, a los 20 años y 286 días.
Su promedio de efectividad en la Serie Mundial fue de 2.08, trabajando ocho entradas y dos tercios, en las que propinó 13 ponches.
“No sé nada sobre récords, si es así, pues más feliz estoy”, dijo Rodríguez. “Es algo increíble todo lo que ha pasado en el último mes. Estoy muy agradecido de ser parte de un equipo tan tremendo como éste”.
Rodríguez ahora es una estrella establecida en el firmamento de las Grandes Ligas y no el recién llegado, cuyo apellido fue mal escrito en los vestuarios, con un Rodrigues.
Como nunca en tiempos recientes, un pelotero venezolano se había lucido en una Serie Mundial como lo hizo Rodríguez en 2002. Si acaso vienen a la mente las actuaciones de Luis Sojo en 2000, cuando como emergente de los Yanquis de Nueva York fue factor importante en la victoria sobre sus vecinos Mets.
Rodríguez brilló en todo momento, recibiendo la adulación de propios y extraños. Logró dos victorias ante los Yanquis en la primera ronda y otras dos frente a los Mellizos de Minnesota en la final de la Liga Americana.
De paso empató el récord de victorias en una sola postemporada, que Randy Johnson había establecido recién el año pasado con los Diamondbacks.
“Yo quiero dedicarle este juego y este trofeo al pueblo venezolano, que yo sé ha estado siguiendo cada una de mis actuaciones”, señaló. “Estoy muy orgulloso porque les he dado muchas alegrías”.
Ciertamente, el futuro de Rodríguez en las mayores pinta para mejores cosas.