“Mi abuelo era italiano”, dice Héctor, un bonaerense de 54 años, a quien hoy más que nunca le interesa presumir su origen europeo para ver si el futuro inmediato de su familia mejora.
Descendientes de inmigrantes italianos y españoles llegados desde el siglo XIX hasta el XX, los argentinos desempolvan ahora ese parentesco para establecerse en esos países.
Antes viajaban por placer, ahora por una necesidad económica, según revelan distintas encuestas.
Héctor ya despachó a sus dos hijos menores a España. “El chico de 22 años tiene residencia, pero la nena no tiene estatus”, dice. Y agrega que él cinco años atrás vivió en distintas ciudades europeas sin residencia. “No tuve problemas porque pasaba por italiano”, dice el hombre alto de pelo rubio.
Emilio Fernández, periodista de la revista Noticias, dice que la gente se quiere ir, no tanto porque no tenga trabajo, sino porque “hoy en día no ven en su país perspectivas para mejorar”.
Otro paradero importante para los argentinos es Estados Unidos, donde hay más de 50 millones de latinoamericanos.