- Para el novelista Sergio Ramírez, quien ha investigado por largos años a los Somoza, sorprende que Anastasio Somoza Debayle se hubiera atrevido a dar fe de sus bienes en su Declaración de Patrimonio, mientras Arnoldo Alemán Lacayo, los ha ocultado.
Eduardo Marenco [email protected]
Al sopesar las 59 hojas útiles que componen la Declaración de Bienes de Anastasio Somoza Debayle, el escritor Sergio Ramírez sonríe sorprendido por lo voluminoso de la misma y porque es prácticamente como declarar que se es dueño de Nicaragua.
El autor de “Sombras nada más”, novela publicada bajo el sello de Alfaguara, comentó sus impresiones a LA PRENSA al conocer de la existencia de una Declaración de Bienes de Anastasio Somoza Debayle, del 24 de mayo de 1967. Somoza asumió la Presidencia el primero de mayo de ese año.
Para Ramírez es irónico ver, en retrospectiva, que Somoza sí declaró los bienes en posesión suya y de su familia, contrario a Arnoldo Alemán Lacayo, quien ocultó varios bienes en su última declaración de patrimonio.
¿Qué impresión le causa esta voluminosa Declaración de Probidad de Anastasio Somoza Debayle?
Este legajo es impresionante como declaración de bienes rústicos y urbanos, de sociedades anónimas y propiedades por departamentos del país. Cuando yo estaba en Berlín, entre 1973 y 1975, me dediqué con el apoyo de Constantino Pereira, quien para entonces estaba exiliado en Suiza, a hacer un inventario de las propiedades de Somoza. Yo lo titulé Somoza de la A a la Z. Por supuesto, yo nunca firmé ese documento porque constituía un peligro mortal. Yo se lo envié a Carlos Tünnermann, quien se encontraba becado en Washington; y él contactó al periodista Jack Anderson, que tenía una columna muy famosa en el Washington Post y en trescientos periódicos en Estados Unidos. Él mandó un equipo a Nicaragua a investigar, y comprobaron que lo que decía el documento era cierto, de modo que empezaron a publicarlo en varias entregas.
Eso enfureció mucho a Somoza. El embajador de Somoza en Washington, Guillermo Sevilla Sacasa, amenazó que iba a demandar al periodista por una suma exorbitante, el periodista le dijo que estaba bien, que fueran a juicio, que él iba a probar que todo lo que decía era cierto. Somoza nunca lo demandó. Pero si Anderson ha tenido a mano esta Declaración de Bienes, pues no hubiera hecho más que ratificar eso que nosotros hicimos como denuncia y que impactó en Estados Unidos, porque no había letra del alfabeto en que Somoza no tuviera una propiedad. Desde la A: “Arrocera Altamira”, hasta la Z, zapato: “La Chontal, fábrica de botas militares”. En T, encontrábamos tabaco, estaban todas las tabacaleras que Somoza tenía en Estelí, Nueva Segovia. En P, las fábricas de puros, en la S, sangre: “Plasmaféresis” de Nicaragua, que era la sociedad que tenía con Pedro Ramos.
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal sacaba en LA PRENSA todos los días a Pedro Ramos por este negocio de la sangre que era bien vulnerable, porque era comprarle la sangre a los borrachines, a la gente pobre y miserable, para fabricar plasma de exportación.
¿Cuáles eran las propiedades más famosas de Somoza? ¿Cuáles eran las niñas de sus ojos?
Una característica del imperio económico de Somoza era que la mayoría de ellos eran monopolios, y cuando no eran monopolios, la competencia era desleal con los que fabricaban artículos o vendían servicios. Los monopolios más importantes eran, por ejemplo, el de los fósforos —la fábrica de cerillos Momotombo era un monopolio—, luego la Marina Mercante, la Mamenic Line, que se fundó en base a la exportación de ganado en pie de Nicaragua a Perú, tenía cinco o seis barcos, muchos de ellos rentados, pero era el monopolio de la carga mercante en Nicaragua. La Nica, aerolínea única de bandera nacional, era un monopolio, no había otra línea área ni podía haberla. Si Somoza tenía una no podía haber competencia.
Y luego, la mano fuerte que tenía en otros negocios, como el procesamiento y empaque de carne vacuna, a través del matadero que tenían en Managua, el negocio del azúcar, que no era monopolio, pero ellos tenían Montelimar, Santa Rita y Dolores, tres ingenios, y la única competencia que existía era el tradicional de la familia Pellas y el Monterrosa, un ingenio pequeño en Chinandega de la familia Montealegre. Sólo en algunas áreas no tenían ellos intereses como en los cigarrillos porque los cigarrillos eran de una transnacional británica, la Nicaragua Tobacco Company.
Da la impresión de que Somoza acumulaba poder económico desde el punto de vista tradicional…
No, porque él había heredado de su padre lo que los científicos sociales llaman la acumulación primitiva de capital, que fue en base a la expropiación masiva que hizo a otras personas, de propiedades que a él le gustaban. Hablamos de propiedades cafetaleras, de ganado, de caña, lo que le robaron a don Julio Bahlke, un ciudadano alemán, con el pretexto de la expropiación a los ciudadanos alemanes. Este señor Bahlke era dueño de medio Managua, era dueño de los terrenos que van desde el Hospital Militar hasta la UNAN, pasando por los terrenos de la UCA…
Los terrenos donde ahora está la Catedral incluso…
Todo eso, todo eso era de don Julio Bahlke, y las propiedades del Ingenio Montelimar que iban desde San Rafael del Sur hasta el Océano Pacífico, también eran del señor Bahlke. Todo esto le fue expropiado, y Somoza lo compró por centavos en un remate en el Banco Nacional. Ésta fue la forma de acumular capital del viejo Somoza.
Pero Somoza Debayle sí tenía pretensiones de fundar un capital moderno, porque se metió a fundar un banco, se metió en compañías de seguros, en negocios financieros, fábricas de concreto, de adoquines. Otro monopolio era la fábrica de acero que estaba en Tipitapa, que ya era una inversión moderna. Y luego, cuando viene el terremoto de 1972, es cuando Somoza se alagarta y pierde el favor de la empresa privada que se siente agredida, porque a raíz de la tragedia, Somoza se mete en todo: en fábricas de concreto, importación de camiones, tractores, consigue un crédito con España de cincuenta millones de dólares que manda a gestionar a su hijo “El Chigüín”, y se gana una enorme comisión. Ese fue el famoso “Paquete España” que Pedro Joaquín Chamorro denunciaba mucho en LA PRENSA.
De la fase moderna, de capital financiero e industrial, pasa de nuevo a la voracidad, y significa sacar a todo el mundo de los negocios para quedarse él y su familia nada más, en el negocio de la reconstrucción de Managua. Aquí es donde deja de lado al resto de la familia Somoza. Ya no le da participación a los herederos de su hermano Luis Somoza, quien muere en 1967, por ejemplo, ni a los herederos de su hermana, Liliam Somoza, y de ahí viene ya una pugna entre Somoza y su hijo “El Chigüín”, con las otras ramas de la familia, que ya no tienen participación en esos negocios. Más bien, ellos comienzan a quejarse de que Somoza los ha dejado mal en la repartición de la herencia familiar, por esa misma voracidad y acumulación de capital, que es lo que lo lleva a la ruina política, porque él pierde el favor de la empresa privada por esa voracidad.
¿Somoza se apropió de los terrenos que alambró donde quedaron las ruinas de Managua?
No, porque esos terrenos son expropiados pero son declarados inservibles para construcción. Él se hace cargo del negocio de reconstruir Managua, suministrando los materiales, las maquinarias, las compañías de construcción, él funda compañías de construcción para la reconstrucción de Managua. Igualmente, compañías de diseño para hacerse cargo de los contratos públicos. Porque, por ejemplo, al destruirse el Hospital El Retiro, el gobierno decidió construir cinco hospitales distintos.
Cuando triunfa la Revolución, tengo entendido que él hipoteca las tierras y se lleva el dinero líquido de los bancos…
Lo que pasa es que cuando viene la Revolución, él estaba preparado desde hacía tiempo, porque todas sus propiedades agropecuarias eran cascarones vacíos porque estaban hipotecadas por los bancos…, efectivamente, cuando él se va lo que quedan son propiedades hipotecadas. Hubo mucho desorden al final, pero mucho del ganado él lo logró sacar a través de la frontera con Honduras.
¿Encuentra usted similitud entre la acumulación primitiva de capital de Somoza García y la de Arnoldo Alemán?
Muchísimo, son métodos muy parecidos. Lo que pasa es que Somoza se enriqueció muy rápido, en base a ese tipo de expropiación ilegítima, pero lo que es asombroso es que toda la apropiación ilegítima que se le achaca a Alemán y a su familia, es lo que la familia Somoza habrá logrado acumular en cincuenta años. Es increíble la progresión geométrica: Alemán lo logró acumular en cinco años. Además, Somoza no tenía temor de presentar una cuenta tan detallada de sus propiedades, a lo mejor porque pensaba que era inocuo porque los contralores eran gente completamente fiel a él.
Pero aunque Alemán pensara que la mayoría de contralores eran fieles a él, su declaración de bienes es mentirosa y la de Somoza no. Somoza pudo haber liquidado su Declaración, en una página, diciendo que era dueño nada más de un millón de córdobas y de dos o tres fincas, pero tal vez es que era demasiado obvio que no era así. Es interesante ver a Somoza diciendo la verdad sobre sus propiedades. Con sólo esto, es una cosa impresionante, porque lo que declaró Alemán es completamente falso.
Casualmente, en estas semanas aparece la noticia de los Somoza intentando recuperar la Cementera. ¿Usted piensa que es posible un retorno real de los Somoza alrededor de sus propiedades?
Pues yo ya no lo veo. Tal vez la última esperanza que ellos tenían era con el gobierno de Alemán. En ese sentido, no les fue bien, y con el gobierno de Enrique Bolaños tampoco les ha ido bien, porque ellos quisieron meter un gol, otra vez por debajo, reclamando nada menos que la devolución de la Cementera, donde fracasaron porque mandaron a anular la resolución. Veo como una medida positiva esa medida de este gobierno, la cual hay que aplaudir.
Los decretos 3 y 38 siguen siendo leyes válidas de la República. Demuestra don Enrique que la familia Somoza sufrió una expropiación histórica en este país, que es emblemática y no puede echarse para atrás porque tiene consecuencias éticas y políticas, eso es lo que nos está diciendo el gobierno de Enrique Bolaños. Ya habían fracasado antes en (querer) recuperar Montelimar, que es otra de las propiedades insignias de la familia, y ahora la Cementera, que es otra de las propiedades insignias y está en la lista de los monopolios.
O sea que sólo les queda la nostalgia del imperio que se fue…
Yo creo que hasta aquí ya llegaron. No veo que con otro gobierno ellos puedan aspirar a que les devuelvan nada.