- Don Miguel López, corrector de textos de LA PRENSA que está a punto de cumplir la edad para jubilarse, el martes quedó
secuestrado por Tirso Moreno
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En el ocaso de su vida laboral, Miguel López, corrector de textos de LA PRENSA, presenció en su centro de trabajo una escena digna de una película policial , la cual no olvidará.
Inconmovible frente a su computador, se disponía a corregir artículos de la página de Opinión que le habían pasado cuando su concentración fue cortada de un tajo por la alarma de su compañera, Sandra Jarquín. “Maycol, Maycol hay un hombre armado, vámonos”. Su compañera corrió y vio que él no se movió.
“No sé si por temeridad o por nerviosismo fue que me quedé aquí”, dijo, mientras un tropel de gente huía despavorido de la sala de redacción.
Sin ver todavía al armado, López oyó decir tres frases: “Aquí nadie se mueva. La Contra se ha tomado LA PRENSA. Ustedes son los culpables”.
Escudado por la pared del cuarto de sistemas, plantado en plena redacción, dio unos pasos hacia la voz, en sentido contrario al que había corrido el resto, y vio a un sujeto con una pistola en la mano y otra en el cinto.
Nervioso, atento a lo que pasaría, volvió a su lugar. Escuchó que el violento hombre se contradecía en sus acusaciones. Decía que quería hablar con Enrique Bolaños, pero caía en razón y recordaba que el mandatario está fuera del país. En esos momentos en la Redacción quedaba una docena de personas, quizás, a quienes con los minutos transformaría en sus rehenes.
PRESENCIA POLICIAL SUMA MÁS TENSIÓN
Los minutos comenzaron a volverse eternos. El armado, amenazante, con su pistola abrazó a algunos de los que quedaban. Uno de los apuntados por el gatillo de Tirso Moreno —como se identificó— fue el fotógrafo René Ortega. López pensó en lo peor. “Doña Lila estaba muy nerviosa”, dice, refiriéndose a la coordinadora de la sección Vida Social del diario, Lila de Guerra.
Cuando supieron que la Policía rodeaba el local y amenazaba con entrar y romper el claustro, el miedo aumentó en López.
Los que compartieron esos momentos de tensión, recuerdan a López imperturbable. Pero él dice que pensaba en la posibilidad de un desenlace fatal, cuando el tipo decía: “Si entra la Policía nos morimos todos”. También pensaba en su familia, quien seguramente lo estaría llamando. Chillaban los teléfonos del cuarto de monitoreo.
La zozobra que en silencio compartía con el grupo empezó a disminuir cuando vieron al armado encerrado en el cuarto de fotografía con el comisionado Horacio Rocha.
López ha trabajado 14 años en LA PRENSA. Sólo recuerda una tensión semejante a finales de los años ochenta, cuando hubo disparos de gente opuesta a la línea editorial del periódico.
TREMENDA CALMA
En las próximas semanas López cumplirá 60 años. Tiene la vista cansada, por lo que espera alcanzar la edad para tramitar su jubilación. Él cree que lo ocurrido el pasado martes en la Redacción ha sido “una cruel y casual despedida”.
Inmediatamente después de lo ocurrido, López recobró su puesto con la misma calma. De nuevo imperturbable, recuperó este pensamiento bíblico del libro de Eclesiastés: “Mejor es la sabiduría que las armas de guerra”