- Sólo unas tres mil personas asistieron
Wilder Pérez R. [email protected]
El trofeo de Campeón que recibió el Bóer después de vencer al Chinandega en la última temporada de Béisbol de Primera División casi quedó como la novia de Tola. De más de cinco mil personas que se esperaban, la cantidad apenas rondó las tres mil.
De aquellos juegos de Serie Final no hubo ni sombra. El estadio estaba vacío al punto que uno no tenía que cuidar su cartera en el bolsillo trasero del pantalón.
Así lo percibieron algunos aficionados de los Indios. “Este año veo más vacío que otras veces, no he visto barra, ni música… ni Clodomiro (El Ñajo) está para alegrar esto”, comentó Claudia Somarriba, que llegó con ropa cómoda para disfrutar de un ambiente cargado de festividad.
Pero eso fue relativo. Los chinandeganos estaban felices porque su equipo empezó ganando y terminó arriba con un tremendo pitcheo de su estelar William Juárez. “Perdimos el último pero somos fanáticos moridores que seguimos al Chinandega donde vaya”, dijo Rommel Campuzano, dirigente de la ya famosa “Banda Loca”, que se la pasó haciendo bulla a lo largo del juego.
Pero no sólo los occidentales se sintieron bien. “Yo veo alegre, me siento bien, es cierto que no está lleno, pero de todos modos va a disminuir la cantidad de gente que vendrá en los juegos regulares, lo importante son los buenos partidos, aunque sea por la radio uno los disfruta”, aseguró Luis Rosales.
Ricardo González, un nicaragüense que vive en Estados Unidos, aprovechó su estadía en el país para ir al estadio y se mostró entusiasmado. Hasta grabó en vídeo el partido para mostrarlo a sus familiares.
Incluso personajes famosos en el mundo deportivo nacional como Rosendo Álvarez y su esposa Ana Francis Donaire asistieron. “De vez en cuando venimos, nos gusta esto y vemos un ambiente atractivo”, dijo el bicampeón mundial, mientras que Donaire añadió que “estoy disfrutando, no soy fanática del Bóer pero disfruto las series entre este equipo contra el Chinandega y el San Fernando”.
Probablemente la fanática más triste fue Yenori Rivas, quien dijo que si perdía el Bóer tendría que ocultar su cintillo en la cintura, que la identificaba como boerista.
Al final, el partido valió la pena. Hubo jugadas verdaderamente espectaculares, tanto en el cuadro interior como en los jardines. Fue rápido y apenas se batearon siete imparables, propios para el característico 3-2 del béisbol y perfecto para lo que un buen fanático puede disfrutar.
LA CRISIS
Según Ronald Tiffer, que ocupa un cargo administrativo en el Bóer, la entrada, estimada en tres mil personas, estuvo buena si se toma en cuenta la recesión económica que vive el país.
Pero la vendedora de cervezas Araceli Torres no está optimista. “Nos beneficia esta temporada porque es una noche más de trabajo, pero está palmado”, dijo. Sólo esperaba vender 20 cajillas (480 botellas).