- Tirso Moreno irrumpió ayer en horas de la tarde disparando dentro de las instalaciones del diario LA PRENSA y tuvo como rehenes a unas 18 personas, hasta que el Comisionado Mayor Horacio Rocha logró hablar con él para que se entregara
Freddy Potoy Rosales [email protected]
Eran las 3:30 p.m. La mayoría del personal de redacción del Diario LA PRENSA estaba escribiendo, diagramando, revelando películas fotográficas y realizando otras labores para la edición de hoy.
“¡Aquí viene la Contra hijueputas! ¡Se murió Arnoldito!”, fueron las primeras palabras de Tirso Moreno, quien pistolas en manos entró a la redacción, ebrio y fuera de control. Segundos antes había disparado seis proyectiles, según indica el informe preliminar de los agentes de la Policía Nacional.
La situación fue tensa. Después de transcurrida más de media hora, llamé desde otra oficina de LA PRENSA a la extensión telefónica donde estaba el periodista Moisés Martínez, para que me comunicara a Moreno. Le pregunté a Moreno si deseaba comunicarse con el Comisionado Mayor Horacio Rocha y el sujeto accedió, pero con la condición que Rocha entrara solo a la redacción. Le pasé el teléfono a Rocha, con quien yo estaba en la oficina del área de Circulación del diario y el jefe policial se puso de acuerdo con el sujeto. Luego, Rocha entró bajó mucha tensión, Moreno lo recibió para conversar en el área de Fotografía de LA PRENSA y finalmente el hombre se entregó con sus armas.
A continuación, algunas de las reacciones de varias de las personas que vivieron momentos difíciles frente a las pistolas de Moreno.
RENÉ ORTEGA (FOTÓGRAFO)
René, una vez que pasaron los hechos y visiblemente impactado recordó lo que decía Moreno: “Con lo primero que pase aquí, vos y yo nos vamos (se morían). El que haga papalote yo lo jodo”.
“Él decía que si se moría el hijo de Alemán, iba a haber una del diablo. Hasta que a Bolaños lo boten del poder, se van ustedes de aquí, porque tiene hecho mierda el país. Aquí lo que va a haber es un baño de sangre”, recordó René Ortega.
René estaba trabajando cuando Moreno entró con las dos pistolas y le dijo: “seguí trabajando, no hay problemas, pero LA PRENSA está tomada”. Sin embargo, al parecer Moreno “se arrepintió y me jaló al lado de él y me puso como escudo humano, protegiéndolo, manteniendo siempre la pistola en la mano derecha, que era el arma del vigilante de Servipro que estaba a la entrada del diario”.
“Después apuntaba a la puerta principal de la redacción y la pistola descansaba en mi cuello, nos repetía a todos los que estábamos en redacción que cualquier cosa que pasara, a todos nos iban a sacar muertos. Decía que quería hablar con el Cardenal Obando, con el comisionado Edwin Cordero, con Daniel Ortega; llamó a su esposa y le dijo: llamate al compadre, llamate a Hamín (Gurdián) que tengo tomada LA PRENSA”.
Después Moreno le dijo a Ortega: “Bajate ese retrato (el de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal) que también va a quedar bañado con la sangre de nosotros”.
Hasta que entró el comisionado Horacio Rocha el sujeto lo soltó y se puso a conversar con el jefe policial.
WILLIAM BRIONES (PERIODISTA)
Estaba frente a mi computador, escribiendo. De pronto vi pasar frente a mí, a una colega, la que tomó su bolso y huyó del lugar. Estaba visiblemente espantada. Una avalancha de gente la seguía. Yo estaba concentrado, transcribiendo unas entrevistas, y no escuché si alguien alertó la presencia del pistolero.
Me levanté y avancé en sentido contrario para ver de qué huían. Fue entonces que miré al sujeto que estaba a unos 20 metros de distancia, armado con una pistola en cada mano. Miré a Freddy Potoy y Roberto Orozco, entre los pocos que estaban en el sector donde yo estaba. Unos segundos después, escuché unos disparos y varios colegas estaban “parapetados”, fue cuando confirmé que no se trataba de ningún juego. Miré que varios compañeros estaban prácticamente a merced del pistolero. Incluso, le escuché decir que no pretendía matar a nadie. Seguí observando, pero cuando el sujeto se aproximó hacia el sector donde yo estaba, salí del lugar.
CONSUELO SANDOVAL (PERIODISTA)
Me encontraba redactando la nota informativa sobre el fallecimiento de Arnoldo Alemán Cardenal, hijo del ex presidente Arnoldo Alemán para la edición de última hora de la página electrónica de LA PRENSA.
De pronto miré a mi colega Xiomara Chamorro que caminaba apresuradamente, pronunció unas palabras, que aunque no comprendí, me produjeron un poco de curiosidad e inmediatamente me levanté de la silla y volteé a ver hacia atrás y pude observar a cierta distancia a un hombre armado con dos pistolas apuntando hacia el techo.
En ese momento, intenté tomar mis pertenencias personales para salir apresuradamente, pero los nervios me traicionaron y pretendí sentarme nuevamente, pero luego reaccioné y traté de tomar mi cartera, mi celular y la grabadora, pero algunas cosas se me cayeron al piso.
Cuando logré tener mis cosas en las manos, salí junto a una veintena de mis colegas que nerviosos también se apresuraron hacia la puerta de la entrada principal del periódico para resguardarnos, algunos de nosotros en las instalaciones del laboratorio Rarpe, y otros se quedaron en las inmediaciones de LA PRENSA.
EDUARDO MARENCO (PERIODISTA)
Cuando el pistolero ingresó a la Sala de Redacción del diario, nos encontrábamos turbados por la muerte de Arnoldo Jr. y porque a nuestro jefe de redacción, Eduardo Enríquez, lo habían ingresado de emergencia al Hospital por una dolencia repentina. Tales sucesos nos habían estremecido en minutos sucesivos. El pistolero entró por la puerta principal de la redacción.
El rostro de pánico de mis compañeros me asustó. Pensé en un terremoto, pero no sentí temblor alguno. Colgué alegándole a mi interlocutora que había un terremoto en la Sala de Redacción. Sin voltear, me dirigí con urgencia a la puerta del baño, resbalé, me incorporé, y cuando ya corría en el pasillo de anuncios, escuché los gritos: ¡Corran que un hombre dispara! Al salir al parqueo, la ola de gente no sabía si huir o quedarse a curiosear. Ya afuera se escucharon los disparos e inició el secuestro de varios colegas.
EMILIANO CHAMORRO (PERIODISTA)
Cuando el tipo empezó a disparar a amenazarnos yo le dije a Roberto Orozco que lo quería reducir a la fuerza ya que lo tenía de espaldas, pero varios de mis colegas me dijeron que no lo hiciera porque era peligroso. Sin embargo, a pesar de la tensión en que el tipo nos tenía sometidos muchos de nosotros queríamos lanzarnos contra este individuo. Nos preguntaba si estábamos tranquilos por la muerte de Arnoldo Alemán, pero a la vez nos decía que nos calmáramos que no tenía nada contra nosotros, pero que si la Policía trataba de penetrar a la redacción nos dispararía. Gracias a Dios que a pesar de la locura de este hombre no se atrevió a disparar contra ningún colega.
GRETCHEN ROBLETO (EDITORA)
Al ver entrar al hombre con dos armas, lo vi alzando sus manos y lo escuché gritar. Mi primera reacción fue protegerme detrás de un cubículo. Gustavo Ortega y Moisés Martínez se acercaron a mí y me escudaron con sus brazos. Ese ha sido el momento en que he sentido la muerte más cerca, pero agradecida por la respuesta de mis compañeros, quienes buscaban protegerme. Cuando el hombre empezó a disparar, buscamos la salida a través de la puerta que da a Circulación, apoyados en nuestras rodillas.
A salvo en la calle, aumentó la angustia al desconocer qué pasaba con el resto de nuestros compañeros. Doy gracias a Dios por cuidar de nosotros.
ARQUÍMEDES GONZÁLEZ (EDITOR)
Me encontraba hablando con mi esposa por teléfono cuando el hombre entró a la redacción con las dos armas gritando.
Todos nos miramos sin creer. Vi las dos armas y le dije a mi esposa en susurro protegiéndome en el escritorio: “Amor, te hablo luego que hay un hombre armado”. Corrí hacia la salida y escuché los disparos. Las mujeres comenzaron a llorar, la puerta de salida se trabó, logramos abrirla, esperamos que terminaran los disparos y salimos sin mayores daños. Después, desde otro lugar, pude llamar a mi esposa que me contestó con la voz entrecortada anunciándome que ya lo estaban transmitiendo por la televisión y le dije: “Amor, estoy a salvo”.
RICARDO CUADRA GARCÍA (PERIODISTA)
La noticia de la muerte accidental del hijo del ex presidente Arnoldo Alemán, acaparó nuestra atención por varios minutos frente a los monitores ubicados en la redacción. Aunque la gran mayoría de redactores ya se habían marchado a sus cubículos yo continuaba sentado en la mesa redonda, de repente, sin saber el porqué observé a varios compañeros que corrían en mi dirección.
Al inició pensé que se trataba de un temblor, pero al voltear observé a un hombre armado con dos pistolas cerca de la entrada a la redacción, quien gritaba palabras que no logré entender, y me uní al grupo que buscaba la salida por el área de suscripciones.
Mientras corría en mi mente pasaron muchas cosas y temía que no se tratara de un solo hombre y que en la única salida que teníamos disponible estuvieran otras personas armadas que impidieran que abandonáramos el edificio.
TOMY PÉREZ (SECRETARIA DE REDACCIÓN)
Pasé momentos de desesperación, encerrada en la primera puerta de una oficina que encontré abierta y no tuve más remedio que meterme ahí, junto con dos compañeras de labores, Martha Sánchez y Mariceli Linarte, hasta que escuchamos voces conocidas y salimos guiadas por un compañero fotógrafo por un pasillo largo de donde estaba Tirso.
TATIANA ROTHSCHUH (EDITORA)
Aterrorizados, desconcertados, impotentes, pero desesperados por retornar a nuestros cubículos y continuar trabajando en la edición diaria, preocupados por el tiempo de retraso. Así estuvimos, el personal de LA PRENSA ante un cobarde pistolero que pretendió acallar la libertad de expresión, con el cuento de responsabilizarnos porque la Nicaragua sana juzga y condena al ex presidente corrupto Arnoldo Alemán.
Me parecía inaudito que aquel “Comandante Rigoberto” que conocí llevando el mensaje de paz, reconciliación y democracia, allá en las montañas de El Ayote, a sus hermanos, fuese el “Pancho pistola” que irrumpió en nuestra sala de redacción, volando balas, poniendo en vilo a quienes en ese momento no salíamos del asombro que nos provocó el deceso del hijo del ex mandatario nicaragüense.
GUSTAVO ORTEGA CAMPOS (EDITOR)
Las cosas pasaron rápido, Tirso Moreno, muchos no sabíamos quién era.
Tratando de salir de la sala de redacción, vi cualquier cantidad de rostros, pero igual de solidarios, todos queríamos que nadie quedara junto al sujeto que violentó el apresurado trabajo de un cierre de edición.
En medio de la desesperación que en algunos casos se tornó histeria, al salir del periódico, todos chequeábamos la presencia o ausencia del resto de colegas. El acceso fue restringido, todas los accesos estaban clausurados, en ese momento varios fotógrafos iban en pos de su trabajo, uno de ellos, Isidro Hernández, estaba desesperado porque su equipo estaba fuera de su alcance.
Periodistas, fotógrafos, ejecutivas de ventas, diseñadores gráficos y oficinistas, todos por igual ayer pasamos una experiencia muy difícil de olvidar. Gracias a Dios que todos quedamos para contarla.