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Hace 15 años ambos estuvieron en el mismo lugar: Costa Rica. Él por asuntos económicos y ella para aprender el español. Pasaron los años y el destino los volvió a situar, en el 2001, en el mismo país, pero esta vez con mejor suerte.
“Yo había vuelto al colegio donde había intentado aprender el idioma, justamente donde él estaba trabajando en el área de mantenimiento y de guardia. Allí lo conocí y me enamoré inmediatamente de su sonrisa”, relata la estadounidense Renée Depass, de 31 años, ahora esposa del nicaragüense Néstor Moreno, de 27 años.
Moreno por su parte, comenta que en un inicio la iniciativa fue femenina. “Claro, a mí ella me gustaba pero no podía irme de boca, ya que si no era correspondido corría el riesgo de que me echaran del Instituto. Pero acepté ser su amigo para ayudarla a practicar español”, recalca.
Trato de Rey
Y ese fue el pretexto para conocerse. Después de citas con incontables horas de pláticas, de confesiones amorosas y rupturas, optaron por el matrimonio después de cinco meses de noviazgo. Decidieron vivir en Nicaragua donde actualmente radican.
“No todo es perfecto. Pero nos respetamos. Ella no me pone frenos para salir con mis amigos, me lava la ropa, me la plancha, me soba los pies, es cariñosa ¡me trata como un rey! Y yo también la trato como reina”, especifica.
“Culturalmente hablando, lo que no me gusta son las celebraciones bulliciosas que aquí son comunes en casi todas las familias; tampoco me gusta la injerencia familiar en los asuntos de los hijos; ni el montón de comida que le ofrecen a una, ni la comida con grasa. Sin embargo termino cediendo en lo último, por eso estoy con libras de más”, subraya Depass.
“A mí lo que no me parece es que ella tiene la costumbre de ser sonriente hasta con los desconocidos, porque en nuestra cultura eso se tiende a malinterpretar. Pero eso ya lo esta entendiendo porque ha pasado sus buenos sustos”, expone Néstor.
Él prosigue: “asimismo entro en preocupaciones cuanto ella se siente agredida, como cuando paga y no le dan el vuelto, aunque éste corresponda a centavos. Entonces me toca a mí explicarle como son las cosas aquí”.
A lo anterior agrega el asunto de la discriminación a la que han sido objeto al cruzar las fronteras, donde por ser extranjera a Depass la han obligado a someterse a las revisiones de sus maletas, siendo los inspectores perros adiestrados para encontrar droga.
En cuanto a la relación otro punto, un tanto en su “contra”, son los gustos musicales porque Moreno es del ramillete de los románticos “corta pulso” como todo latino. Mientras Depass opta por el jazz, el hip hop, el tecno como toda joven estadounidense.
Por lo demás, ambos coinciden en la puntualidad, la franqueza y en los planes de tener una familia, con lo que demuestran que las razas o culturas no limitan al amor. Eso sí, cuando realmente existe.