- Doña Paulina Obregón Polanco, ha tenido que construir dos pequeñas celdas para encerrar a Mirna y Germán y evitar que su violencia se ensañe en los suyos y la ciudadanía. A través de LA PRENSA, la afligida madre pide a las autoridades del Ministerio de Salud y a las personas de buen corazón, para que le brinden ayuda con medicamentos y alimentos
Auxiliadora MartínezCORRESPONSAL/[email protected]
Doña Paulina Obregón Polanco, es una humilde madre, de 56 años de edad, cuyo rostro está marcado por el sufrimiento ya que desde hace 10 años ha vivido un verdadero calvario por la enfermedad mental que padecen sus dos hijos, Mirna y Germán Martínez Obregón, de 32 y 23 años, respectivamente.
Debido a los efectos que ha causado la progresiva demencia en sus hijos, doña Paulina los mantiene recluidos en celdas individuales, para evitar que ocasionen daños a terceras personas o sean maltratados.
En días recientes, se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, y este caso es una muestra de la lucha que representa para muchas familias nicaragüense la incidencia de las enfermedades mentales.
Y es que el calvario de doña Paulina inició diez años atrás, cuando Mirna era una muchacha aparentemente sana, pero de pronto llegó una noche a casa de su madre, evidenciando algunos trastornos, según recuerda la señora, al señalar que desde entonces no ha tenido descanso porque le ha tocado cuidar de ella y de sus nietos, una niña de 13 años y un varoncito de 6, a quien dio a luz estando enferma.
CREENCIAS EN MALEFICIOS
Doña Paulina dijo que su hija enfermó cuando estaba en casa de su esposo, Alejandro Borge, quien en ese tiempo convivía con otra mujer, a quien ella responsabiliza por la demencia de Mirna, pues ella no soportó su abandono y, más aún, embarazarla cuando ya estaba enferma.
Y como en los pueblos hay muchas creencias doña Paulina no descarta que la enfermedad de sus hijos sea producto de un maleficio.
Tanto Mirna como Germán, son violentos, por eso sus familiares prefieren mantenerlos encerrados en cuartos separados, como especie de celdas. Una de las habitaciones fue construida con ayuda de la población, a través de la Iglesia Católica, mientras que la otra la construyó el segundo hijo de doña Paulina, de los cuatro que procreó con su anciano marido, don Lucas Martínez.
POBREZA, FUERZAS Y RESIGNACIÓN
La familia de los jóvenes desquiciados sobrevive del único ingreso que percibe Luis Martínez Obregón, de 30 años, con la venta de adornos para caballos, cuyo valor es de 5 córdobas la docena, con lo cual no ajustan ni para la comida de los enfermos, asegura doña Paulina.
“Todos estos años han sido de sufrimiento y de batallar día y noche, y lo único que me queda es pedirle a mi Padre Celestial fuerzas y resignación para soportar el dolor de ver a mis hijos en ese estado”, afirma doña Paulina.
El drama de doña Paulina es lamentable, porque además de cuidar y aguantar la histeria y los gritos de sus hijos, pidiendo comida todo el día, ha tenido que sufrir en carne propia la agresividad de ambos.
Hace unos días, Germán le pegó con una tranca, dejándola tumbada en el suelo por un buen rato, lo mismo han sufrido sus hermanos a quienes ha golpeado.
A pesar de que ambos están encarcelados, la familia vive en zozobra, porque temen que de un momento a otro, se puedan salir, porque el portón de hierro no es muy seguro para ellos, a pesar de que cada puerta tiene doble candado.
“Cuando andaban sueltos hacían averías, quebraban los vidrios de los vehículos de los vecinos, vitrinas en las ventas, radios y televisores, hacían desastres” narra doña Paulina.
Según ella no puede trabajar, porque “vivo custodiando a mis dos criaturas, por eso solicito la ayuda de las personas de buen corazón que quieran hacer la caridad de apoyarme con mis hijos enfermos, para comprarles el medicamento que necesitan, así como la alimentación necesaria”, afirma la desesperada madre.