Por más esfuerzo que se haga, el nivel de la Selección Nacional no está para los lugares cimeros, como lo comprobaron en México los técnicos Ramiro Toruño, Omar Cisneros y Julio Sánchez.

Selección no da para más

Como en la salud y la educación, nuestro deporte, vive de las limosnas Edgard Tijerino M. [email protected] Desde que tengo uso de razón, he observado como se ha pretendido, inútilmente por cierto, hacernos creer que nuestro béisbol, es mejor de lo que es. Eso ha provocado, no solo una sobrevaloración absurda, sino la fabricación de […]

  • Como en la salud y la educación, nuestro deporte, vive de las limosnas

Edgard Tijerino M. [email protected]

Desde que tengo uso de razón, he observado como se ha pretendido, inútilmente por cierto, hacernos creer que nuestro béisbol, es mejor de lo que es. Eso ha provocado, no solo una sobrevaloración absurda, sino la fabricación de exigencias fuera de control.

Vamos, con nuestras molestias alrededor del comportamiento registrado por Selecciones Nacionales, hemos estado fingiendo magistralmente, que merecemos más, aunque nuestro nivel de rendimiento nos indica reiteradamente, a través de una inconsistencia que pica y se extiende, que no somos más que eso.

¿Y QUé QUEREMOS?

En cierta ocasión, regresando de Barcelona de una Copa en la cual vencimos al campeón Japón, pero quedamos fuera de las medallas después de pelear bravamente, pensé, mientras miraba hacia las nubes con el avión desplazándose suavemente sobre nuestras ilusiones rotas: ¿Y que queremos?¿Acaso somos más que eso?

Sólo milagrosamente, un país que ha sido atrapado por una mediocridad escalofriante, consecuencia del atropello a que nos han sometido sistemas de gobierno corruptos, puede disponer de una gran Selección.

Cierto, hemos demostrado que se puede producir, pese a esa terrible dificultad, un súper-peleador como Alexis Argüello y un súper-pítcher como Denis Martínez. Podemos agregar figuras cumbres como Rosendo Álvarez y Vicente Padilla, un pesista como Orlando Vásquez, un jugador de billar como Arturo Bone, tenistas como Walberto López y Oscar Molina, y una nadadora terminada de construir en EE.UU. como Michelle Richardson, pero cuando hablamos de equipos, no puedes escapar al sistema.

NO SEAMOS INGENUOS

Y nos preguntamos: ¿Cómo diablos hacerlo?

Señores, en un país donde las panteras andan engalanadas, en tanto nuestro deporte ha vivido desnudo y enclenque, sin poder escuchar el sonar de los claros clarines, es imposible, que sin un buen aparato de salud, sin viviendas, con un desempleo atroz, sin instalaciones deportivas, con un presupuesto raquítico, con salarios por el suelo, con el agro naufragando y con la corrupción de quienes se han instalado en las esferas de poder carcomiendo brutalmente las débiles esperanzas de resurgimiento, podamos aspirar a tener una gran Selección de Béisbol, capaz de escalar la cima de la montaña.

Hay que ser muy ingenuo para creer eso, y ser bastante torpe para exigir resultados imposibles. Hay alguien por ahí que piense, que sin recursos económicos nuestro deporte se va a levantar de la lona.

MISIÓN IMPOSIBLE

¿Cuándo en la historia de Nicaragua, se ha invertido en la Selección Nacional, como algo prioritario, los más de 20 millones de dólares que respaldaron a selecciones como las de fútbol de Costa Rica y Honduras en proyectos específicos?

¿Alguna vez hemos contado con un entrenador de un millón de dólares al año, como lo han tenido los ticos?

Sólo consideren que la única construcción deportiva de nivel que hemos tenido, es la construida por Somoza en 1948, ahora en ruinas, pero manteniendo su estatus de “lo mejor que tenemos”. No es algo vergonzoso, que refleja la mayúscula incapacidad de nuestros gobernantes.

¿Cómo se pueden robar cientos de millones de dólares y tanto el deporte, como la salud y la educación andan en taparrabos?

Y en medio de este caos imperante, pretendemos tener una gran Selección. Por favor señores, seamos sensatos. Difícilmente se produce lo ilógico.

VIEJA INCONSISTENCIA

Recientemente, en la Copa realizada en Saltillo y Monterrey, derrotamos a Dominicana, Venezuela y Panamá, pero después nos hundimos.¿Qué es lo raro? Es la vieja inconsistencia de un equipo que objetivamente, no es más de lo que es.

En el 47, arañamos un título mundial, sin Cuba en el escenario, y de pronto, el equipo se derritió. ¡Maldición gritamos! Y era natural después de estar tan cerca, sólo para quedar tan lejos en play off.

Y un año después, en casa, estrenando Estadio, casi quedamos en último lugar después de ganar sólo un juego a los salvadoreños, que descubrieron aquí, una cuarta base. ¿Se imaginan eso?

Sin poder obtener títulos en torneos de envergadura, ganarle a Cuba ha sido, desde siempre, la gran proeza, pero… sólo lo hemos logrado 4 veces en Series Mundiales, 1940, 1952, 1972 y 1976, con tres diferentes generaciones de peloteros.Se pueden agregar otras dos veces: aquella del 72 en el Torneo de la Amistad y la lograda en Barcelona 91 sobre el equipo B antillano.

Nunca hemos podido vencer a Cuba en Copas Intercontinentales, Juegos Panamericanos y Centroamericanos y del Caribe. Es decir, que 67 años después de aquellas trepidantes batallas ofrecidas en 1935, regresaremos al mismo sitio, San Salvador, en busca de una victoria sobre la transformada Selección de Cuba.

Y HAY MÁS QUE MOSTRAR

Otra prueba de lo discreto que ha sido el nivel de nuestra pelota, es que pese a que organizamos un béisbol profesional de alto nivel entre 1956 y 1967, no podemos reunir a lo largo de ese trayecto, un auténtico All Star pinolero.

Que a lo largo de 11 años, no hayamos podido confeccionar una novena ideal, con peloteros de indiscutida brillantez, indica claramente, los permanentes problemas de producción que ha enfrentado el béisbol nacional.

Cierto, contamos con Rigo Mena, Duncan Campbell, Willie Hooker, René Paredes, Octavio Abea, pero no llegamos a nueve. Es más, resultó doloroso, que algunos equipos presentaban a 6 extranjeros, 2 nacionalizados y apenas un nicaragüense auténtico como diría Otto de la Rocha.

OTRA ESTOCADA

Todos sabíamos que después de la famosa reunión de Lausana, en Suiza, abriéndo las puertas a los profesionales, nuestras dificultades serían mayores.Mientras estaba en Sydney, comprobando el crecimiento de Australia, viendo a Holanda derrotar a Cuba, disfrutando del pitcheo de Ben Sheets sujetando la furia de los cubanos, y sintiéndome electrizado por equipos como Japón y Corea, no me quedó la menor duda, que en torneos de ese nivel, no podríamos meter las narices, más que en algún rapto de inspiración.

En Winnipeg, la Selección realizó un esfuerzo gigantesco y nos emocionó, pero ¿cuántas veces podría tener éxito David frente a Goliath? Amigos, quedemos claros, no somos más que eso, que lo que hemos mostrado en tantos eventos.Sin inversión, sin una asistencia técnica que resulta altamente costosa, sin un plan de desarrollo que no puede planearse y ejecutarse con los bolsillos vacíos, seguiremos viendo rebotar nuestras esperanzas contra las rocas.

Y es que nos han obligado a resignarnos dramáticamente.Construir una Selección de alto nivel, es tan improbable en nuestro béisbol como tener a un ganador de Premio Nóbel, o proponer un puente como el Golden Gate, o una Pirámide como la Keops.

Ni más, ni menos.

LO MEJOR

Si tratamos de elaborar no un ranking, sino una lista de lo mejor que ha producido nuestro béisbol en más de un siglo, podríamos desembocar en lo siguiente, sujeto por supuesto a discusiones:

1) La organización de 5 Series Mundiales enloqueciendo al país, destacando con un resplandor inextinguible, la de 1972.

2) La proyección de 8 peloteros nicaragüenses hacia el mejor béisbol del mundo, jefeados por ese súper-pitcher que fue Denis Martínez, el más grande orgullo de nuestra pelota.

3) La calidad y la emoción que nos proporcionó el Béisbol Profesional a lo largo de 11 años.

4) Las seis victorias sobre el trabuco cubano. Permanecen en nuestro memoria como talladas en mármol por el cincel de Miguel Ángel, o de Rodin.

5) Las actuaciones de la Selección en los Mundiales de 47, 72, 74, 76 y 90.

6) La medalla de plata obtenida por la Selección en los Panamericanos de Caracas en 1983 superando a uno de los mejores equipos que ha presentado EE.UU.

Y tengo que colocar en párrafo aparte, el impacto Padilla, que este año, superó cualquier tipo de expectativas.  

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