Carlos René Ramí[email protected]
Los que robaron y quebraron el Banco Nacional, que todos sabemos quienes fueron, y quedaron ricos e impunes porque nunca siquiera publicaron sus nombres, son los culpables de la decisión de los organismos internacionales: FMI, BID y Banco Mundial, que no debía existir más institución alguna que financiara directamente a los pequeños productores agropecuarios, como si éstos fueran los que robaron al Banco Nacional. El pequeño agricultor ha sido tradicionalmente el mejor pagador que ha tenido este país. En la época de oro y cuando se financiaba directamente al campesino, éste en garantía y a solicitud del banco, dejaba en las agencias su escritura de derecho real como garantía por el dinero recibido en préstamo y además de respetar esta garantía simbólica, mantenía un respeto profundo por el resguardo de la prenda agraria y al vender su cosecha casi siempre al INCEI, al estar pignorada la cosecha al banco, emitía el cheque a favor de éste. Las recuperaciones eran hasta de un 98 por ciento anual y el campesino progresaba como lo evidenció el BID, pues 4,280 pequeños agricultores fueron promovidos al crédito bancario y habían aumentado en pocos años sus ingresos y su capital.
En muchas ocasiones que hemos visitado comunidades rurales alejadas de la capital y nos hemos reunido con agricultores y pequeños ganaderos, añoran los beneficios que les brindaba el crédito rural del Banco Nacional con asistencia técnica, intereses bajos, oficinas ubicadas en sus lugares y apoyo en la comercialización. Nos han expresado que ellos no tienen culpa en la quiebra del banco, que se lo robaron los políticos de los regímenes sandinista y el de Lacayo, los que manejaron dicha institución pues otorgaban los créditos, pedían comisiones y no gestionaban la recuperación. Siguen diciendo los campesinos que ellos están sufriendo las consecuencias de la extinción del Banco, pues al cerrarlo proliferaron los organismos que dicen ser “sin fines de lucro”, pero que los revientan con intereses de usura, no les dan asistencia técnica, les cobran altos honorarios legales, obteniendo pingües ganancias que les permiten a sus directivos celebrar a fin de año sus “éxitos”, sesionando sus Juntas Directivas en los famosos balnearios mexicanos, y quienes les proveen sus utilidades son los pequeños comerciantes, artesanos, industriales y agricultores.
Si se hiciera una encuesta, se establecería que es sumamente difícil al pobre y necesitado “levantar cabeza” usando créditos con altos intereses, más el cobro de comisiones, elevados honorarios legales, cobro de manejo y supervisión de crédito etc. llegando a pagar hasta más del 30 por ciento anual. Los ladrones del Banco andan tranquilos, felices, con plata, con apellidos, y el que está “pagando el pato”, es el pobre campesino que nadie le quiere dar para sembrar sus frijolitos etc. porque dicen que esos cultivos son muy arriesgados, pero para otros rubros le dan con hipoteca y con una “amistosa” usura. El pobre está pagando “justo por pecador”. Si los del FMI dieran una vueltecita por el área rural y platicaran con los pobres del campo, tal vez comprendieran que se puede ser más flexible con este sector, sobre todo cuando con gran esfuerzo y sin ayuda de nadie los que menos tienen se juntan en asociaciones y cooperativas que realmente no persiguen el lucro y quieren salir adelante para mejorar principalmente el nivel de vida futura de sus hijos.
El autor es consultor.