- La participación de la mujer en la producción de alimentos exige acciones para ser sujetas de políticas agrícolas
Adolfo Olivas OlivasCorresponsal/ESTELÍ[email protected]
Un estudio del “Grupo Interinstitucional Género y Agricultura” (Giiga), demostró que las mujeres rurales aportan más del 56 por ciento del costo en la producción de alimentos de sus familias, sin embargo continúan siendo ignoradas en las estadísticas económicas del país.
El estudio sobre el aporte de las mujeres a la producción de alimentos para sus familias y el nivel local, tuvo como finalidad visibilizar el rol de las campesinas en las actividades productivas en comunidades de los municipios de Totogalpa (Madriz), San Dionisio (Matagalpa), Villa Nueva (Chinandega), Nindirí (Masaya) y Estelí (Estelí).
Las familias participantes en el estudio cuentan con sistemas de producción que se caracteriza por una combinación de subsistemas productivos, siendo los más comunes el cultivo de granos básicos (maíz y frijoles), hortalizas, frutales, ganado mayor y menor, plantas medicinales y aromáticas (hierbabuena, cilantro y otras).
La actividad productiva de las mujeres genera una variedad de cultivos de manera sostenida durante todo el año, como la producción de pipianes, ayotes, camotes, chiltomas, cebollas, plátanos, maracuyá, limones, naranjas, entre otros, a diferencia de los hombres que es estacional y concentrado en el maíz, frijoles y sorgo.
“Aportar más en relación a sus compañeros, se explica por la diversidad de productos que manejan las mujeres, lo cual permite que exista una producción regularmente sostenida durante el año, pese a la poca área de tierra que ellas manejan directamente”, indica el estudio de Giiga.
LAS MÁS CAPACITADAS
Los investigadores descubrieron que las mujeres del estudio han recibido casi el triple de capacitaciones que sus esposos e hijos, sobre asuntos relacionados al control de plagas, conservación de suelos, establecimiento de huertos, elaboración de aboneras, concentrados para alimentación animal y sanidad animal, combinados con temas de autoestima y género.
Las mujeres investigadas consideran que han mejorado, en la medida que aplican los conocimientos aprendidos en sus propias parcelas, sembrando hortalizas y frutales, en labranza mínima, sacándole utilidad a las barreras productivas de gandul para consumo humano, en la elaboración de concentrado casero o bien usando el abono de lombriz en los cultivos y empleando tecnologías de manejo integrado de plagas (Mip).
La investigación considera que “en definitiva las mujeres hacen y tienen potencialmente muchas posibilidades de contribuir de manera extraordinaria a la producción de alimentos, más de lo que hacen actualmente, dada la diversidad de productos que colocan en sus patios en comparación con sus compañeros o esposos que se concentran en el cultivo de uno o cuatro productos (maíz, frijoles, sorgo y ajonjolí)”.
RECOMENDACIONES
El estudio recomienda que se deben de realizar acciones que contribuyan a revelar el protagonismo de las mujeres en las actividades productivas, mediante la definición de un plan para incidir en sectores sensibles.
Así como apoyar a las mujeres productoras a través de programas o proyectos de estímulo que incluya la adquisición de la tierra cultivable, asistencia técnica, capacitación y asesoría para la comercialización de sus productos.
De igual forma, incorporar a las mujeres rurales en procesos que se promueven desde las organizaciones no gubernamentales como por ejemplo, el ordenamiento de fincas y elaboración de planes productivos de sus fincas facilitando la asesoría técnica individual y grupal.