Aracelly Díaz come en el patio de su casa ayudada con su pie derecho.

Nació sin brazos, pero se auxilia con su pie derecho

El padre de una niña de seis años, que nació sin sus brazos, quisiera conseguirle una prótesis para que pueda escribir y comer La mejilla derecha de Aracelly Díaz aún exhibe la marca redonda y rosada de su última caída. Jugando en el patio de su casa tropezó y, por falta de brazos para detenerse, […]

  • El padre de una niña de seis años, que nació sin sus brazos, quisiera conseguirle una prótesis para que pueda escribir y comer

La mejilla derecha de Aracelly Díaz aún exhibe la marca redonda y rosada de su última caída. Jugando en el patio de su casa tropezó y, por falta de brazos para detenerse, estrelló su rostro contra el suelo.

No se trata del primer golpe que Díaz recibe a sus seis años. Su papá Erving Díaz dice que ha habido otras caídas tan duras, que él no ha evitado llorar con ella.

Además de candidata a llevar moretones en el rostro, la ausencia de sus extremidades superiores ha puesto otros límites a su breve existencia.

Como el actor Daniel Day-Lewis, que en la película “Mi pie izquierdo” encarna a un discapacitado que comía y pintaba, entre otras cosas, con ese miembro, Aracelly se auxilia de su pie derecho para hacerse casi las mismas cosas.

Su papá dice que a la niña no le gusta que le hagan todo. “Desde pequeñita ha querido hacerse las cosas solita”, dice. Y es con su pie derecho que agarra la cuchara, la llena en el plato de comida que sus padres le ponen entre las piernas, y con la agilidad de una contorsionista, que pareciera que atravesará el pie tras su cuello, da el bocado. Su papá dice que la comida no se le cae.

Al padre le preocupa que en la medida en que su hija crezca tendrá menos facilidad para acercarse el pie a la boca. “Yo he visto que a la gente que es así le ponen unos ganchos en los brazos” para que hagan algunas cosas, razona.

Con el mismo pie entrelaza un lápiz y pinta la letra O. Y como una niña, de un preescolar regular, hace otros garabatos en el papel, según cuenta su papá. “Esta niña es muy viva. Se sabe las vocales y conoce los números”, explica.

Aunque la pequeñez de sus extremidades, en apariencia no la tocó el cerebro, sí le afectó la lengua y las orejas. Estas últimas se ven tan chiquitas como las de una muñeca.

A pesar que su lengua no está a la altura de su boca, Aracelly pronuncia algunas palabras. “Mamá”, “papá”, “agua” y “pecho” por decir peso, el resto de cosas las dice con gestos.

TEMOR A QUE LE HAGAN MALDADES

Por estos progresos, su papá quisiera enviarla a la escuela, pero ha desistido por miedo a “que le hagan alguna maldad” el resto de niños que vive en Los Martínez, comunidad que está contiguo a Las Flores.

Díaz dice que hasta se ha peleado con otros en la comunidad que han osado burlarse de su hija. Recuerda que hace como dos años se trenzó a golpes con otro por haberse reído de su niña.

En la casa de tablas blancas de Aracelly duermen dos niños más: su hermana Carolina de ocho años y un hermano de 10 meses. El cuadro lo completan su papá y su mamá, Rosa Calero, quien madruga todos los días hasta el capitalino Mercado Oriental. El oficio de Erving Díaz, en cambio, es el de ayudante de albañilería.

Aunque quisieran, con los ingresos que reúnen no podrían costear una prótesis para su segunda hija, que tendría que cambiarla casi cada año, por su crecimiento.  

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