Anita Rojas.

Una mujer de empeño

María Antonia López M. [email protected] Una mujer de empeño. Pareciera que su meta es no quedarse sumergida entre una gran cantidad de productos, que si bien le ayudan a sobrevivir en estos tiempos tan difíciles, no eran precisamente su meta principal, sino que fue provocado por las circunstancias de una coyuntura nacional. Anita Rojas, tiene […]

María Antonia López M. [email protected]

Una mujer de empeño. Pareciera que su meta es no quedarse sumergida entre una gran cantidad de productos, que si bien le ayudan a sobrevivir en estos tiempos tan difíciles, no eran precisamente su meta principal, sino que fue provocado por las circunstancias de una coyuntura nacional.

Anita Rojas, tiene un tramo en el Mercado Roberto Huembes, mismo que fue montado luego de entrar a un programa de compactación gubernamental en los años ochenta.

Inició con la venta de productos perecederos, al poco tiempo se dio cuenta que esto le generaba pérdidas porque si no vendía se descomponían, por ello se decidió por los abarrotes.

Ya acumula 15 años de estar en la misma actividad, aunque en los primeros años, con el ánimo de no quedarse atrás y aunque ya había concluido su secretariado ejecutivo, decidió ingresar a la universidad a estudiar la carrera de economía, llegando hasta el tercer año.

Por aquellas tuerces del destino, se quebró un pie, descontinuando sus estudios universitarios, hasta que decidió retirarse por completo.

“Ahora me arrepiento, mi meta era terminar mi carrera y trabajar en mi ramo, pero no seguí, tenía un niño, salía noche de clases y no tenía quién me lo cuidara, decidí estabilizarme aquí y me dije voy a ver cómo hago más adelante, pero la vida del mercado es dura y difícil, no hay descanso”, relató.

NO TODO HA SIDO NEGRO

Pero no todo ha sido frustrante, los conocimientos adquiridos durante los años de estudio le han servido para administrar bien su negocio y darse la oportunidad de no tener que depender de bancos o microfinancieras para abastecerse.

Ha decidido establecer una relación con proveedores que le dan crédito, a quienes cumple a cabalidad con sus pagos. “Yo he visto tanta gente que no se sabe administrar, yo trato de economizar al máximo”, asegura.

Pero también ahora su esposo le ayuda, no sólo en los días que no trabaja, sino convirtiendo a sus compañeros en clientes a quienes les dan crédito con la seguridad de recibir la paga quince días después.

Se enorgullece no sólo de su esfuerzo, también el de su hijo mayor quien resultó ser un estudiante que ha recibido promociones en su puesto de trabajo y al final concluirá una licenciatura en administración de empresas.

Su otro hijo demanda más atención, y necesita una empujadita para que pueda ser un hombre de futuro. Sin embargo, la meta de Anita Rojas es dejar atrás el tramo.

Ella cree que puede entrar con un trabajo regular en una fábrica de régimen de zonas francas, estudiar belleza o costura, alguna actividad que le dé chance de reducir sus horas de trabajo, pero sin dejar de tener un ingreso seguro, aunque “si tuviera la oportunidad de encontrar una beca para estudiar derecho, yo la agarraría”, concluye sonriente.  

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